Hospitalidad de Lourdes: ¡50 años!

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas      ¡Gracias y por muchos años!

El 12 de octubre de 1964, día más o día menos, un grupo de personas se reunieron para iniciar la Hospitalidad de Girona con la intención de ofrecer a los enfermos una peregrinación a Lourdes.

Hasta el momento, se unían a la peregrinación de Barcelona, pero, animados por el Dr. Narcís Jubany, por entonces obispo de Girona, se propusieron viajar al santuario de la Madre de los enfermos como diócesis. Por ello, la peregrinación del año 2015 —del 21 al 25 de junio— será la quincuagésima peregrinación diocesana.

De todas formas, este domingo, 12 de octubre, fiesta del Pilar, ya se inician las celebraciones de estos 50 años con el habitual encuentro de enfermeras, brancadiers, responsables, delegados… Jornada de acción de gracias pensando en el pasado, y de coraje pensando en el hoy y en el futuro.

Pensando en estos 50 años, y desde mi propia responsabilidad, debemos dar gracias y ánimos.

En primer lugar, gracias a Dios porque durante todos estos años nos ha mostrado su favor en las peregrinaciones. A la Virgen de Lourdes, porque verdaderamente es Madre de los enfermos. Basta contemplar sus caras cuando al pasar ante la imagen, palpan las piedras de la gruta, o en la procesión de las antorchas, o en la del Santísimo, o en las celebraciones…

Pero justo es también dar las gracias a todos cuantos han asumido y asumen la responsabilidad de la Hospitalidad, y a cuantos han hecho posible las peregrinaciones a Lourdes, desde los más mayores hasta los más jóvenes.

Siempre acudimos al santuario con la esperanza de conseguir la salud del cuerpo y del Espíritu. Estoy convencido de que, en cada peregrinación, los participantes también nos hemos sentido curados, quizás no de todas las enfermedades corporales, pero sí de aquellos “males del espíritu” que tanto dañan a las personas y a quienes con ellas conviven. Otros han hallado fortaleza en su dolor, han reencontrado la Madre y su Hijo, Jesús; y todos han vivido unos días de fraternidad y estimación.

Recordad que Jesús sanaba algunos enfermos que padecían enfermedades del cuerpo, pero también lo hacía de los “malos espíritus”, acogía, escuchaba, perdonaba, animaba, valoraba…

La peregrinación es, al mismo tiempo, una experiencia de evangelización para todos, y muy especialmente para los jóvenes que se ofrecen a servir y acompañar a los enfermos. Descubrir que son éstos los privilegiados es vivir páginas del Evangelio. Tener experiencia junto a un enfermo que afronta con serenidad, fe y un cierto buen humor su enfermedad, les ayudará mucho más que todas las lecciones y discursos sobre valores que puedan recibir a lo largo de su vida. Es muy importante el testimonio de los enfermos. Personalmente, cada año, me he dado cuenta que son ellos los que me evangelizan, los que me enseñan como vivir el Evangelio desde las situaciones más difíciles.

Al mismo tiempo, contemplar a las personas que desde hace años participan en la peregrinación, sirviendo a los enfermos de muchas maneras diferentes hasta el agotamiento, devuelve la confianza en ellas y ayuda a valorar el núcleo más firme de la bondad de cada cual, más allá de otras apariencias.

Experimentar que jóvenes y mayores formamos junto a los enfermos una sola familia entorno del altar, de la imagen de la Madre, en los procesiones,  durante los momentos de distracción, ayuda, y mucho, a vivir la fraternidad cristiana.

Estoy convencido de que la Hospitalidad ayuda a contemplar el rostro de Cristo en el rostro de quienes más sufren, pero también a descubrirlo presente y actuante en las celebraciones de la Eucaristía, de la Penitencia, y en otros actos de plegaria.

50 años de vida de la Hospitalidad: ¡Gracias y por muchos años!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Gerona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.