Firmeza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en la caridad

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar       Queridos diocesanos:

En la oración colecta de la Misa propia en honor de la Virgen del Pilar pedimos al Señor que, a todos cuantos invocamos a María como Virgen del Pilar, nos conceda firmeza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Tres peticiones de tres virtudes en las que María es modelo.

María es modelo de fortaleza en la fe. Ella mostró fortaleza plena, como nos señala San Juan, en el momento de la crucifixión del Señor. Los discípulos, excepto Juan, que se las daban de fuertes y valientes, huyen por miedo pero ella sigue allí de pie, junto a la cruz, llena de dolor pero llena de fortaleza. Estar de pie junto a la cruz de su Hijo es fruto de la firmeza de la fe que la Madre tiene en Cristo y en su mensaje.

Hoy, nuestra fe se tambalea muchas veces ante las dificultades que sentimos para vivirla en medio de un mundo laicista y sin Dios; por eso, necesitamos en estos momentos elevar nuestra mirada y nuestro corazón a María, la mujer fuerte, firme, creyente, especialmente en los momentos de dolor. Ante las dificultades debemos mantenernos bien enraizados en Cristo para que nada ni nadie puedan hacernos perder o dudar del gran tesoro de la fe; así, esta fortaleza en la fe será la que nos haga salir victoriosos y seguir dando testimonio como María. Sí, necesitamos también de esta fortaleza para permanecer junto a cualquiera que nos encontremos que quiere vivir su fe y necesita ayuda para estar prontos a ayudarle con nuestro testimonio de una fe auténtica vivida en nuestro devenir de cada día.

En segundo lugar, pedimos que María sea para nosotros seguridad en la esperanza. Ella acompañó siempre a su Hijo de manera callada y siempre estuvo segura de la misión de Cristo. Basta recordar aquel pasaje del Evangelio (cfr. Mc 3, 21) cuando sus propios parientes lo consideran un loco. María acompaña a su Hijo en el momento en que toda esperanza acerca de su misión parece perdida. Igualmente le acompaña hasta el final cuando todos le abandonan. Ella creía y esperaba de verdad que la muerte no tendría la última palabra en su Hijo.

María es, para cada uno de nosotros, seguridad en la esperanza, especialmente hoy día que recibimos tantos influjos a no creer en Cristo, en nada ni en nadie trascendente; cuando recibimos continuamente la llamada a poner nuestra esperanza en otras cosas, nosotros hemos de imitar a María y permanecer con nuestra esperanza firme en Él y su mensaje, viviendo su estilo de vida aunque choque frontalmente con tantos que quieren construir la sociedad sin Dios.

Por último, María es modelo de constancia en el amor. Su vida fue un canto a un doble amor: el amor a Dios y el amor a los hermanos. Un canto al amor a Dios porque Él fue siempre lo más importante en su vida y sus planes ocuparon en ella el primer puesto. Toda su existencia lo fue al servicio del plan de Dios sobre ella: recordemos el anuncio del ángel y su respuesta positiva, su amor a Dios en los momentos buenos pero también en los momentos duros y de dificultad. Pero la Virgen Santísima fue constante en el amor a los hermanos: por amor y servicio visitó a su prima Isabel; por amor y servicio intercedió por aquellos novios que iban a quedar en ridículo en su boda porque se les acababa el vino; por amor y servicio reunió a los discípulos después de la muerte de Jesús y les ayudó a mantener viva la esperanza.

María es modelo de constancia en el amor; de ella tenemos que aprender a amar a Dios y vivir siempre desde lo que Él nos pida pero también aprender a vivir en el amor y servicio a los hermanos en todo momento.

Pidamos a María, bajo la advocación del Pilar, que nos ayude a ser firmes en la fe a pesar de las dificultades, que nos sintamos y mostremos seguros en la esperanza en la persona de Cristo y en su mensaje, y constantes en la vivencia del amor a Dios y a los hermanos. ¡Santísima Virgen del Pilar, ruega por nosotros!

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
Acerca de Mons. Gerardo Melgar 367 Articles
Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.