¡BUEN CURSO PASTORAL!

 Ricardo Blazquez Arzobispo ValladolidMons. Ricardo Blázquez      «Al empezar el nuevo curso pastoral saludo a todos cordialmente. Después del descanso del verano comenzamos con decisión y esperanza las tareas que el Señor nos encomienda, porque el trabajo es abundante y continúa fiándose de nosotros. Acudimos gozosamente a la nueva cita del Señor: «Id a mi campo». «Aquí estamos, Señor, envíanos», respondemos nosotros.»

Este año entra en vigor el “Directorio Diocesano de los Sacramentos de la Iniciación cristiana”, que fue aprobado hace algún tiempo y presentado en la diócesis. También comienza a ser utilizado, después de la debida aprobación el Catecismo de la Conferencia Episcopal Española “Testigos del Señor” que continúa hasta con las mismas palabras el ya conocido “Jesús es el Señor”. Inician entre nosotros su andadura Directorio y Catecismo en el nuevo curso otorgándole una característica catequética especial. Son dos instrumentos autorizados para la transmisión de la fe dentro de la comunión de la Iglesia. Han sido presentados a las comunidades cristianas no como interesantes novedades bibliográficas, sino como servicio a la fe de los cristianos y a la evangelización. No olvidemos que la catequesis es una de las acciones básicas de la Iglesia. No son simplemente escritos valiosos de personas singularmente capacitadas, sino acto de entrega eclesial, que nosotros dócilmente recibimos ya que no somos espontáneos sino enviados. En el envío de la Iglesia se actualiza la llamada del Señor y el encargo que nos hace a salir como apóstoles. No nos apoyamos en nuestra sabiduría sino en el nombre del Señor.

El Catecismo “Testigos del Señor” está llamado a continuar el proceso de la Iniciación cristiana con “Jesús es el Señor” hasta la confirmación. Los dos forman, por tanto, una unidad para la preparación básica de niños y adolescentes. Los cristianos en la Iglesia recibimos el Evangelio, compartimos la fe y deseamos transmitirla a las nuevas generaciones pasándoles el testigo. Por ello, en la Iniciación se trata de la formación básica, común, íntegra y necesaria; no de algo ornamental, peculiar, parcial y superfluo. Es conveniente, consiguientemente, que las expresiones y fórmulas sean compartidas por todos. Así se acrecienta el patrimonio de la Iglesia que se entrega y recibe de generación en generación. Profesamos la fe con las palabras de nuestros padres y oramos como han rezado quienes nos han precedido en la vida cristiana. Las preguntas y respuestas que contiene el Catecismo al final facilitan la formación de un mismo lenguaje; no despreciemos el ejercicio de la memoria, ya que la memorización inteligente potencia la actualización de los contenidos. Por otra parte, las ilustraciones del Catecismo ayudan a unir la verdad del Evangelio con la belleza que se refleja en la historia de la Iglesia. Las vías de la verdad, del amor y de la belleza discurren unidas en la tradición cristiana.

El Catecismo “Testigos del Señor” se estructura de manera original, a saber, siguiendo la celebración de la Vigilia pascual, e incluyendo en este esquema lo correspondiente a los artículos del Credo, a los Sacramentos, a los Mandamientos de la Ley de Dios propuestos con el espíritu del Sermón del monte y a la Oración. De esta manera se funden los cuatro pilares del Catecismo con la perspectiva básica de la Vigilia pascual. El Catecismo de la Iglesia Católica ordenó la totalidad de contenidos con las siguientes partes: La profesión de la fe, la celebración del misterio cristiano, la vida en Cristo y la oración cristiana, que desde antiguo son los pilares de la iniciación y maduración de los cristianos.

Cinco partes tiene el Catecismo siguiendo la Vigilia pascual: Jesucristo es la Luz, la Palabra, la Verdad, la Vida y el Camino.

1) La Vigilia pascual empieza con el llamado lucernario, con una celebración de la luz, en que cantamos a Jesucristo como Luz del mundo, como luz que ilumina la oscuridad de la humanidad y las tinieblas del corazón. Jesús como luz viene a nuestro encuentro para mostrarnos el camino y para que no nos extraviemos. Unamos siempre la Luz que es Cristo con la luz existencial para asegurar nuestros pasos.

2) La segunda parte de la Vigilia pascual se dedica a proclamar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura, desde el comienzo del mundo que Dios creó por su Palabra que es Jesucristo. Es significativo que ante la asamblea se coloquen en proximidad el ambón, desde donde se proclama la Palabra de Dios, y el cirio encendido que simboliza a Jesucristo resucitado. Jesús resucitado es la clave para leer las Escrituras santas, como subraya reiteradamente la oración del sacerdote que sigue a cada salmo y a cada lectura. Todas las Escrituras hablan de Jesucristo (cf. Jn. 5, 39).

3) Hay un itinerario de la Palabra a los hombres que culmina en Jesucristo, plenitud y mediador de la Revelación de Dios. Jesús es el rostro vivo y personal de la Palabra de Dios. Es imagen del Dios invisible y la Verdad encarnada (cf. Jn. 1, 17-18; Col. 1, 15). Jesús es el centro de la fe cristiana, en quien se revela el misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y se manifiesta el sentido del hombre.

4) La cuarta parte del Catecismo desarrolla que Jesús es la Vida, y que a través de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía celebrados en la Vigilia pascual recibimos la vida eterna, entramos en su reino, formamos parte de la asamblea de los santos. La radicación de “Testigos del Señor” en la Vigilia pascual nos enseña que la catequesis, además de instrucción en la Verdad, es también celebración litúrgica.

5) Finalmente, Jesús es el Camino. En la renovación de las promesas bautismales los cristianos renunciamos al pecado y nos adherimos a Jesucristo. El en persona, su predicación y signos, su forma de vivir y de morir, su resurrección y glorificación, son Camino para nosotros. Quien le sigue no camina en las tinieblas sino que tendrá la luz de la vida. La Vigilia pascual, que proporciona el esquema del Catecismo “Testigos del Señor”, nos introduce en un camino de esperanza, en la forma pascual de vivir, pasando diariamente de la muerte al pecado a la vida en Cristo, del egoísmo a la fraternidad, de la tristeza al gozo. Nos ayuda a unir la fe profesada con la fe celebrada, vivida y hecha oración.

A todos deseo un curso pastoral fecundo, que estará especialmente caracterizado por la atención a la catequesis, a la formación fundamental en la fe y a la personalización de lo que creemos y esperamos en medio de nuestro tiempo y de nuestro mundo.

+ Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)