La virtud de pensar en los demás

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol       Los árboles no surgen de repente, sino que nacen a partir de una semilla y crecen despacio, a veces hasta hacerse enormes y cobijar a muchas personas a su sombra. La caridad sería la virtud que tiende a buscar a Dios y encontrarle en el servicio a los hermanos: el buen hábito de pensar en los demás, no de forma teórica, sino mirando a los ojos de cada uno.

Es lo que hizo una joven francesa, Juana Jugan, un frío día de invierno de 1839. Halló a una anciana ciega y enferma que se había quedado viuda y la llevó a su casa. Así nacieron las Hermanitas de los Pobres, que han acogido a miles de ancianos desde entonces.

Es también lo que hizo Isidoro Lezcano, trabajador del Servicio Meteorológico de Ceuta, cuando vio, en los años sesenta del siglo pasado, que Dios le llamaba a atender a enfermos incurables necesitados de asistencia continua. Para ello fundó los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca, que conviven con ellos como si fueran de la misma familia, les ayudan a lavarse, vestirse, a veces les llevan el alimento a la boca, pasean en su compañía y les introducen en trabajos sencillos cuando es posible.

Personalmente también he podido contemplar el fruto de otra iniciativa vocacional: la Comunidad del Cenáculo, nacida en julio de 1983 en Italia, cuando sor Elvira Petrozzi comienza a reparar una casa abandonada de una colina de Saluzzo para acoger en ella «a la humanidad herida», chicos y chicas que proceden del mundo de la marginación y de la calle, frecuentemente con problemas de droga, y ahora buscan la alegría en una experiencia comunitaria fuerte de oración y compartir cristianos.

He querido ejemplificar en tres iniciativas la innumerable labor caritativa de la Iglesia, como podría haber citado a Cáritas, Manos Unidas, y a tantas más. ¿Qué tienen en común? Buscar el bien de los demás, sobre todo de los más necesitados.

La caridad supera el egoísmo de pensar demasiado en uno mismo y se vuelca en los otros. Es también la virtud de no hablar mal de nadie y menos si no está presente, como quería Victor Hugo, que cuando tenía invitados a su mesa colocaba una silla vacía con esta inscripción: «Los ausentes están aquí».

Tener presentes a los ausentes, a los que permanecen en la cuneta de nuestra sociedad –en las periferias, como dice el papa Francisco– es el ejercicio de la caridad que Jesucristo situó como primera de las virtudes.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
Acerca de Mons. Jaume Pujol 324 Articles
Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.