¿Puede renacer la alegría dentro de nuestro corazón?

Mons. Manuel Sánchez MongeMons. Manuel Sánchez Monge     Queridos diocesanos:

Os ofrezco una síntesis del mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones de este año 2014. Aborda una necesidad muy sentida por todos y cada uno de nosotros:

«El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada» (Evangelii gaudium, 2).

¿Cómo encontrar de nuevo la alegría? ¿Puede renacer la alegría dentro de nuestro corazón? Es evidente que hay alegrías humanas que sostienen nuestra vida. Pero el papa nos invita a los discípulos del Señor a cultivar la alegría de la evangelización. Ya nos había escrito al comenzar la Evangelii gaudium, 1): «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría».

 

  1. La alegría de anunciar el Evangelio

En el evangelio de Lucas (10, 21-23) se nos cuenta que el Señor envió a setenta discípulos suyos, de dos en dos, a las ciudades y pueblos, a proclamar que el Reino de Dios había llegado, y a preparar a los hombres al encuentro con Jesús. Después de cumplir con esta misión de anuncio, los discípulos volvieron llenos de alegría. Los discípulos estaban entusiasmados con el poder de liberar a las personas de los demonios. La alegría es un tema dominante de esta primera e inolvidable experiencia misionera.

Pero el Maestro Divino les dijo: «No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo”. Jesús quiere hacer partícipes a los discípulos de su alegría, que es diferente y superior a la que ellos habían experimentado. Jesús les advierte que no se alegren tanto por el poder recibido, cuanto por el amor recibido. El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo, su manifestación, y el Espíritu Santo, su animador.

Dios ha escondido los misterios del Reino a aquellos que están demasiado llenos de sí y pretenden saberlo ya todo. Están como cegados por su propia presunción y no dejan espacio a Dios. Se trata de un peligro que siempre ha existido, y que nos afecta también a nosotros. En cambio, los “pequeños” son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, a los que Jesús ha llamado “benditos”. Se puede pensar fácilmente en María, en José, en los pescadores de Galilea, y en los discípulos llamados a lo largo del camino, en el curso de su predicación.

  1. Donde hay alegría y fervor nacen las verdaderas vocaciones

La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. Animo, por tanto, a las comunidades parroquiales, asociaciones y grupos a vivir una vida fraterna intensa, fundada en el amor a Jesús y atenta a las necesidades de los más desfavorecidos. Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones. Entre éstas no deben olvidarse las vocaciones laicales a la misión. Hace tiempo que ha crecido la conciencia de la identidad y de la misión de los fieles laicos en la Iglesia, así como la sensibilización de que ellos están llamados a desempeñar un papel cada vez más importante en la difusión del Evangelio. Por eso es importante una formación adecuada, en vista de una acción apostólica eficaz.

  1. María, “causa de nuestra alegría”

Lucas nos recuerda el júbilo similar de María, «Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1, 46-47). Se trata de la buena Noticia que conduce a la salvación. María, llevando en su vientre a Jesús, el Evangelizador por excelencia, al encontrarse con Isabel, exulta de gozo en el Espíritu Santo, cantando el Magnificat. De este encuentro con Jesús, la Virgen María ha tenido una experiencia completamente singular y se ha convertido en “causa de nuestra alegría”.

Recibid mi afecto y mi bendición,

† Manuel Sánchez Monge,

Obispo de Mondoñedo-Ferrol

Mons. Manuel Sánchez Monge
Acerca de Mons. Manuel Sánchez Monge 98 Articles
Mons. Manuel Sánchez Monge nació en Fuentes de Nava, provincia de Palencia, el 18 de abril de 1947. Ingresó en el Seminario Menor y realizó luego los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor Diocesano. Cursó Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo en 1974 la Licenciatura, con una tesina sobre la infalibilidad del Papa y ,en 1998, el Doctorado con una tesis sobre "La familia, Iglesia doméstica". Fue ordenado sacerdote en Palencia el 9 de agosto de 1970. Fue Profesor de Teología en el Instituto Teológico del Seminario de Palencia (1975), Vicario General de Palencia (1999) y Canónigo de la Catedral (2003). Fue ordenado obispo de Mondoñedo-Ferrol el 23 de julio de 2005. En la Conferencia Episcopal Miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada desde 2005 Desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar