Historia de la iniciacion cristiana

Mons. Pérez GonzálezMons. Fracisco Pérez       La acción misionera de la Iglesia más original, antigua e importante es la iniciación cristiana. Es una institución iniciática interdisciplinar, pues intervienen la catequesis, la liturgia y la moral. La Iglesia primitiva la instituyó y organizó para que los convertidos tanto judíos y de otras religiones, como los venidos del paganismo, entrasen con pleno conocimiento, convicción y conversión en el seguimiento de Cristo, dentro del seno de la Iglesia. El proceso se hizo espaciado y por etapas. El propósito era conseguir que el que quería ser cristiano lo fuese de verdad. Le llamaron catecumenado, es decir: “El que escucha de viva voz el anuncio de la fe”. Aunque se llama catecumenado, especialmente  a la preparación del bautismo, era un proceso preparatorio para suscitar la fe en los adultos. Su necesidad es evidente por las exigencias que comporta la conversión y la perseverancia en la fe.

Dice el Catecismo de Iglesia Católica: “Desde los tiempos apostólicos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciación que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido rápida o lentamente. Comprende siempre algunos elementos esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, el acceso a la comunión eucarística” (CIC, 1229).
Se puede decir que desde el sermón de Pedro en Pentecostés ya comienza a organizarse el proceso del catecumenado. Aquel día la preparación fue muy rápida y la respuesta milagrosa. El Señor movió los corazones de los que escuchaban. “Los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2, 14-41). En adelante se vio la necesidad de una preparación sistemática,  profunda y prolongada  para hacer un discernimiento sobre la convicción y transformación de los candidatos y que ellos mismos experimentasen lo que significaba ser cristiano. Pronto, bautizarse significó apuntarse a la lista de los perseguidos y martirizados por la fe en Cristo.

Existen muchos testimonios de la Tradición Apostólica, por ejemplo, de Hipólito (año 215) que describen con detalle cómo era el catecumenado. Tertuliano, Cipriano, Clemente, Orígenes y otros dejaron constancia de lo seria y de larga prueba que era la preparación. Constaba de un ingreso en el catecumenado, un tiempo de catequesis, (en Roma durante tres años), el acceso al bautismo, después de varios exámenes concluidos con ritos de compromisos bautismales. Aparecen varios grados que se van adquiriendo con los años. Así se distinguen los paganos, iniciados, elegidos, simpatizantes, oyentes, novicios, iluminados y bautizados.
El contenido de las catequesis comienza con la etapa de evangelización o precatequesis de entrada en el anuncio del kerigma y el misterio Pascual. Este anuncio les hacía enfrentarse con su procedencia pagana y pensar en la conversión. Después venían las catequesis a los convertidos con explicaciones más profundas sobre las verdades de fe y la moral de la vida cristiana. Se hacía experiencia de la escucha de la Palabra, la oración, y los ritos. Había catequistas, maestros o doctores, a los que el obispo les encomendaba explicar los temas y dar testimonio. El Bautismo-Confirmación, formaban una unidad. A continuación venía la celebración de la Eucaristía y la incorporación plena a la comunidad. Así era la catequesis de los tres primeros siglos.

A lo largo de la historia se fueron produciendo cambios lógicos por la evolución del cristianismo en cuanto a número de fieles, culturas y edad de acceso a los sacramentos de la iniciación cristiana. Sería prolijo de enumerarlos todos y no interesa demasiado para esta reflexión. Basta destacar cómo se ha ido renovando el catecumenado en la época moderna en países de misión o en países de vieja cristiandad, según nuevas dificultades y nuevos planteamientos.
Interesa reflexionar sacando varias conclusiones de la historia del catecumenado. Admiramos la seriedad, exigencia y profundidad de los primeros cristianos y miramos hacia ellos como punto de referencia de nuestras fuentes originales.

Contemplamos cómo en nuestros días “proliferan en todas partes movimientos que tienden a recuperar para la formación cristiana, la dimensión catecumenal” (RICA, Presentación). Por eso el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos tiene todo un capítulo (cap.IV) con sugerencias pastorales muy buenas para el catecumenado de nuestros días.

Ahora nos preguntamos ¿qué clase de cristianos “formamos” con nuestras catequesis? Estamos en un momento histórico de nueva evangelización ante los desafíos de la secularización, el agnosticismo y la increencia. Nos toca recuperar con solicitud pastoral el espíritu de los primeros cristianos con entusiasmo y fe.

El Papa Francisco nos invita a vivir una nueva etapa de evangelización, a mirar a hacia adelante con la valentía y con la alegría del Evangelio, recuperando la visión profética y positiva de la realidad.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 376 Articles
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).