Segundo aniversario de la proclamación de San Juan de Ávila Doctor de la Iglesia

San Juan de Avila logoCon ocasión de haberse celebrado el segundo aniversario de la proclamación del santo Maestro Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia Universal, que aconteció en la Plaza de San Pedro, el domingo 7 de octubre de 2012 en una ceremonia presidida por Benedicto XVI,  en estos días su página en internet incorpora distintos artículos recogidos en la publicación Entre todos, Juan de Ávila., editado por la BAC (Madrid 2011). El libro es una obra de colaboración nacida del reconocimiento, el afecto, la admiración e incluso del seguimiento del Maestro Ávila.

Por su parte, los Obispos españoles, reunidos en su XCIX Asamblea Plenaria, publicaron un Mensaje con motivo de la Declaración de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia Universal, “Sepan todos que nuestro Dios es Amor”, en el que se repasaban sus Rasgos biográficos y la Originalidad y actualidad de un Maestro.

Rasgos biográficos

Messor eram (Fui segador). El epitafio que aparece en su sepulcro refleja a la perfección quién fue San Juan de Ávila: un predicador que siempre ponía en el centro de su mensaje a Cristo Crucificado y que buscaba con sus palabras, sencillas y profundas, tocar el corazón y mover a la conversión de quien le estaba escuchando.

Juan de Ávila nació en 1499 ó 1500 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), donde creció y se formó en un ambiente cristiano. Estudió Leyes en la Universidad de Salamanca y Artes y Teología en la de Alcalá. Fue ordenado sacerdote en 1526. Celebró su primera misa solemne en su pueblo natal y lo festejó invitando a los pobres a su mesa y repartiendo entre ellos su cuantiosa herencia.

Cuando estaba a punto de embarcar para irse a América, el Arzobispo de Sevilla cambió sus planes. Éste quedó encantando con su actividad evangelizadora y le pidió que se  quedase a ejercer el ministerio en España. Juan de Ávila recorrió pueblos y ciudades de  Andalucía, La Mancha y Extremadura. Residió en Granada, donde ya figura con el título de Maestro; y permaneció durante los últimos quince años de su vida en Córdoba, diócesis de la que fue presbítero. Murió en Montilla, el 10 de mayo de 1569. Allí se veneran sus reliquias en el Santuario que lleva su nombre.

San Juan de Ávila fue un gran conocedor de la Sagrada Escritura. Sobre él se decía que si, por desgracia, la Biblia se llegara a perder, él solo la restituiría a la Iglesia, porque se la sabía de memoria. Y fue también un gran escritor. Entre sus libros principales se encuentra el tratado de vida espiritual Audi, filia, que comenzó a escribir cuando estuvo recluido en la cárcel inquisitorial de Sevilla, debido a acusaciones infundadas de las que salió completamente absuelto. Además, entre otras obras, escribió el Tratado del amor de Dios, el Tratado sobre el Sacerdocio, la Doctrina Cristiana (un Catecismo que podría ser recitado y cantado), dos importantes Memoriales que tuvieron notoria influencia en el Concilio de Trento, las Advertencias al Concilio de Toledo, numerosos Sermones, Pláticas espirituales y un espléndido Epistolario.

Originalidad y actualidad de un Maestro

La originalidad del Maestro Ávila se halla en su constante referencia a la Palabra de  Dios; en su consistente y actualizado saber teológico; en la seguridad de su enseñanza y en el cabal conocimiento de los Padres, de los santos y de los grandes teólogos.

Gozó del particular carisma de sabiduría, fruto del Espíritu Santo, y convencido de la llamada a la santidad de todos los fieles del pueblo de Dios, promovió las distintas vocaciones en la Iglesia: laicales, a la vida consagrada y al sacerdocio.

Desprendido, generoso y, sobre todo, enamorado de Dios, vivió desposeído de los  bienes materiales, pero con el corazón lleno de fe y de entusiasmo evangelizador,  dedicado por entero a la oración, al estudio, a la predicación y a la formación de los  pastores del pueblo de Dios. Para ello fundó una quincena de colegios, precedentes de  los actuales Seminarios, y la universidad de Baeza (Jaén).

En sus discípulos dejó una profunda huella por su amor al sacerdocio y su entrega total y desinteresada al servicio de la Iglesia. Centrado en el que el llamaba “el beneficio de Cristo”, podemos calificarlo como el Doctor del amor de Dios a los hombres en Cristo Jesús; el maestro y el místico del beneficio de la redención. Estas son sus palabras: “Grande misericordia y grande favor fue sacarnos de las miserias y del captiverio en que estábamos, y sacarnos para hacernos no siervos, sino hijos”.

Fue Maestro y testigo de vida cristiana; contemporáneo de un buen número de santos que encontraron en él amistad, consejo y acompañamiento espiritual como, por ejemplo, San Ignacio de Loyola, San Juan de Dios, San Francisco de Borja, San Juan de Ribera, San Juan de la Cruz, San Pedro de Alcántara, Santo Tomás de Villanueva, o la misma Santa Teresa de Jesús.

Santa Misa para la Apertura del Sínodo de los Obispos y proclamación como Doctores de la Iglesia de San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen

(Plaza de San Pedro, Domingo 7 de octubre de 2012)  vamos a ir subiendo algunos artículos de: Entre todos, Juan de Ávila. BAC, Madrid 2011. Una obra de colaboración nacida del reconocimiento, el afecto, la admiración e incluso del seguimiento del Maestro Ávila.

(San Juan de Ávila)

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