Tecnologías informativas que ayuden a la fe y la solidaridad

Mons. VivesMons. Joan E. Vives      La transformación de las tecnologías de la información y de la comunicación que está experimentando nuestro mundo tiene efectos decisivos en la vida de las personas, en su modo de relacionarse, de trabajar, de desarrollar sus actividades básicas. Quizás en todas las familias refunfuñamos un poco por tantos móviles y tabletas… De hecho, se está configurando un nuevo mundo, una nueva tierra de misión, un espacio que no puede ser indiferente a la transmisión de la fe. Las nuevas tecnologías abren horizontes nuevos, nuevas posibilidades que hay que explorar con detenimiento y que son una ocasión idónea para establecer lazos de fraternidad y de entendimiento entre culturas, pueblos y naciones geográficamente alejados. Nos permiten acceder a mundos muy distantes y a establecer conexiones personales con mucha facilidad y accesibilidad. Esta interacción entre identidades diferentes puede hacer posible la emergencia de un mundo más fraterno y solidario, más sensible a su riqueza y diversidad. Vivimos en lo que los expertos han llamado el pueblo global (the global village), pero para vivir dignamente, debe haber una globalización de la solidaridad, de los derechos de todos los ciudadanos de la tierra.

Como en todo fenómeno nuevo, hay que discernir, atentamente, las luces y las sombras que van asociadas a esta novedad. El ser humano es, por definición, un ser social, está llamado, por su misma naturaleza, creada a imagen y semejanza de un Dios trinitario, a establecer vínculos, a construir redes, a salir de sí mismo, como remarca el Papa Francisco, para ir al encuentro del otro y forjar una comunidad de amor. No somos islas, nos necesitamos unos a otros y no podemos crecer al margen de la comunidad. «Somos don y estamos hechos para el don», decía el Papa emérito, Benedicto XVI, en su última encíclica, Caritas in veritate. Esta salida de sí mismo, pide audacia, porque hay que superar el miedo, aunque es el único modo de poder expresar los propios dones en el mundo y embellecerlo con la propia presencia.

Las tecnologías de la información y de la comunicación nos permiten establecer puentes, crear sinergias, compartir experiencias y conocimientos y eso hace aumentar nuestra visión de la realidad y el sentido de cosmopolitismo. Nunca como ahora en la historia nos habíamos sentido tan ciudadanos del mismo mundo, de un mundo global, que es interdependiente y frágil, y en el que todos estamos llamados a entendernos y a encontrar caminos de pacificación. Elfenómeno de la globalización de las comunicaciones es un fenómeno ambiguo y complejo, pero representa un salto cualitativo en la historia de la humanidad. No podemos caer en la indiferencia. El conocimiento de las realidades y los sufrimientos de los demás debe ser un estímulo para luchar contra el mal. Y para lograr este reto, no hay que caer en lo que el Papa Francisco, en Lampedusa, ante la vergüenza de los emigrantes abandonados, ha llamado laglobalización de la indiferencia. La red nos permite tener conocimiento de lo que ocurre en las periferias de la existencia y esto nos obliga a ser más responsables socialmente y más cuidadosos con el medio ambiente. Interesa especialmente reflexionar sobre el nuevo marco y averiguar en qué manera puede favorecer el pleno desarrollo de la persona y el progreso integral de los pueblos, que no sólo exige su desarrollo económico, material, sino también su dimensión social y espiritual. Nos conviene discernir los signos de los tiempos y utilizar el nuevo marco de las comunicaciones para desarrollar nuestros horizontes más valiosos y transmitir en ellos la fe y la solidaridad.

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).