La fiesta del nacimiento de la Virgen María

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Hemos dejado atrás en el tiempo la dormición y Asunción de la Virgen en cuerpo y alma a los cielos. La fiesta de la Virgen de Agosto es el final del camino en la tierra de la Madre de Dios, y ahora, en septiembre, volvemos al principio de la historia de la Salvación preparándose Dios una madre, nacida sin pecado, que nos traerá a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.

Como nos sabemos la Historia Santa, el Nacimiento de la Virgen nos sabe a esperanza, después vendrá Jesús “el nacido de una mujer”, como dice San Pablo, pero, de momento, se nos abre el horizonte y la tierra y los humanos no somos tan malos, nacemos y se nos ofrece el bautismo salvador a casi un tercio de la población mundial y hay otras religiones que saben también del origen y creación de la vida que la orienta, desde el comienzo, hacia el bien. Y, de todos ellos, María, la doncella de Nazaret, nace buena, sin mal, sin pecado, y su vida será plenamente santa.

De la mano de esta Niña que nace, se me va el pensamiento a los niños que se bautizan y que sabéis orientar los padres cristianos llevándolos a la Catequesis y a las celebraciones de la comunidad eclesial y a la clase de Religión. En mi pueblo hay un pequeño retablo que incluye dos lienzos: el de Santa Ana con un cestillo de preciosas flores con las que juega la Virgen Niña, simbolizando el cuidado de la «Llena de todas las Gracias», y la figura de San Joaquín que tiene un libro en la mano en su papel de educador de la Niña que sabrá recoger, ya madre gestante, el espíritu de la Escritura Santa en su Himno del Magníficat.

Y, de la mano de esta Niña que nace destinada a ser la Madre de Dios, se me va el pensamiento a los niños que nacen y serán religiosos o sacerdotes o padres de familia que harán presente también a Jesucristo en el mundo.

Dejadme que haga un llamamiento especial a todos para que tengamos monaguillos que sepan servir el altar en nuestras celebraciones litúrgicas y jóvenes que ayuden, no importa el sexo y, de la mano de esta actividad eclesial, se enamoren con mayor facilidad de Jesucristo para servirlo y tratarlo de cerca. Les agradezco a mis padres que pusieron ilusión en que sus hijos fueran monaguillos y, aunque después crecimos emigrantes lejos, fuera del altar, siempre me quedó la querencia de servir a Dios y a la Iglesia. La vocación, el sentir la llamada a la vida religiosa y sacerdotal especialmente encuentra una apoyatura importante en la vivencia directa junto al altar que es mesa de banquete y ara del sacrificio de Jesucristo en favor de los hermanos.

Celebremos con alegría el Nacimiento de María. Que la que será: «Madre del Evangelio viviente», sea efectivamente «manantial de alegría para los pequeños». Son muchos los pueblos de nuestra tierra que hacen estos días fiesta. Me atrevo a expresar mi malestar cuando se llega a ignorar, en algún caso, el verdadero motivo de la fiesta y se secuestra ?esta es la palabra? la imagen y su veneración con motivos menos legítimos que sirven para financiar los festejos populares. No, la Virgen es venerada porque nos trajo al Redentor, porque nos habla de la dignidad de la persona y cuida de los novios de Caná para que no caiga sobre ellos el baldón de que en su boda no hubiera vino, porque sabrá estar, de mayor, al pie de la Cruz y recibir el nuevo don de la maternidad de todos los hombres. Señora nuestra, que nos das pie para tanta alegría, ruega por nosotros. Amén. Aleluya.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.