Dad razón de vuestra fe

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella       En la primera carta del apóstol san Pedro se nos dice: “Dad culto al Señor en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza. Pero hacedlo con dulzura y respeto. Mantened una buena conciencia, para que aquello mismo que os echen en cara, sirva de confusión a quienes critiquen vuestra buena conducta en Cristo. Pues vale más padecer por obrar bien, si esa es la voluntad de Dios, que por obrar mal” .

La frase “estar dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” si la tradujésemos directamente del griego quedaría así: “estar siempre prestos para la defensa (justificación, respuesta) a todo el que os pida razón acerca de la esperanza que hay en vosotros”. No se trataría de dar una mera información de lo que creemos, de lo que sostiene nuestra esperanza, sino de demostrar que la esperanza que tenemos en el Señor resiste a cualquier amenaza, tal como se lee en la carta de san Pablo a los Romanos: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿el hambre?, ¿los peligros?, ¿la espada? […] Esto seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni lo presente, ni lo futuro, ni criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” . Sería demostrar a todos que la esperanza fundamentada en Cristo el Señor ayuda a resistir y da una fuerza capaz de renunciar a todo por amar a Cristo. Eso es lo que descubrimos en la vida de los mártires cristianos. Nada ni nadie los hace renunciar de su fe, aún sabiendo que van a padecer atroces tormentos. Su fe está sólidamente arraigada en Cristo. Saben que Él no les abandonará y les dará fuerza para resistir a todos los sufrimientos y tentaciones.

Y esa manera de mostrar la razón de la esperanza, de la fe cristiana, se hace de una determinada manera: “con dulzura, con paciencia y con gran respeto”.
Los cristianos no entramos al juego de la provocación mutua del mal. Nuestra manera de responder es con el testimonio de nuestra vida. La calidad moral de nuestra vida desenmascara las acusaciones injustas que nos puedan hacer. Sí, el estilo de vida, el estilo de nuestra auto-presentación, incluso con palabras, pero nunca con ataques, son el verdadero argumento a favor o en contra de nuestra esperanza.

Ante los ataques y reproches que se nos puedan lanzar a los cristianos, el apóstol san Pedro anima a que esos ataques sean la ocasión de poder dar testimonio de nuestra fe, de nuestra gozosa esperanza.

Algunos podrán pensar que eso es cobardía y dejar el terrenos para que se adueñen de él los malos, quienes atacan y difaman, pero no podemos olvidar que la “violencia siempre engendra violencia” y que “sólo el amor es generador de paz y es capaz de construir una civilización nueva”.
Que el Señor nos conceda vivir en coherencia con nuestra fe y saber dar siempre prestos a dar razón de nuestra esperanza. Y que sepamos darla con valentía y humildad.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.