Sentirse y orar como un niño

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris      El mes de octubre, mes del Rosario, me hace recordar algunas cosas que comentaba Mons. Albino Luciani, el futuro Papa Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, después de preguntar cuántos rosarios encontrarían si, durante una reunión de católicos, nos invitaran a mostrar todo lo que llevamos en los bolsillos, en las mochilas o los bolsos.

Algunas personas piensan que rezar el Rosario es infantil, una repetición monótona del Ave María, y no creen que sea propia de nuestro tiempo. Pero Mons. Luciani decía que la crisis del Rosario venía precedida por una crisis de la oración en general: vivimos muy absorbidos por los propios intereses materiales y el ruido que ha invadido nuestra existencia no nos deja pensar demasiado en las cosas del espíritu. Tenemos miedo al silencio y no nos es fácil encontrar un pequeño momento para la reflexión y la conversación con Dios. Y añadía la siguiente confesión personal: «Cuando hablo con Dios o con la Virgen, prefiero sentirme como un niño. Desaparecen la mitra, el solideo, el anillo; envío de vacaciones al adulto y al obispo que soy, y la correspondiente presentación seria y ponderada, y me dejo conducir por la ternura espontánea de un niño ante su papá o su mamá. Estar ante Dios tal como soy en realidad, con mi miseria y con lo mejor de mí mismo, y sentir surgir del fondo de mi corazón el niño de otro tiempo que quiere hablar, amar al Señor, y que siente a veces la necesidad de llorar pidiendo misericordia, todo esto me ayuda a orar. El Rosario, oración simple y fácil, me ayuda a veces a volver a hacerme un niño y no tener vergüenza de nada. Es una oración repetitiva, pero el P. Foucauld decía que el amor se expresa en pocas palabras, siempre las mismas, que se repiten continuamente».

Quiero todavía completar estos pensamientos con palabras de san Juan Pablo II (Ángelus, 05/11/1978): El Rosario es una oración maravillosa en su sencillez y en su profundidad. Se puede decir que es, en cierto modo, un comentario-oración sobre el capítulo final de la Constitución Lumen Gentium del Vaticano II, que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las Avemarías pasan ante los ojos del corazón los episodios principales de la vida de Jesucristo y nos ponemos en comunión vital con Él a través del Corazón de su Madre. Al mismo tiempo podemos incluir todos los hechos que enlazan la vida del individuo, la familia, el país, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos más en el corazón.

Es un medio muy válido para favorecer la exigencia de contemplación del misterio cristiano que la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte (nn. 32-33) propone como una verdadera y propia ‘pedagogía de la santidad’: necesitamos un cristianismo que se distinga sobre todo por el arte de la oración. Cuando en la cultura contemporánea, incluso entre contradicciones, aflora una nueva exigencia de espiritualidad impulsada también por influjo de otras religiones, es más urgente que nunca que nuestras comunidades cristianas se conviertan en auténticas escuelas de oración.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.