Las enseñanzas de los pobres

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella      En el Evangelio encontramos ejemplos, parábolas, narraciones, dichos de Jesús que impresionan y llegan a emocionar. ¡A cuántas personas ha hecho llorar de gozo y de paz, por ejemplo, la parábola del Hijo Pródigo !

Las palabras de Jesús: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito” , llegan al corazón y si uno está atento descubre que eso se está realizando cada día en nuestro entorno. Sí, los pobres y sencillos de corazón descubren la ternura de Dios que les llega por mil caminos. Cosa que los de corazón altivo no llegan a descubrir y, desgraciadamente, no logran saborear la belleza de las cosas que acontecen en sus vidas.

Hace poco leía el testimonio del Padre Pedro Arrupe, que fue prepósito General de los jesuitas entre los años setenta y ochenta del siglo pasado. Es una ilustración de lo que cuenta Jesús en esa bella página que cito en estas líneas más arriba de mi escrito. Transcribo lo que leí y que contaba el Padre Arrupe en una visita que realizó a unos jesuitas que trabajaban en una barriada muy pobre de América Latina. Presidió la celebración de la Santa Misa para los habitantes de la zona en un edificio decrépito; a lo largo de la liturgia, gatos y perros entraban y salían libremente. He aquí lo que sucedió después de la misa, en palabras del propio Padre Arrupe:

« Cuando terminé, un hombre enorme de tal mal aspecto que casi daba miedo, me dijo: “Venga conmigo. Tengo algo que darle”. Yo estaba indeciso; no sabía si aceptar o no, pero el sacerdote que estaba conmigo me dijo: “Acepte, padre, es buena gente”. Fui, pues, con él; su casa era un chamizo casi a punto de venirse abajo. Me hizo sentar en una silla desvencijada. Desde allí pude ver la puesta del sol. Aquel hombre enorme me dijo: “¡Mire, señor, lo hermosa que es!”. Permanecimos sentados en silencio durante varios minutos. Finalmente, el sol desapareció. El hombre dijo entonces: “No sé cómo agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros. No tengo nada que darle, pero pensé que le gustaría ver esta puesta de sol. Le ha gustado, ¿verdad? Buenas tardes”. Y después estrechó mi mano.

Al marcharme, pensé: “pocas veces he conocido a una persona tan amable”. Y siguió diciendo el Padre Arrupe: Verdaderamente, son muchas las cosas que aprendí en mi vida en contacto con los pobres. ¡Qué contraste con las solemnes reuniones de los poderosos de este mundo…!» .

¡Cómo no dar gracias a Dios diariamente porque sigue habiendo en nuestro mundo gente, mucha gente, sencilla y humilde de corazón, que sabe disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y sabe valorar lo que con corazón agradecido lo que tiene!

En esta sociedad de la abundancia, del individualismo creciente, de la carrera por aparentar y ocupar los primeros puestos, nos perdemos el gozo de saber disfrutar de una hermosa puesta de sol, de saber que detrás de una pobre apariencia hay un corazón rico en sabiduría humana, en solidaridad, en amor a todos y por todo.

Pido al Señor que nos conceda a todos una mirada más atenta para poder valorar a las personas más humildes y sencillas. Ojalá podamos descubrir, como lo hacía Jesús, la riqueza humana y espiritual que albergan en sus corazones. 

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.