El cardenal Don Antonio Mª Rouco Varela se despide tras 20 años de obispado en la Diócesis de Madrid.

despedida_roucoEl pasado sábado 11 de octubre tuvo lugar en la Catedral de la Almudena de Madrid la Eucaristía de despedida del cardenal D. Antonio  Mª Rouco Varela, tras la cual dio por finalizada su etapa como Obispo de Madrid tras 20 años de servicio pastoral de la Diócesis de Madrid. Hasta el 25 de octubre seguirá como administrador apostólico día en el que tomará posesión su sucesor, Carlos Osoro.

Comenzó su homilía recordando que precisamente el próximo 22 de octubre se cumplirían 20 años de su obispado: «Venía de Santiago de Compostela, en donde había ejercido el ministerio episcopal durante 18 años»,  y continuó destacando que  «quería responder en Madrid a la llamada del Señor en aquel momento crítico de la historia contemporánea de la Iglesia y del mundo». Quiso recordar también su primer encuentro con el Papa Juan Pablo II en Santiago de Compostela en 1982 y la celebración en el mismo lugar de su primera  Jornada mundial de la Juventud en 1989.

El cardenal, hizo un llamamiento a proteger el «derecho a la vida desde que es concebido en el vientre de su madre» y el matrimonio «como una comunidad indisoluble de vida y de amor fecundo en el fruto precioso de los hijos». Agradecío la labor de los misioneros y en especial a la labor fundamental de Cáritas Diocesana por ayudar a aliviar «la pobreza y el dolor de muchos necesitados espiritual y materialmente». Quiso alentar a los fieles de Madrid que anteel próximo futuro” en el que “se van a poner a prueba la firmeza y la claridad de nuestra fe en Cristo (…) no debemos arredrarnos ni retroceder en nuestra misión de ser testigos valientes de Jesucristo”.

Además de los fieles asistentes, le acompañaron Renzo Fratini, el arzobispo castrense, Juan del Río; el obispo de Astorga, Camilo Lorenzo, y el nuncio en Kazajistán, el madrileño Miguel Maury. Estuvieron presentes autoridades como el presidente regional, Ignacio González; el presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay; el presidente de la Asamblea de Madrid, Ignacio Echevarría; la alcaldesa de la capital, Ana Botella; el exalcalde y exministro Alberto Ruiz Gallardón; los consejeros regionales Javier Rodríguez y Pablo Cavero, así como diversos concejales de distrito y delegados de Área en el Ayuntamiento de Madrid.

Al finalizar el acto monseñor el obispo auxiliar Fidel Herráez, en nombre de la comunidad diocesana, dio al cardenal Rouco las gracias «por su entrega pastoral, a lo largo de estos veinte años, para conducirnos a la comunión con Jesucristo, desde donde nos llega persistente y comprometido el envío a anunciar el Evangelio». Destacó, también, los dos ejes programáticos de su pontificado: comunión y misión y concluyó pidiendo a Dios «que queden acuñados en el corazón de la diócesis».

Comunión y gratitud

Palabras de Mons. Herráez al final de la Eucaristía

Querido Sr. Cardenal:

Acabamos de celebrar esta  Eucaristía, que ha presidido usted acompañado por varios hermanos Obispos, el Presbiterio diocesano, Institutos de vida Consagrada, Asociaciones y movimientos apostólicos, fieles de las comunidades parroquiales, familiares y amigos,  convocados todos  para poner hoy ante el Señor  la más sentida  y honda acción de gracias.

Vivimos siempre la  Eucaristía como misterio de comunión y fuente de misión. Y al hacerlo en esta ocasión hemos querido recapitular lo que ha sido su entrega e impulso evangelizador entre nosotros.

Cuando llegó a Madrid hace 20 años, nos traía una llamada que había alentado su ministerio, que resonaba en su corazón de pastor y era la leyenda grabada en su escudo episcopal : “In Ecclessiae communione “. Y desde la primera carta pastoral nos invitó a caminar con generosidad y  audacia para eso, para “Evangelizar en la comunión de la Iglesia”.

La comunión en la Iglesia, antes de ser una tarea es don de Dios que recibimos y que se fortalece en la Eucaristía. El Espíritu Santo nos conduce al conocimiento de Jesucristo, que es la Verdad; nos une a Él como los sarmientos a la vid; nos hace   una misma cosa con Él; miembros de su cuerpo, diferentes pero trabados en una misma gracia, en una misma fe, en una misma misión.

Unidos en la Eucaristía al Enviado del Padre, quedamos convertidos también nosotros en enviados para anunciar el Evangelio. La comunión con la verdad que nos ilumina y nos libera, aviva en nosotros el deseo de comunicarla y nos lleva a la misión. Así nos lo recuerda usted en su última carta pastoral: “Comunión misionera, gozo del evangelio».

Comunión y misión, dos aspectos programáticos de su labor que, como respuesta fiel y agradecida, pedimos a Dios que queden acuñados en el corazón de la diócesis, en esta Eucaristía. Ahora, como signo de esta gratitud,  queremos ofrecerle un cáliz y una patena. Nos gustaría que estos vasos sagrados le recordaran siempre  nuestro reconocimiento por su entrega pastoral, a lo largo de estos veinte años, para conducirnos a la comunión con Jesucristo, desde donde nos llega persistente y comprometido el envío a anunciar el Evangelio.  Llevan una sencilla grabación que expresa el agradecimiento de la comunidad diocesana. Al tiempo que repetimos la oración del salmo 115, “¿Como pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación invocando su nombre”. Qué  Él le bendiga y que Ntra. Señora de la Almudena, patrona de nuestra Villa,  guíe y acompañe siempre sus pasos por los caminos de la paz.

Madrid, 11 de octubre, 2014

 

 

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