Vuelta a la vida de cada día

gil-hellinMons. Francisco Gil Hellín      Pienso que muchos de los lectores habituales u ocasionales de esta columna habréis disfrutado de unos días de vacaciones. Otros, quizás habéis tenido que contentaros con los fines de semana y poco más. Incluso no faltarán quienes, en lugar de descansar, han tenido que hacer frente a situaciones especiales que les han supuesto un esfuerzo supletorio. De todos modos, independientemente de las circunstancias del verano, con septiembre volvemos a la normalidad y tenemos la sensación de comenzar o recomenzar de nuevo. ¿Qué podríamos plantearnos para esta nueva andadura?

Personalmente pienso que todos hemos de aspirar a ser mejores personas y proponernos hacer todo el bien que podamos a los que se crucen en el camino de nuestra vida, comenzando por la mujer, el esposo, los hijos y los compañeros de trabajo. Dentro de este capítulo habría que pensar en algún gesto solidario con los enfermos, ancianos solos, matrimonios en crisis o quebrados, emigrantes, parados. Si todos damos parte de nuestro tiempo y de nuestro dinero a estas personas, además de sentirnos mucho mejor con nosotros mismos, habremos creado un mundo más humano y más habitable.

Un segundo ingrediente para el nuevo curso que ahora comenzamos es ser más positivos ante la vida: quejarnos menos y disfrutar más con lo que tenemos. Actualmente existe una tendencia muy acusada a quejarnos y lamentarnos de todo. Sin negar que existan dificultades y aspectos negativos, habrá que convenir que no es lo único ni lo más importante. Necesitamos descubrir tantas cosas positivas y agradables que nos depara la vida: el matrimonio bien avenido, los hijos, los nietos, la comida de cada día, la salud, la amistad, la cobertura social de la enfermedad y de la educación y mil cosas más que nosotros disfrutamos y de las que están privadas muchísimas personas del tercer y cuarto mundo. La visión negativa de las personas y de los acontecimientos tiene el efecto de la tinta del calamar: lo emborrona todo de negro, distorsiona la realidad y no conduce a ninguna parte.

A la hora de volver de nuevo a la vida ordinaria, habría que pensar también en dar a Dios mucho más espacio en nuestra vida. El hombre no es ateo por naturaleza, al contrario, es naturalmente religioso. Cuando contempla la grandeza y belleza de la creación, los fenómenos cósmicos y los grandes acontecimientos se siente superado y necesitado de un ser superior. Esta impresión se agudiza cuando se detiene a preguntarse por los grandes porqués de su existencia: por qué ha venido al mundo, por qué un día morirá, por qué existe el dolor, sobre todo, el de los inocentes, por qué triunfa el tramposo y fracasan las buenas personas y qué hay después de la muerte. El materialismo no resuelve estas cuestiones. Tampoco la ciencia y el progreso. Tiene razón Eagleton, un pensador actual muy escorado, por otra parte, al marxismo, al decir que “el Dios de los cristianos sigue siendo insustituible” y que “ninguna forma simbólica ha igualado la aptitud de la religión por relacionar las verdades más elevadas con la existencia cotidiana de incontables hombres y mujeres”.

Los cristianos deberíamos repensar, de cara al nuevo curso, que la mejor herencia que los padres y abuelos pueden transmitir a sus hijos y nietos es la fe que ellos han heredado. Para ello, no necesitan ser grandes teólogos ni grandes expertos. Si bendicen la mesa antes de las comidas, si Dios es un tema más de las conversaciones, si van a misa los domingos, si ayudan a Cáritas, si dan catequesis en la parroquia, si ven buenos programas de televisión… están creando un clima en el que sus hijos y nietos asimilarán la fe con la misma naturalidad con que respiran el aire puro.

¡Buen regreso y buen comienzo de curso a todos!

+Francisco Gil Hellín,

arzobispo de Burgos

 

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.