Visita Pastoral al Arciprestazgo de Mora de Rubielos

 Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano     El pasado curso, tuve la oportunidad de realizar la visita pastoral a las parroquias de la ciudad de Teruel. Como os comente al concluir la misma fue, sin duda, un momento de gracia, de fraternal encuentro y de renovación pastoral. El pasado domingo, día 28, retomé en nuestra diócesis esta gozosa actividad. Es bueno no olvidar que “la visita pastoral es una de las formas, confirmada por siglos de experiencia, con la que el Obispo mantiene contactos personales con el clero y con los otros miembros del pueblo de Dios. Es una oportunidad para reanimar las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos; es también la ocasión para invitar a todos los fieles a la renovación de la propia vida cristiana y a una acción apostólica más intensa. La visita le permite, además, examinar la eficiencia de las estructuras y de los instrumentos destinados al servicio pastoral, dándose cuenta de las circunstancias y dificultades del trabajo evangelizador, para poder determinar mejor las prioridades y los medios de la pastoral orgánica”. (Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos,nº 220).

Terminada la visita a las parroquias urbanas de Teruel, este curso la visita pastoral continúa en la zona rural de nuestra diócesis, en concreto en el Arciprestazgo de Mora de Rubielos que está conformado por 23 municipios y atendido por 8 sacerdotes. La visita comenzó, como os decía,  la semana pasada en las parroquias de San Agustín, Olba, y en las comunidades de Venta del Aire y Fuendelcepo. Este mes de Octubre visitaré las pertenecientes a la unidad pastoral de la Puebla de Valverde y  el mes de Noviembre la unidad pastoral de Manzanera. El mes de Febrero, del próximo año, visitaré la unidad pastoral de Sarrión. Y en los meses posteriores las de Mora de Rubielos – Alcalá de la Selva, Mosqueruela y Rubielos de Mora, concluyendo la misma en el mes de Junio de 2015, si Dios quiere.

El inicio de la visita pastoral a nuestros pueblos, estoy seguro de que va a ser de gran ayuda para seguir profundizando en los retos que establecía nuestro Plan Diocesano de Pastoral el pasado curso. Hemos terminado el verano, en el que la fisionomía de los mismos se trasforma. ¡Cuánta gente nos ha visitado estos meses estivales! ¡Cuántas fiestas y celebraciones! Es verdad que, en muchas ocasiones, las celebraciones patronales o religiosas de nuestros pueblos ven desdibujado su origen religioso quedando potenciada especialmente su vertiente celebrativo-social. Esta dinámica, que surge de manera espontánea en las gentes de nuestros pueblos, puede convertirse en una magnifica base antropológica y cultural para buscar caminos de evangelización, para generar oportunidades de evangelización desde una apuesta decidida por la conversión pastoral que nos reclama el Papa Francisco.

Pero nos acercamos al invierno y los pueblos paulatinamente vuelven a la rutina que en ocasiones se concreta en una presencia muy escasa de gente. Las cuestiones abiertas nos interpelan con gran fuerza: la pertinaz despoblación, la dificultad para que familias jóvenes puedan asentarse establemente en nuestros pueblos por falta de futuro, la merma en los servicios, la generalizada ausencia de niños y jóvenes de familias católicas en nuestros pueblos, el deterioro de nuestro abundante patrimonio histórico. Son muchos los problemas que esta realidad nos plantea, también desde el ámbito pastoral. Y la respuesta se complica más por el envejecimiento de nuestros sacerdotes y de las gentes a las que hay que servir y acompañar. Es un gran reto el que tenemos delante, que nos obliga a ser especialmente creativos a la hora de plantearnos la pastoral en los mismos y buscar una mayor coordinación para poder aprovechar los escasos recursos de los que disponemos.

Una vez más os pido vuestra oración. Os ruego que pidáis a Nuestro Señor, que sean muchos los frutos que se deriven de esta visita pastoral que estamos comenzando al Arciprestazgo de Mora de Rubielos.

  + Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.