La memoria de Santa Teresa entre nosotros

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     Como, seguramente, ya sabéis, el papa Francisco ha concedido la gracia de Año Jubilar Teresiano para todas las diócesis de España. Desde ahora (el día 15 de octubre de 2014), hasta el 15 de octubre de 2015, con el fin de celebrar con solemnidad el V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús.

No resulta desconocida la persona de santa Teresa en nuestra tierra, pues la Iglesia que peregrina en Ciudad Real ha mantenido viva su memoria desde que, en vida, fundara el Monasterio de las Madres Carmelitas en Malagón, en 1568, que fue el tercero fundado por ella misma; después de su muerte en 1582, se fundó el Monasterio de Ciudad Real en 1596, y, en 1599, el Monasterio de Daimiel.

Menos conocida es la relación epistolar que mantuvo san Juan de Ávila con santa Teresa. De sus cartas recojo este párrafo que nos ayudará, sin duda, a valorar el Año Jubilar Teresiano. Dice así:
«La gracia del Espíritu Santo sea con vuestra merced siempre. Sea en buen hora la venida a estas tierras, pues confío de nuestro Señor que ha de ser para que El reciba mayor servicio de esa peregrinación que del encerramiento en la celda; que, cierto, señora, la necesidad que en las ánimas hay es tanta, que hace a los que un poco de conocimiento tienen del valor de ellas apartarse de los abrazos continuos del Señor por ganarle ánimas donde repose, pues tanto trabajó por ellas. Plega a su misericordia haga a vuestra merced ministro para recoger su preciosísima sangre, que por las ánimas derramó, porque no se pierda en ellas, sino las riegue y haga dar fruto, que el Señor coma con gusto y sabor» (Montilla, 2 abril 1568).
De nuevo, después de casi 500 años, nuestra Iglesia acoge a santa Teresa como ministro, según el deseo de san Juan de Ávila, (nuestro santo de Almodóvar), que nos ayude a dejarnos regar con la Sangre de Cristo para que podamos dar fruto abundante de salvación para nuestros contemporáneos. Llama la atención este lenguaje que dice ¡tantas cosas en tan pocas palabras!

Santa Teresa, su persona, nos va a ayudar a conocer más a Jesucristo y a contemplar cómo «derramó su sangre», entregó su vida por nosotros para transformarnos en fruto sabroso: «Que el Señor coma con gusto y sabor», es decir, que le valgamos a Dios para traer la salvación a este nuestro mundo: familia, amigos, estructuras sociales, políticas… la vida entera convertida de sosa en sabor de realización y de plenitud, en santidad.

«Sea en buen hora la venida a estas tierras, pues confío de nuestro Señor que ha de ser para que Él reciba mayor servicio de esa peregrinación que del encerramiento en la celda». Bienvenido sea este Año Jubilar en nuestras parroquias para que rompamos los límites de nuestras reuniones y celebraciones y nuestra gente pueda descubrir la presencia siempre cercana de Jesucristo. Los obispos Antonio y Rafael, los sacerdotes, las monjas de clausura, las personas consagradas, ellos y ellas, los matrimonios, mayores y jóvenes, seglares, en general, convertidos en ministro, en servidores de Jesucristo para darlo a conocer y, sobre todo, porque es lo que más llama la atención en la figura de santa Teresa, su experiencia de la amistad entrañable con Jesucristo.
No es mejor embajador, anunciador o testigo que el que además de conocer al que anuncia, trasmite su amor decidido a su persona, cabeza, corazón y manos… son en santa Teresa expresiones de su amor a Jesucristo. Una realidad de que «quien a Dios tiene nada le falta».

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.