Nosotros somos la Iglesia

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez      Estamos viviendo momentos importantes para el futuro de Europa y España. En nuestra patria vuelven a ponerse en juego muchas cosas que afectan a nuestro ser como personas humanas. ¿Cuál ha de ser el papel de la fe cristiana o de la salvación que realiza Dios por medio de Jesucristo en la vida de la comunidad humana? Formamos parte de la Iglesia de Dios, y ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. ¿Cómo podría llevarse a cabo este proyecto sin una manifestación pública de la fe, sin caer en el error de creer que la fe cristiana sólo pertenece a la esfera personal y privada? He aquí el gran peligro para nosotros: Pensar que existe algo de la realidad que esté al margen de nuestra fe y refugiarnos unas veces en una esfera, que llamaríamos “natural”, y en otras en el ámbito “espiritual”, dejando el campo libre para que el secularismo se apodere de la realidad tangible.

Sólo tenemos una vida y en ella se juega la felicidad, el sentido para esta vida o la falta de él; no podemos permanecer indiferentes, como si lo que le sucede a la sociedad española nada tuviera que ver con nuestra fe, nuestro seguimiento de Jesucristo o con nuestra comunidad parroquial o diocesana. Hace falta ver los resultados de la ausencia de Dios en nuestra sociedad, para ver el efecto helador y el vacío cada vez más grande que se está generando en las nuevas generaciones. Nosotros no podemos recluir a Dios en la concha rancia de nuestros pensamientos habituales, exiliándole a una forma de piedad y culto sin contenido, o a través de la ambigüedad de nuestra vida, como si extendiéramos sobre Él un velo de oscuridad. Ese es un mal servicio a la humanidad, ya que el mundo pertenece a Dios, y sin Él todo es distinto. La participación, pues, del cristiano en la vida pública es cada vez más urgente.

¿Pueden los católicos manifestar públicamente su fe? Por supuesto, pero esta operación no se lleva a cabo únicamente con manifestaciones en la calle, aunque sean posibles y han de respetarse. Hay otras formas de manifestar la fe en lo público. De nuevo está ante nosotros mostrar lo inhumano del aborto, exigiendo una actividad legislativa más acorde con la naturaleza de lo que es la dignidad de la persona humana. Valen poco aquí componendas electoralistas o calificaciones políticas de este o aquel signo a la hora de tomar partido por la cultura de la vida o de la muerte. De hecho ha habido, no hace muchos días, en distintas ciudades de España actos promovidos por la sociedad civil a favor de la vida humana. ¿Han sido solo los católicos quienes han participado en esas manifestaciones? No necesariamente, aunque hayan sido católicos la mayoría de ellos. Sigue propagándose el sofisma de que los partidarios del aborto son progresistas y de izquierdas y quienes se oponen al aborto de derechas y católicos.

De nuevo la Conferencia Episcopal Española, por medio de su Comité Ejecutivo, reunido en sesión ordinaria, “quiere hacer oír su voz, como siempre ha hecho en cualquier coyuntura social y política, para recordar el valor sagrado de la vida humana, desde la concepción hasta su fin natural”. Se apoyan, por cierto, en el Papa Francisco, en su exhortación programática Evangelii Gaudium, cuando éste afirma: “entre los débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana (…) quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo (…). No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”. Se entienden bien estas palabras. Algunos no las tienen claras y olvidan que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. ¿O volvemos a escuchar la cantinela de hace algunos años cuando se decía que el feto es ser humano pero no persona humana? Sería trágico, a la luz del número de abortos cada año en España.

La muerte de seres inocentes nunca está justificada, lo diga quien lo diga. El ser humano es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. He aquí un ámbito de la sociedad actual donde no vale abstenerse; hay que apostar y públicamente decir lo que se piensa sobre el aborto. Las posibles soluciones no pueden ser siempre las mismas: “interrupción voluntaria del embarazo”. Es decir, sin eufemismos, muerte de un ser humano. ¿No hay otras? Sin duda, pero tenemos que mostrarlas y actuar. Dios nos ayude y nos haga superar nuestro miedo a decir la verdad, porque ella nos hace libres.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.