Carta Pastoral de los Obispos de Aragón con motivo de la celebración del «Día de la educación en la fe»

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña       Hay más alegría en dar que en recibir

 Con motivo de la Jornada de la Educación en la Fe que celebramos el próximo domingo día 5 de octubre, los Obispos de las diócesis de Aragón nos dirigimos, con gozo y gratitud, a todos vosotros: padres y madres de familia, catequistas, sacerdotes, profesores de religión, que lleváis adelante la tarea de educar la fe de los niños y de los jóvenes. La misión que la Iglesia os ha encomendado es muy hermosa y nada fácil: conseguir que ellos sepan que Dios les ama mucho y que aprecien lo que esto vale.

 El Evangelio, nos dice el Papa Francisco, es el mensaje más hermoso que puede recibir nuestro mundo. Todos tienen el derecho de conocerlo, y vosotros, los educadores de la fe, habéis sido enviados para comunicarlo en el seno de vuestras familias, en la catequesis y en las clases de religión, con vuestras enseñanzas y también con vuestra vida, pues la fe en Jesucristo resucitado es, ante todo, vida, y los conocimientos sirven para ilustrar y descubrir la racionabilidad de esa vida.

Por esto queremos recordaros que sois educadores de la fe en todo momento, lo mismo que se es padre o madre siempre, sin interrupción. El Papa nos viene pidiendo con insistencia que salgamos a anunciar la alegría del Evangelio a todo el mundo y que no nos encerremos en el templo. Recordad aquella estimulante confesión que él hizo al comienzo de su pontificado: «Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades (…) Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras (…) Hay una multitud de hambrientos, y Jesús nos repite sin cansarse: dadles vosotros de comer»

Sois, pues, una parte muy activa de la Iglesia y estáis llamados a manifestar el amor y la misericordia de Dios a quienes conviven o están cerca de vosotros. En nuestro mundo hay muchas carencias que afectan gravemente a multitudes de hermanos nuestros. Y no olvidemos que la principal de estas carencias es la ausencia de Dios en sus vidas. Tal carencia crea en el hombre la falta de la esperanza, virtud intrínsecamente necesaria para el desarrollo de la vida humana. Y, sin Dios, no hay esperanza posible, pues toda esperanza que no descansa en Dios tiene por objeto los ídolos, y éstos desembocan siempre en la nada. Este convencimiento ha de mover con fuerza nuestro corazón para hablar «a tiempo y a destiempo», buscando y aprovechando toda ocasión propicia para dar a conocer a Jesucristo y la alegría de su salvación.

 No os limitéis a desarrollar el proceso catequético de niños y jóvenes. En la medida en que os sea posible, seguid acompañándoles después de las etapas de catequesis. Muchos de vosotros habéis comprobado con gozo la alegría y la gratitud que os manifiestan los que en otro tiempo acompañasteis, y en ocasiones acuden a vosotros con sus dudas, preocupaciones y problemas. Sois para ellos un punto de referencia que les da seguridad en sus vidas.

 Todos necesitamos saber que hay personas que no nos fallan y que siempre están dispuestas a ayudarnos. Cultivad esta relación, buscad ocasiones de encuentro, salid como Jesús por los caminos de su vida para fortalecer la fe vacilante de los que dudan o han perdido la esperanza, como hizo Jesús con los discípulos de Emaús. No temáis perder el tiempo. Jesús se detuvo con ellos todo lo que fue necesario hasta que le invitaron a quedarse en su casa.

 Os animamos a cultivar vuestro encuentro con Jesucristo. Tal encuentro es fundamental para el educador de la fe, ya que Él es el protagonista, siendo nosotros una humilde mediación para el encuentro con Él. Por eso hemos de dedicar largos ratos a la oración, para experimentar el amor que Dios nos tiene y, desde esta experiencia, ayudar a encender el fuego del conocimiento y del amor a Jesucristo en los corazones de nuestros interlocutores.

 Y sed también alegres. Recobrad y acreced la dulce y confortable alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. «Os lo repito: estad siempre alegres», porque «hay más alegría en dar que en recibir», como nos dice san Pablo. Que el Espíritu os conceda el don de la alegría. Gracias por vuestra generosa entrega a la misión evangelizadora que os hemos encomendado.

Recibid nuestro cordial y afectuoso saludo junto con nuestra bendición.

+ D. Manuel Ureña Pastor, Arzobispo de Zaragoza

+ D. Alfonso Milián Sorribas, Obispo de Barbastro-monzón

+ D. Carlos-Manuel Escribano Subías, Obispo de Teruel y de Albarracín

+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca

+ D. Eusebio Hernández Sola, Obispo de Tarazona  

Zaragoza, 28 de septiembre de 2014

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.