La lealtad, el compartir, la acogida el diálogo, la confianza en el otro, valores del fútbol y el deporte en general

1_0_822842La tarde de ayer lunes en el Aula Pablo VI del Vaticano el Papa Francisco encontró a los participantes del partido interreligioso por la paz, que se jugará esta noche en el Estadio Olímpico de Roma: “en esta ocasión tan singular y significativa, como lo es la competición futbolística de hoy, deseo entregar a todos ustedes este mensaje: ¡ensanchen sus corazones de hermanos a hermanos!”, fue la invitación del Obispo de Roma, quien se auguró que este evento pueda reavivar en cuantos participan la consciencia de la necesidad de comprometerse para que el deporte contribuya a llevar un valido y fecundo aporte a la pacifica coexistencia de todos los pueblos, excluyendo toda discriminación de raza, de lengua, y de religión. “Religión y deporte, entendidos en esta forma auténtica, pueden colaborar y ofrecer a toda la sociedad señales elocuentes de aquella nueva era en la que los pueblos ‘no alzarán más la espada uno contra el otro’”.

Texto completo de las palabras del Papa

¡Queridos amigos, buenas tardes!

Estoy feliz de encontrarlos con motivo del partido interreligioso por la paz, que jugarán esta noche en el Estadio Olímpico de Roma. Les agradezco porque han adherido con rapidez a mi deseo de ver a campeones y entrenadores de varios países y de diversas religiones enfrentarse en una competición deportiva, para testimoniar sentimientos de fraternidad y de amistad. Mi reconocimiento va de forma particular a las personas y a los entes que han contribuido a la realización de este evento. Pienso de manera especial a la “Scholas Occurrentes”, que obra ante la Pontificia Academia de las Ciencias, y a la “Fundación Pupi Onlus”.

El partido de esta noche será ciertamente una ocasión para recoger fondos de apoyo a proyectos de solidaridad, pero sobre todo para reflexionar sobre valores universales a los que el fútbol y el deporte en general pueden contribuir: la lealtad, el compartir, la acogida el diálogo, la confianza en el otro. Se trata de valores que acomunan a toda persona independientemente de la raza, de la cultura y del credo religioso. Es más, el evento deportivo de esta noche es un gesto altamente simbólico para hacer entender que es posible construir la cultura del encuentro y un mundo de paz, donde creyentes de religiones diversas, conservando su identidad – porque cuando he dicho “independientemente” esto no quiere decir “dejar de lado”: no – creyentes de religiones diversas, conservando su propia identidad, pueden convivir en armonía y en el respeto reciproco.
Todos sabemos que el deporte, en particular el futbol, es un fenómeno – un fenómeno, si – humano y social que tiene tanta importancia e incidencia en los usos y en la mentalidad contemporánea. La gente, especialmente los jóvenes, los observan con admiración por sus capacidades atléticas: es importante dar un buen ejemplo ya sea en el campo que fuera del campo. En las competiciones deportivas están llamados a mostrar que el deporte es alegría de vivir, juego, fiesta, y como tal debe ser valorizado mediante la recuperación de su gratuidad, de su capacidad de estrechar lazos de amistad y la apertura de unos hacia los otros. También con sus comportamientos cotidianos, cargados de fe y de espiritualidad, de humanidad y de altruismo, pueden dar testimonio a favor de los ideales de pacífica convivencia civil y social, para la edificación de una civilización fundada sobre el amor, sobre la solidaridad y sobre la paz. Y esta es la cultura del encuentro: trabajar así.

Que el encuentro futbolístico de esta noche pueda reavivar en cuantos participan la consciencia de la necesidad de comprometerse para que el deporte contribuya a llevar un valido y fecundo aporte a la pacifica coexistencia de todos los pueblos, excluyendo toda discriminación de raza, de lengua, y de religión. Ustedes saben que discriminar puede ser sinónimo de “despreciar”. La discriminación es un desprecio, y ustedes con esta partida de hoy, dirán “no” a toda discriminación. Las religiones, en particular, están llamadas a hacerse vehículo de paz y jamás de odio, porque en nombre de Dios se debe llevar siempre y solamente amor. Religión y deporte, entendidos en esta forma auténtica, pueden colaborar y ofrecer a toda la sociedad señales elocuentes de aquella nueva era en la que los pueblos “no alzarán más la espada uno contra el otro” (cfr Is 2,4).

En esta ocasión tan singular y significativa, como lo es la competición futbolística de esta noche, deseo entregar a todos ustedes este mensaje: ¡ensanchen sus corazones de hermanos a hermanos! Este es uno de los secretos de la vida: ensanchar los corazones de hermanos a hermanos; y también la dimensión más profunda y auténtica del deporte. Gracias.

Raúl Cabrera-Radio Vaticano

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