De intérprete de Castro a carmelita de clausura en las Alquerías

Segorbe-Castellón Hna Carmen ZamoraLa hermana Carmen Zamora (1959, La Habana, Cuba) recorrió el bloque soviético como intérprete del régimen castrista. A raíz de la represión de los años 60, se exilió a Estados Unidos y allí su vida dio un giro de 180 grados, hasta convertirse en carmelita de clausura en las Alquerías del Niño Perdido. El próximo 1 de noviembre hará su profesión solemne, justo al inicio del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús.

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“Me habían bautizado por la fe de mis abuelos y padres, pero al nacer el año de la revolución, crecí alejada de la Iglesia y de la fe. Estudió lenguas, y trabajé como intérprete de ruso con numerosos viajes por el bloque soviético. Sin embargo, a los 34 años salimos de Cuba buscando libertad después de haber recibido una educación marxista-leninista, porque de adulto ya vi que esta filosofía no respondía a mi corazón.

En 1964 se empezaron a dar movimientos de protesta de la gente y el colofón fue cuando un grupo de personas robaron una lancha en pleno día, y la policía la hundió a la vista de todos. A raíz de este acontecimiento hubieron muchas manifestaciones y Fidel Castro dijo que se podía ir quien quisiera.

Al ver el éxodo masivo, EUA cerró las fronteras, pero por parte de Cuba se empezaron a expedir visados que hacía años que estaban parados. Ese fue el caso de mi madre. Hacía 20 años que lo había solicitado solo para ella, pero además no teníamos dinero para el viaje. Justo en ese momento me contactó de nuevo un amigo del que hacía cinco años que no tenía noticias. Me escribió diciendo que me ayudaba a salir y consiguió que la embajada de EUA aceptara el visado para mi madre y la familia. Por eso digo que fue un milagro. Se fueron abriendo los caminos uno detrás de otro, y en solo tres meses se hizo todo y pudimos viajar.

Nueva vida en New Jersey

Salí pensando que encontraría las ansias de libertad que buscaba. Pero los primeros meses en EUA me daba la sensación de tener enfrente un monstruo que quería devorarme. Me habían dicho que la gente era muy individualista y materialista. Sin embargo al llegar a Nueva Jersey nos acogió una familia que no conocíamos de nada, y me empezó a encaminar hacia una nueva vida, y empezamos a construir nuestra vida en EUA.

Era gente muy religiosa y con ellos empecé a descubrir una parte de la vida que no conocía, que me sobrepasaba y que representaba que no tenía que contar solo conmigo. Me abrieron la puerta de la fe y poco a poco Jesucristo me fue atrayendo, Él, que era una persona desconocida para mí.

Ahora veo que Dios siempre estuvo conmigo. A pesar de un sistema que te forma la mente, llegué a decir que no a todo este sistema y empecé a buscar alternativas. Ya en la universidad me impactó mucho el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. Aunque lo estudiamos solo como literatura, me cuestionó y se convirtió en una duda que te empieza a conmover y siempre vuelve: ¿será?. Como dice Santa Edith Stein, “Quien busca la verdad, encuentra a Dios”.

Lo que más me atrajo fue ver la diferencia de vida de las personas que vivían la fe y en la Iglesia. La diferencia es grandísima por la alegría, la capacidad de relativizar las dificultades. En Cuba las dificultades te endurecen, quizás como mecanismo de defensa, y al ver esta otra manera de vivir en las personas me pregunté ¿Qué es esto? Creo que Jesucristo me dijo “Déjate de las boterías”, y me fue atrayendo por el amor, la compasión la solidaridad… que no había otra razón de vivir que en Cristo.

Empecé a asistir a la Iglesia. Más tarde  me trasladé a Florida, y seguía asistiendo a misa en la parroquia de San Pedro. Ahí había un sacerdote coadjutor español, el padre Cales Mundet, que al final de una celebración pidió ayuda para las diversas actividades de la parroquia (habían 15 bautismos a la semana, más de mil personas en la eucaristía dominical…). Me ofrecí y comencé a ayudar en la organización de los bautizos y las confirmaciones… aunque no estaba confirmada! Tenía entonces 45 años.

“Esto no es lo que necesitas”

Trabajaba en una ONG evangélica que ayudaba a niños pobres en Haití. Lo veía útil pero en mi había algo más… Me daba cuenta que la gente con la que trabajábamos se acercaba buscando comida, ropa o medicinas, pero no a Dios. ¿Cómo se podía convertir esta entrega material en otra cosa? Así me fui inclinando hacia la vida contemplativa.

Un día, me acuerdo perfectamente, conducía volviendo del trabajo a casa, cuando me pregunté “¿Qué hago yo en esta vida?”. Entonces algo me dijo claramente: “Esto no es lo que necesitas; lo que necesitas es una vida entregada totalmente a Dios”.

A partir de ese momento me inscribí en una página de internet que pone en contacto las personas con inquietudes religiosas con todas las congregaciones y órdenes de EEUU. El día siguiente tenía en mi correo 300 respuestas: clarisas, dominicas… de todas partes del país. Estuve en contacto con unas carmelitas de San Francisco, pero me quedaba muy lejos. Después hice una experiencia con otras carmelitas que fundaban en Louisana.

Este acercamiento me hizo caer en la cuenta que en la relación que tenía con Dios le hablo en español. Me daba cuenta que si escogía este camino iba a ser un cambio radical en mi vida, y que si además añadía el convivir con gente de costumbres diferentes y en otra lengua, podía ser demasiado. Entonces decidí buscar comunidades en América Latina, pero por los límites de edad que ponían me desanimé un poco.

Un mail de las Alquerías

Fue entonces cuando volvía contactar con el P.Carlos, que había regresado a España. Él me aconsejó buscar aquí, y fue así que contacté con la Federación de Aragón y Valencia de las carmelitas descalzas. Escribí, y la única comunidad que me respondió fue la de las Alquerías. Fue en 2007. Durante un año nos estuvimos comunicando y en julio de 2008 vine para una visita de tres días. Al salir, sabía que éste era mi lugar, y en febrero de 2009 ingresé definitivamente.

Es difícil de explicar porqué; Es más que un pensamiento o un sentimiento, es una certeza. Entrar en un lugar y saber que estás en casa. También me dije que si quiero obedecer la voluntad de Dios y él me trae aquí, yo sigo.

De santa Teresa me atrae en primer lugar su valentía. Fue una mujer valiente que no dudó en cambiar su vida, aunque la vida de religiosa que llevaba fuera cómo para ella. Se arrojó a cambiar con un riesgo enorme, pero contando con la ayuda de Dios. En segundo lugar me atrae muchísimo de ella que es una mujer en mayúscula, que supo conjugar en la época que le tocó vivir el poco valor que se daba a las mujeres con la voluntad de hacer algo frente a los “hombres barbudos”, como los llamaba. Y en tercer lugar, pero es lo fundamental, su relación especial con Jesús, hombre histórico pero presente.

Todo el camino que he recorrido hasta este momento me ha ayudado a ver que cuando me descoloco a mi misma del centro, entonces soy más feliz y, también, me preocupo y me intereso más por los demás y sus necesidades. En todo esto Teresa es una maestra formidable, porque a pesar de haber sufrido grandes dificultades o contratiempos, nunca tuvo una palabra de queja, vituperio, sino que supo manejarlas con elegancia, paciencia y apertura al diferente”.

(Diócesis de Segorbe- Castellón)

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