Ahora nos centramos en las cosas de casa

Mons. Amadeo RodríguezMons. Amadeo Rodríguez      Queridos diocesanos: Hemos tenido, como sabéis, un final de verano muy movidito en lo que se refiere a las cosas de la Iglesia en España. Madrid y Valencia tienen un nuevo Arzobispo, y hay rumores sobre otra diócesis que nos afectan más directamente. Como Iglesia del Señor que vive su experiencia cristiana en Plasencia no somos ajenos a lo que sucede más allá de nuestros límites diocesanos, pero es siempre conveniente que recordemos que lo que somos eclesialmente sucede entre nosotros, se fragua en nuestra vida de fe bien situada en todas las parroquias que configuran nuestra Iglesia diocesana. Siempre vivimos nuestra experiencia cristiana en comunión con toda la Iglesia; pero, más allá de esa comunión de vida y de fe, el Señor nos quiere fieles a los que nos va indicando para la evangelización en esta tierra, en nuestros pueblos y ciudades, algunos en Castilla y León y la mayoría en Extremadura. Guiados también vosotros por un sucesor de los apóstoles, nos toca ahora, en estos días, con sus problemas y posibilidades específicos, anunciar a todos el Evangelio de Jesús. No lo dudéis, también nosotros, con nuestra vida y con nuestra voz, somos la Iglesia del Señor en España. Somos una más de las setenta diócesis que hay en España.

Por eso, superada la natural curiosidad por los relevos episcopales, os invito a centrarnos en las cosas de casa, que son muchas e importantes. Al comenzar un nuevo curso, en el corazón del obispo se acumulan muchas de ellas, y que yo quiero compartir con vosotros, para que tengamos un sentimiento común. El primer asunto doméstico que quiero proponeros es que orientéis vuestro interés hacia el seminario: os pido sobre todo oraciones, aunque a los sacerdotes, padres de familia, catequistas y animadores juveniles, les pido también que se marquen como objetivo la propuesta vocacional. Otro asunto de especial interés en este curso que empieza será la catequesis: hay que mejorarla en muchos aspectos, porque está en juego hacer buenos y responsables cristianos. Por eso os pido que estéis atentos a lo que a lo largo de ese curso os vamos a proponer sobre la iniciación cristiana, con ocasión de la presentación del nuevo catecismo “Testigos del Señor”.

Un asuntos permanente que no quiero que se me pase es el desarrollo de cáritas en las parroquias. Es evidente que las circunstancias socio-económicas de nuestra tierra en estos momentos de paro y pobreza están pidiendo una atención especial a los problemas de muchas familias. Seamos conscientes de que esos problemas se atienden mejor cuando hay un cauce para acudir a ellos con diligencia y eficacia. Asuntos de singular importancia es la formación del laicado, que tenemos que seguir cultivando y apoyando. Sin los laicos no es posible una Iglesia “en salida”. Sólo con los laicos la Iglesia se puede adentrar en “las periferias existenciales”. La pastoral juvenil, por muy difícil que sea hoy, es la niña de nuestros ojos. Si queremos que la fe y la vida cristiana tenga un futuro no podemos dejar, porque nadie les acompaña, que los jóvenes malogren el deseo de Dios que llevan en su corazón, aunque a veces lo disimulen.

No os oculto que el gran asunto de nuestra diócesis es la Misión Diocesana Evangelizadora. Este es su año. Tras habernos preparado en el “año del discipulado” como evangelizadores con espíritu, ahora la misión se hace experiencia de encuentro, llamada y anuncio en cada una de nuestras parroquias y, en ellas, en cada barrio, en cada casa, en cada persona. De momento sólo os pido que preparéis el ánimo y que estéis dispuestos a intervenir en aquello que se os encomiende en vuestra comunidad parroquial. La Misión es “un gran movimiento”, que se prepara y que se realiza entre todos: primer en el corazón y después en la estrategia pastoral. Es verdad que sin la ayuda del Señor y de su Espíritu, no tendría muchas posibilidades de salir adelante, pero, confiando en Él, cada uno de nosotros ha de poner lo mejor de sí mismo y eso ha de compartirlo con otros. .

En la diócesis estamos preparando todo con gran ilusión: el diseño y los materiales, que es lo que corresponde, van estando a punto. Cuando lleguen a todos vosotros, hacedlos vuestros y, sobre todo, hacedlos misión. Con esa ayuda seréis misioneros, haréis lo que os corresponde hacer como cristianos bautizados; y a todos aquellos a los que logréis acercaros con intención misionera les haréis llegar la buena noticia de Jesús. Por mi parte, estoy preparando una carta pastoral, con la que quiero iluminar esta experiencia diocesana, que estoy seguro nos va a ayudar a situarnos todos en estado de misión: “Cada parroquia una misión. Cada cristiano un misionero.” Nuestro lema empieza ya a ser una realidad: la parroquia será el espacio de comunión del sentido misionero de cada cristiano. Si lo hacemos bien, la parroquia y nosotros entraremos en dinamismo evangelizador.

Como veis, trabajo no nos falta e ilusiones tenemos a raudales. Entremos, pues, en la vida de nuestra Iglesia diocesana y hagamos aquí, en esta bendita tierra de misión en la que el Señor nos ha encomendado ser testigos de su amor, lo que esté en nuestras manos para que la evangelización tenga un impulso permanente y así Jesucristo sea amado y servido. No nos olvidemos de que evangelizamos poniendo siempre en movimiento los cuatro horizontes de la Iglesia: un servicio de la Palabra que la acerque a todos, una vida de oración, sacramental y celebrativa abierta siempre a la gracia del Señor, una experiencia cristiana en medio del mundo con estilo evangélico y un servicio permanente a los pobres. “Toda comunidad es «adulta», cuando profesa la fe, la celebra con alegría en la liturgia, vive la caridad y proclama la Palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para llevarla también a las «periferia» (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Misionera Mundial, 19 de mayo 2013).

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodriguez Magro,

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.