Animadores de la Comunidad

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris     Animar puede significar dar aliento, dar alma, movimiento, vitalidad. Pero, en nuestro caso, no hablamos de «dar» algo a una comunidad sino de hacer posible que se exprese efectivamente su vitalidad (tantas veces dormida), poniendo en valor las virtualidades y recursos que ya tiene. Esto es posible cuando algunos de sus miembros -los animadores- se dedican a ser sus servidores de manera adecuada.

Más allá de las palabras, el nombre que damos a los ministerios laicales en nuestra Iglesia Diocesana debemos considerarlo como una manera de responder a las necesidades de una nueva situación socio-cultural y eclesial. Es innegable que la época que nos ha tocado vivir es muy diferente a las anteriores. Tenemos delante nuevos desafíos y buscamos dar nuevo dinamismo a nuestras comunidades y a nuestras formas de presencia en el mundo. Siempre desde la esperanza que nos da sabernos enviados por Aquel que nos aseguró que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos.

Esta manera de trabajar implica una espiritualidad que no es nueva: a partir de la lectura creyente de las realidades y de los cambios que contienen, la Iglesia, en el Concilio Vaticano II, ha tomado conciencia de que no es fin en sí misma, sino que existe para anunciar e instaurar en el mundo el Reino de Dios del que es germen y principio (Lumen Gentium 5), entendiéndose a sí misma como: Misterio de Comunión, comunidad de fe, esperanza y caridad (LG Cap. I); Pueblo de Dios, en el que los bautizados participan en la función profética, sacerdotal y real y de servicio de Cristo (LG Cap. II); Sacramento, signo e instrumento de la unidad salvífica universal (LG 32) realizada por Cristo y cuya actualización está llamada a servir (LG 1.5 y 48); comunidad visible y orgánica, esencialmente misionera y peregrina, llamada a renovarse constantemente (LG 8, 9).

Y en esta espiritualidad de comunión, constitutiva del ser mismo de la Iglesia, todos sus miembros y grupos estamos llamados a crecer en el don de sí, sirviéndonos unos a otros. Para lo cual, el Espíritu concede los dones, carismas y ministerios necesarios y es aquí donde hay que situar lo que llamamos «animadores de comunidad».

Animar la comunidad será despertar la mente y el corazón de las personas y de los grupos, inquietando en sentido esperanzador e infundiendo anhelo de superación, incluso a los que se encuentran instalados en la pasividad o resignados a sus circunstancias. Esto pide al animador/a situarse en el interior de la comunidad, y mantener una relación lo más directa posible con sus miembros, creyendo en ellos y en sus posibilidades.

El objetivo final será siempre concienciar, organizar y movilizar a la comunidad haciendo que sus miembros sean protagonistas y agentes de transformación, y no sólo colaboradores dependientes. Su método es la creación, la cohesión y la acción en y de grupos primarios, donde las interrelaciones y las intercomunicaciones son personales y directas. Por ello, ya el curso pasado hemos insistido en un objetivo prioritario: fortalecer y consolidar ese núcleo de personas que es y debe ser el alma de cada Parroquia y/o comunidad, y que asegura su funcionamiento ordinario.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.