DAR GRACIAS A DIOS: en una hora nueva de la Archidiócesis de Madrid

Antonio Mª Rouco VarelaMons. Antonio Mª Rouco Varela     Mis queridos hermanos y amigos:

Dar gracias a Dios es deber primero y fundamental del hombre en toda ocasión y en todo tiempo. En realidad la vida humana se logra cuando puede ser interpretada y realizada como una acción de gracias a Aquél de quien procede todo bien: bien natural y bien sobrenatural. Todo lo que existe sería nada sin el Dios Creador; el hombre sin Él, Creador y Redentor, se vería remitido a la perdición. En saber dar gracias a Dios Padre, que nos ha salvado por Jesucristo su Hijo –¡Hijo de Dios e Hijo de María!– en el amor infinito del Espíritu Santo, consiste la regla de oro para que nuestra vida en la peregrinación de este mundo sea cada vez más plena y más felizmente lograda: ¡verdadera senda de santidad! San Ignacio de Loyola la ha interpretado genialmente cuando en la última meditación de sus Ejercicios “para contemplar amor” invita a orar así a los que los practican: “Tomad Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer. Vos me lo distéis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro. Disponed de ello a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta”.

El pasado 28 de julio se cumplían veinte años de mi nombramiento como Arzobispo de Madrid. El 22 de octubre siguiente iniciaba mi ministerio episcopal en la Iglesia Diocesana de Madrid, para servirla con alma, vida y corazón como su Pastor en el nombre del Señor Jesucristo, el Pastor de nuestras almas. Venía de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, de la Iglesia del Apóstol primer evangelizador de España. Hacía pocos años que había sido el lugar elegido por el Papa San Juan Pablo II para reunir a los jóvenes del mundo en lo que sería la IV Jornada Mundial de la Juventud.“Una numerosa riada juvenil nacida en las fuentes de todos los países de la tierra”, centenares de miles de jóvenes, le acompañaron jubilosos como peregrinos, ansiosos de encontrar a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, su verdadero Amigo y Señor. Eran los días 19 y 20 de agosto de 1989. El mundo se encontraba a pocas semanas de un suceso de repercusión universal: la caída del muro de Berlín que se produciría el 9 de noviembre siguiente. Desde esa semana de aquel agosto, en que comenzaba la historia gozosa de las Jornadas Mundiales de la Juventud, la riada juvenil de San Juan Pablo II se convertiría en el Año Santo de 1993 y en los siguientes, hasta hoy, en una incontable e incesante caravana de peregrinos jacobeos. El Papa había hablado a los jóvenes en el Monte del Gozo compostelano con firmeza y claridad, muy propias suyas, de que se hicieran protagonistas de una nueva evangelización de que tan necesitados estaban sus compañeros y amigos, más aún, que tanto necesitaba muy singularmente la vieja Europa. No deberíamos tener miedo a ser santos. Compartiendo profundamente el diagnóstico y la llamada de San Juan Pablo II, vibrantemente proclamada y fervorosamente escuchada y recibida en medio de aquella inédita asamblea litúrgica, de una Iglesia eminentemente “joven”, iniciamos nuestro servicio episcopal a nuestra muy querida Iglesia Diocesana de Madrid. Evangelizar fielmente, ser testigos y trasmisores del Evangelio sin recortes ni reserva alguna, presuponía –¡presupone siempre, por la naturaleza misma de las cosas!– vivir en la Comunión de la Iglesia: ¡vivir la Comunión de la Iglesia! Fuera de ella –de su verdad, de su esperanza y de su caridad– no es posible ni ser evangelizado, ni evangelizar. Tarea y misión esencial del Obispo, Sucesor de los Apóstoles, es ser instrumento infatigable de la Comunión eclesial en su Iglesia Particular: comunión con el Sucesor de Pedro, Pastor de la Iglesia universal, y comunión “ad intra”, comunión al interior de la propia Iglesia Diocesana.

En los veinte años de ministerio, que están a punto de cumplirse, he podido experimentar y comprobar a través de una bellísima historia eclesial cómo la comunidad diocesana –sus Obispos Auxiliares, sus sacerdotes, sus seminaristas, sus consagrados y laicos, las familias y sus niños, sus jóvenes…– respondía con una siempre mayor y más intensa convicción y vivencia a ese reto de“evangelizar en la Comunión de la Iglesia” al que les invitaba su Obispo diocesano. Un reto de trascendental importancia para el bien de todo Madrid: de la sociedad madrileña y de todos los madrileños. ¿Cómo, sino, se puede tocar su corazón con la gracia del amor de Dios, sin el que el hombre no acierta, ni acertará nunca, en la salida de todas sus crisis, las más íntimas y personales y las más públicas y sociales? El Madrid de hoy sigue apremiándonos a vivir la realidad y misterio de la Iglesia Diocesana en la forma tan luminosa como nos la enseñó el Concilio Vaticano II, va a hacer cincuenta años, mostrando con nuestras palabras y obras que la Iglesia es el instrumento y como el sacramento de “la unión de los hombres con Dios” y de “los hombres entre sí”, en Cristo (Vat II, LG 1). Así es como se evangelizan los pobres: los pobres de alma –¡todos lo somos en alguna medida! – y los pobres del cuerpo, que hoy son tantos. Mi gratitud para toda la comunidad diocesana es sencillamente inmensa: ¡me sale de lo más hondo del alma! Gratitud que va envuelta en la acción de Gracias al Señor, cuyo amor dura por siempre. Sería imposible recordar todos los nombres y todas las fechas, en las que esa gratitud estuvo y está especialmente empeñada. Su número no tiene fin. Estoy seguro de que todos comprenderán que me fije en las comunidades menos llamativas y, sin embargo, más preciosas para que la Iglesia viva y crezca en la gracia del amor del Corazón de Cristo y en santidad: las comunidades de vida contemplativa de toda la Archidiócesis de Madrid, a las que están unidas otras muchas en otros lugares de España. Son las primeras y más decisivas“evangelizadoras” ¡Que Dios os lo pague! ¡Que Dios se lo pague!

La Sucesión Apostólica no se interrumpe nunca. Tampoco ahora en Madrid, cuando su Arzobispo siguiendo lo que indica el cn. 401, párrafo primero, del Código de Derecho Canónico ha respondido al ruego que en él se expresa de presentar al Santo Padre la renuncia a “su oficio” de Pastor de la Iglesia Diocesana de Madrid al cumplir los 75 años de edad. Respondió al día siguiente de su cumpleaños, el 20 de agosto de 2011, cuando culminaba la inolvidable Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, convocada y presidida por Su Santidad Benedicto XVI. Según él, “una verdadera cascada de luz”“nueva evangelización en acto”. Tres años han pasado ya y nuestro Santo Padre Francisco acaba de aceptarla, enviando un nuevo Arzobispo para nuestra muy querida Archidiócesis de Madrid: al actual Arzobispo de Valencia, D. Carlos Osoro Sierra. Un seminarista y un sacerdote después, que hubo de responder a la llamada del Señor en tiempos difíciles con “un sí”comprometido, valiente y generoso. En su Diócesis natal de Santander estuvo al lado de su Obispo en la recuperación de su Seminario y como Vicario General en una coyuntura eclesial, igualmente difícil, que le exigió entrega humana, espiritual y apostólica, completa. Luego, como Obispo de Orense, Arzobispo de Oviedo y de Valencia, ha ido enriqueciendo y madurando su alma sacerdotal con frutos pastorales a la vista de todos.

Acogedle, como he sido yo acogido por la Comunidad Diocesana de Madrid, es lo que deseo y pido fervientemente al Señor y, muy especialmente, a nuestra Señora y Madre, la Virgen de “La Almudena”. Sin la devoción de sus hijos madrileños la historia cristiana de Madrid es inexplicable, incluso, incomprensible en estos últimos veinte años en los que he venido siendo su Obispo diocesano, sirviéndola con todo el corazón y con todas mis fuerzas, en nombre del Buen Pastor.

No quisiera terminar estas letras sin hacerme eco agradecido del Papa Pablo VI, que me nombraba Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela va a hacer treinta y ocho años y, de un modo intensamente emocionado, de San Juan Pablo II, que me nombró Arzobispo de Santiago de Compostela el 18 de mayo de 1984, Arzobispo de Madrid el 28 de julio de 1994 y, más tarde, el 22 de febrero de 1998, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, y ¿cómo no acordarme de Benedicto XVI que estuvo a nuestro lado en momentos y para asuntos muy trascendentales para el presente y el futuro de la Archidiócesis de Madrid? Y, por supuesto, ¿cómo no agradecer a nuestro Santo Padre Francisco, cuanto en su año y medio de pontificado me sostuvo y alentó en situaciones difíciles y dolorosas? Vivir “la comunión de la Iglesia” en toda su verdad implica “la comunión” con “Pedro”.

Encomendándonos y encomendándome a Nuestra Señora, la Real de “La Almudena”, con toda la piedad y el amor filiar que le debemos, os bendigo de corazón.

¡Demos gracias a Dios, “porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.!

+ Antonio Mª Rouco Varela

Cardenal-Arzobispo de Madrid

Mons. Antonio Mª Rouco Varela
Acerca de Mons. Antonio Mª Rouco Varela 68 Articles
Nació el 20 de Agosto de 1936 en Villalba (Lugo). Estudios en Latín, Humanidades y Filosofía en el Seminario de Mondoñedo 1946-1947 a 1953-1954. Estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca 1954-55 a 1957-58, donde obtiene la Licenciatura en esa disciplina en Junio de 1958. Se ordena Sacerdote el 28 de Marzo de 1959, en la Catedral Vieja de Salamanca, y el día 1 de Abril celebra su Primera Misa en la iglesia parroquial de Santa María de Villalba. Estudios de Derecho y Teología en la Universidad de Munich, cursos 1959-60 a 1963-64, donde se doctora en Derecho Canónico el 25 de Julio de 1964, con la tesis: “Iglesia y Estado en la España del siglo XVI”. Profesor en el Seminario de Mondoñedo los cursos 1964-65 y 1965-66, de Teología Fundamental y Derecho Canónico. Profesor Adjunto en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich de 1966 a 1969. Profesor de Derecho Público Eclesiástico en la Universidad Pontificia de Salamanca de 1969 a 1971 y Catedrático de Derecho Canónico Fundamental en la misma Universidad en 1971 y Vicerrector de la misma Universidad en 1972. Cargos que desempeña hasta su nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela en Septiembre de 1976. “Perito” del Concilio Pastoral de Galicia desde la fase preparatoria del mismo 1974. Consagrado Obispo, con el Titulo de Gergi, el 31 de Octubre de 1976. En los años de estudio y trabajo científico en la Universidad de Munich estuvo adscrito a las parroquias de San Rafael y San Ansgar de esa ciudad, y en Salamanca fue Consiliario de Acción Católica Nacional de Propagandistas. Ha publicado Libros y numerosos trabajos científicos en Revistas Españolas y extranjeras de su especialidad sobre temas relativos a la fundamentación teológica del Derecho Canónico y a los problemas de las relaciones Iglesia Estado. Es miembro de la Asociación Internacional de Derecho Canónico y de la Asociación Española de Canonistas. Ha sido ponente en la Semana Española de Derecho Canónico y en Congresos Internacionales de la misma materia. Perteneció al Círculo Ecuménico de Canonistas de Heidelberg y al Comité Cristiano Interconfesional de Madrid. Fue Consultor de la Sagrada Congregación para el Clero desde 1973. En la Conferencia Episcopal Española fue Presidente de la Junta de Asesores Jurídicos y Miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, durante tres trienios 1981-1989. Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española desde 1984. Arzobispo de Santiago de Compostela 18 de mayo de 1984 (Bula de 9 de mayo de 1984). Posesión 30 de junio de 1984. Le impone el Sagrado Palio el Nuncio Apostólico Mons. Antonio Innocenti el 25 de julio de 1984 en la Catedral de Santiago en el Pontifical del Apóstol. Responsable de la IV Jornada Mundial de la Juventud, 19-20 de Agosto de 1989 en Santiago de Compostela) Nombrado Hijo adoptivo y Medalla de Oro al Mérito Ciudadano de la ciudad de Santiago de Compostela. Santiago de Compostela, 26 de julio de 1990. Elegido Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades en Febrero de 1990. Miembro del Sínodo de los Obispos Octubre 1993: sobre la formación de los Sacerdotes. Participante en los Simposios de Obispos Europeos de 1985-1989. Miembro del Comité Ejecutivo de la CEE – 1993. Nombrado por el Santo Padre, con fecha 27 de Junio de 1994, miembro de la Congregación para la Educación Católica. Nombrado por el Santo Padre, el 28 de Julio de 1994, Arzobispo de Madrid. Nombrado “Socio de Honor” de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Madrid, 22 de octubre de 1994. Recibió en Palio como Arzobispo Metropolitano de Madrid el 29 de Junio de 1995. Recibió el “Baylio Gran Cruz de Justicia” de la S.O.M. Constantiniana de San Jorge. Madrid, 17 de Octubre de 1995. Nombrado “Magnum Cancellarium” de la Facultad de Teología San Dámaso por el Santo Padre, el 19 de septiembre de 1996. Nombrado Cardenal de la Santa Iglesia con el título de San Lorenzo in Damaso, por SS. Juan Pablo II, en el Consistorio del 21 de febrero de 1998. Nombrado miembro de la Congregación para la Educación Católica, por S.S. Juan Pablo II, el 25 de febrero de 1998. Nombrado miembro de la Congregación del Clero, por S.S. Juan Pablo II, 25 de febrero de 1998. Premio “Madrigallego de Oro” de 1998. Madrid, 28 de mayo de 1998. Galardonado con la “Medalla de Oro de Galicia 1998”, por la Xunta de Galicia. Santiago de Compostela, 25 de julio de 1998. Nombrado miembro del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, por S.S. Juan Pablo II, 17 de octubre de 1998. Nombrado miembro de la Congregación para los Obispos por un quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, el 19 de octubre de 1998. Nombrado miembro del Pontificio Consejo de Cultura, por S.S. Juan Pablo II, el 19 de octubre de 1998. Insignia de Oro, por la Asociación de Médicos Gallegos: ASOMEGA. Madrid, 24 de Noviembre de 1998. Nombrado miembro de Honor del Foro Iberoamericano de la Fundación Carlos III. Madrid 23 de octubre de 1998. Elegido Académico Numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Madrid, 1 de diciembre de 1998. Ingreso con el discurso: “Los fundamentos de los Derechos Humanos: una cuestión urgente”, en Madrid, 29 de mayo de 2001. Elegido Presidente de la Conferencia Episcopal para el trienio 1999-2002. Madrid, 2 de marzo de 1999. Nombrado Enviado Especial del Papa, para el Congreso Eucarístico Nacional del 26/29 de mayo de 1999 en Santiago de Compostela (26 de marzo de 1999). Elegido “Gallego del año”, por El Correo Gallego. Santiago de Compostela, 29 de octubre de 1999. Nombrado Relator General del Sínodo de Obispos para Europa (octubre de 1999), por S.S. Juan Pablo II. Nombrado “Gallego del Año 2000”, por el Círculo de Periodistas Gallegos en Madrid. Madrid, 23 de junio de 2000. Nombrado miembro del Pontificio Consejo “Cor Unum”, por S.S. Juan Pablo II, el 20 de septiembre de 2000. Participante en la X Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos 30 septiembre /27 octubre de 2001. Recibió el XV Grelo de Ouro, de la Fundación O Grelo – ‘Amigos de Galicia’. Villalba (Galicia), 10 de noviembre de 2001. Recibió el Percebe de Oro, de la Enxebre Xuntanza do Percebe. Barcelona, 22 de febrero de 2002. Reelegido Presidente de la Conferencia Episcopal para el trienio 2002-2005. Madrid, 26 de febrero de 2002. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. 17 de enero de 2003. Recibió la Insignia de Oro de los Amigos del Camino Portugués a Santiago. Pontevedra. 11 de agosto de 2003. Recibió la Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica, concedida por S.M. el Rey. Madrid, 13 de julio de 2003. Recibió la Insignia de Oro 2002 de la Asociación Amigos do Camiño Portugués a Santiago. Pontevedra, 11 de agosto de 2003. Reelegido miembro de la Congregación para los Obispos por un nuevo quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, el 10 de noviembre de 2003. Reelegido como miembro del Pontificio Consejo de Cultura, por S.S. Juan Pablo II, el 30 de diciembre de 2003, para un nuevo quinquenio. Nombrado miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, por S.S. Juan Pablo II, el 30 de marzo de 2004, para un quinquenio. Recibió el Premio “Vieira de Plata”, en su categoría de GALLEGO UNIVERSAL, en su XV edición. Madrid, 17 de mayo de 2004. Nombrado Enviado Pontificio para presidir las ceremonias de conclusión de la Peregrinación de Jóvenes a Santiago de Compostela del 7 y 8 de agosto de 2004. Roma, 19 de junio de 2004. Nombrado Académico de Honor de la Academia de la Hispanidad, por el Capítulo de Nobles Caballeros de la Reina Isabel La Católica. Ávila, 9 de marzo de 2004. Nombrado Caballero de Honor por el Capítulo de la Orden Militar de los Nobles Caballeros de la Reina Isabel La Católica. Madrid, 1 septiembre de 2004. Nombrado miembro del Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos para un nuevo quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, 21 de octubre de 2004. Nombrado miembro del Consejo de Cardenales para el estudio de los problemas organizativos y económicos de la Santa Sede para un quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, 29 de noviembre de 2004. Nombrado miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede para un quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, 6 de marzo de 2005. Participante en la XI Asamblea Ordinaria General del Sínodo de Obispos 1/24 octubre de 2005. Recibió la Medalla de Oro de la Universidad Pontificia de Salamanca. Madrid, 10 de marzo de 2006. Designado como Legado Pontificio para presidir los actos conmemorativos del V Centenario del Nacimiento de San Francisco Javier, que tendrán lugar en el Santuario de Javier (Navarra) el día 7 de abril de 2006. Roma, 27 de febrero de 2006. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad FASTA (“Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino”). Mar del Plata (Argentina) 20 de abril de 2006. Nombrado miembro de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas de Buenos Aires. Buenos Aires (Argentina), 2 de febrero de 2006. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Pablo-CEU. Madrid 16 de junio de 2006. Nombrado miembro del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, por S.S. Benedicto XVI, 7 de octubre de 2006. Elegido Miembro de Número de la Sección Primera de Teología de la Real Academia de Doctores de España. Madrid, 8 de noviembre de 2006. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Burgos. Burgos, 17 de septiembre 1999. Reelegido miembro del Pontificio Consejo “Cor Unum” para un quinquenio, por S.S. Benedicto XVI, el 24 de abril de 2007.