La dedicación de nuestra Catedral

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas      Este domingo celebramos la fiesta de la dedicación de nuestra catedral de Girona. La catedral es la primera iglesia de la diócesis, sede del obispo y, por ello, catedral de todos los que formamos la Iglesia diocesana, siendo al mismo tiempo icono de nuestra ciudad. Recordemos, pues, su dedicación para celebrarlo,  estimarla y sentirla como nuestra propia casa.

¿Qué recordamos en esta fiesta? Que la catedral románica fue dedicada o consagrada. El año 1010 el obispo Pere Roger inicia la construcción de la catedral románica gracias a la aportación económica del conde Ramón Borrell y de la condesa Ermessenda. El 21 de septiembre del año 1038, el templo es consagrado por el arzobispo Wilfredo de Narbona.

El año 1312 se inicia una nueva etapa arquitectónica: la catedral gótica irá ocupando el espacio de la románica, hasta que en el año 1346 se consagra de nuevo el altar del presbiterio gótico, esta vez por el arzobispo Sancho de Tarragona.

Nuestra catedral está bajo la advocación de la Asunción de María, y por ello el 15 de agosto se celebra su “fiesta mayor”.

Ciertamente, la catedral —me refiero a la actual, sucesora de la románica— es una obra emblemática de gran belleza, icono de nuestra ciudad juntamente con la basílica de San Félix, pero sobretodo es el edificio del culto cristiano.

La catedral, cabeza y madre de todas las iglesias de la diócesi es, precisamente por ese motivo, el hogar que acoge a todas las comunidades, a todos los fieles y a toda persona que se acerca para gozar de ella.

Recibe el nombre de “catedral” porque  su signo distintivo es la “cátedra”, el punto desde donde el obispo preside la asamblea de los fieles y propone el propio magisterio a toda la diócesis, de la que es cabeza y pastor en su calidad de sucesor de los apóstoles. La catedral expresa la unidad de la fe y la comunión del pueblo fiel con su pastor  y con toda la Iglesia.

Nuestra catedral es de una belleza excepcional y única por su arquitectura, pero su belleza es todavía mayor porque tiene alma, tiene vida, respira a través de las piedras vivas que son los creyentes y, por encima de todo, porque actualiza la presencia de Cristo —sacerdote, profeta y rey— en este bellísimo Cenáculo.

Por todo ello bueno será recordar que, en primer lugar, se trata de un edificio de culto y para el culto. Es un edificio para las celebraciones de la fe y para la plegaria. Para esa finalidad fue construida y para esta misma finalidad hemos de conservarla. Ello no excluye que en segundo término, se trate de un edificio en el que cada cual pueda gozar de su arquitectura única, de su historia, su belleza, del cromatismo de sus vitrales, que armonizan en sinfonías de colores según la hora y la luz que los envuelve, y que nos recuerdan que Jesucristo es la luz que nos ilumina.

Nuestra catedral, el edificio más emblemático de Girona, está viva y respira gracias a las celebraciones que en ella hicieron nuestros antepasados y las que seguimos haciendo nosotros. No es museo, aunque se pueda gozar de su arquitectura,  vitrales, historia y objetos expuestos.

En un libro publicado recientemente por el sacerdote D. Joan Carreras i Péra, en el que se recogen poemas de cien poetas catalanes, he hallado uno de Luís Gonzaga Pla Cargol (Girona 1892 – 1978) que tiene por título “Dins la Seu, a l’hora religiosa del captard” (“En la Seo, a la hora religiosa del atardecer”):

 

“Bajo la nave amiga del templo secular

agradable es estar a la hora en que la tarda finaliza

y oír la voz de los siglos en místico palpitar

en un una alta quietud llena de unción divina.

Plácida pasa la luz por los amplios ventanales,

sobre los que cae la roja llama del sol que declina.

Absortos los ojos contemplan por ámbitos colosales

el Arte y la Piedad que un alto saber combina.

El Espíritu siente el encanto del reposo, quietamente…

El Espíritu, como una ave, se recoge y medita”. (*)

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

 

(*) Traducción libre de Víctor Gay.

 

Texto origial:

 

“Sota la nau amiga del temple secular

és grat estar-hi a l’hora en què la tarda fina

i oir la veu dels segles en místic alenar

dins l’alta quietud plena d’unció divina.

Plàcida cau la llum pels amples finestrals,

on bat la roja flama del sol que ja declina.

Absorts els ulls contemplen pels àmbits colossals

l’Art I la Pietat, que un alt saber combina.

L’Esperit sent l’encís del repòs, quietamente…

L’Esperit, com un au, se recull i medita”.

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 403 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.