Los sacramentos de la iniciacion cristiana

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez        Al reflexionar sobre la celebración de los sacramentos en general es oportuno dedicar una atención especial a los tres primeros sacramentos conjuntamente, porque se engloban en un esquema común. Se llaman de la iniciación cristiana. Son tres: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Aunque la penitencia o confesión propiamente no forma parte de los sacramentos de la iniciación cristiana, en la práctica se sitúa en la preparación catequística y celebrativa que precede a la Eucaristía. Son fundamentales. Se sitúan en el nacimiento a la vida cristiana en su crecimiento y fortalecimiento y en su sustento. Ante todo conviene conocer qué es la iniciación cristiana, cómo se ha realizado en la historia de la Iglesia y cómo se hace ahora.

¿Qué es la iniciación cristiana? Iniciado se dice de aquel que ha comenzado algo. En términos religiosos es el que comienza a instruirse, hace unas primeras experiencias prácticas y entra a participar en los misterios de la religión. En términos cristianos es un proceso gradual para incorporarse a Cristo, es decir, para “formar cristianos”. Es un “proceso evangelizador-catequizador por el que un nuevo creyente se incorpora a Cristo y a la nueva vida de la salvación en el seno de la Iglesia” (Directorio Pastoral de la Iniciación Cristiana de las Diócesis de Pamplona y Tudela, pág. 13).
A lo largo de la historia este proceso ha tenido modificaciones para adaptarse a las circunstancias. En los orígenes del cristianismo accedían a la fe adultos que eran introducidos en la vida cristiana siguiendo un catecumenado de iniciación muy bien estructurado. En nuestros días la gran mayoría de bautizados son niños recién nacidos. También se dan casos de niños que no fueron bautizados de párvulos y piden el bautismo al llegar al uso de razón y quieren recibir la Confirmación y la Eucaristía. Cada vez son más numerosos los adultos que se bautizan. Nuestra reflexión va dirigida especialmente a la iniciación cristiana de los niños, adolescentes y jóvenes. De todos modos el proceso del catecumenado de adultos sirve por analogía de guía para todos, especialmente para aquellos adultos que, bautizados en la infancia, quieren ahondar en su vida cristiana.

Para diferenciar esta doble forma de iniciación existe el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA) y el Ritual del Bautismo de Niños (RB). La iniciación de los niños, hijos de padres cristianos, comienza con el Bautismo. Se bautizan en la fe proclamada por los padres con la confianza de que serán educados cristianamente desde su más tierna edad y progresarán accediendo a la Confirmación y a la Eucaristía. El Concilio insistió en que en el mismo rito del bautismo de niños quedase de manifiesto la participación y obligaciones de padres y padrinos. La iniciación continúa dentro de la familia, que es el lugar más privilegiado para las primeras experiencias de fe.

Existe una unidad e interrelación entre los tres sacramentos de la iniciación cristiana de modo que es como un sacramento en tres momentos celebrativos. El itinerario salvaguarda esta relación teniéndola muy presente en la instrucción catequística y en la celebración. Se trata de enseñar cuál es el mensaje de Cristo, experimentarlo en las celebraciones y vivirlo.

Este trabajo lo realiza inicialmente la familia cristiana acompañando el despertar religioso de sus hijos enseñándoles a rezar en casa y participando juntos en la misa dominical. Es una tarea de su responsabilidad, primordial e ineludible. La Diócesis les asesora con excelentes materiales desde la Delegación de Catequesis para que estén más preparados y mejor dispuestos. Las parroquias los convocan a encuentros a partir del bautizo para ayudarles a transmitir la fe con competencia y naturalidad. El ejemplo es el mejor maestro. En esas reuniones se actualiza la fe de los padres, aprenden de expertos catequistas cómo debe ser su acción educativa en la familia y se enriquecen comunicando y escuchando las experiencias de otros padres. La parroquia tiene un especial protagonismo cuando los prepara de forma progresiva y sistemática para recibir los sacramentos, pero siempre la familia debe estar implicada en el seguimiento y acompañamiento. La iniciación cristiana se desarrolla en tres dimensiones: el conocimiento de la doctrina de Cristo y el Evangelio, la experiencia de la oración y la celebración de los Sacramentos, y la vivencia de las bienaventuranzas, las virtudes y el estilo de vida cristiana. Este proceso no se basa en clases teóricas sino en el aprendizaje práctico siguiendo el ejemplo de vida cristiana de los mayores. Dice Tertuliano “cristiano no se nace, sino que se hace”.

La Eucaristía culmina la iniciación cristiana con la incorporación plena en el Cuerpo de Cristo. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor” (CIC 1322). La iniciación cristiana es un don de Dios ya que es Él quien regala de forma generosa y eficaz la llamada a la fe. El iniciado le responde y se adhiere a Él con libertad, y la Iglesia inserta a los iniciados en su vida con caridad de madre.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).