LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO – Día de la Eucaristía y del descanso. El domingo no es un día laborable

Mons. Vicente Jiménez ZamoraMons. Vicente Jiménez      El domingo es una de las primeras y más antiguas instituciones cristianas. Su origen está en la resurrección del Señor en el primer día de la semana judía. El precepto dominical de la participación en la Eucaristía y del descanso, que nos pide la Iglesia, favorece el cultivo de los fines religiosos, espirituales y humanos del domingo.

Santificar el domingo y los días de fiesta exige un esfuerzo común. A pesar de las presiones económicas, políticas y de la liberación de horarios comerciales, los poderes públicos deben asegurar a los ciudadanos un tiempo destinado al descanso. El hombre está hecho no sólo para trabajar, sino también para descansar.

El domingo es un verdadero servicio para el bienestar de la sociedad, porque es un signo de la resistencia a que el hombre sea totalmente acaparado por le mundo del trabajo. Por eso los cristianos, en los países de tradición cristiana, como España, reclamamos la protección estatal y de las instituciones públicas del domingo. Todos debemos colaborar en el “respiro” de la Creación.

Hoy, en los mismos países en los que las leyes establecen el carácter festivo del domingo, la evolución de las condiciones sociales y económicas ha terminado por modificar profundamente los comportamientos colectivos y la misma fisonomía del domingo.

Entre nosotros se va consolidando ampliamente la mentalidad y la práctica del “fin de semana”, entendido como tiempo semanal de reposo,
vivido a veces lejos de la vivienda habitual, y caracterizado frecuentemente por la participación en actividades culturales, políticas, comerciales y deportivas, cuyo desarrollo coincide en general precisamente en el domingo y días festivos.

Se trata de un fenómeno social y cultural, que tiene ciertamente elementos positivos en la medida en que contribuye al respeto de valores
auténticos, al desarrollo humano y al progreso de la vida social en suconjunto. Responde no sólo a la necesidad, sino también a la exigencia de
“hacer fiesta”, propia del ser humano.

Por desgracia, y hay que lamentarlo, cuando el domingo pierde su significado originario y se reduce a un puro “fin de semana”, sucede que el
hombre queda encerrado en un horizonte tan estrecho que no le permite ya ver el “cielo”. Entonces, aunque vestido de fiesta, interiormente es incapaz de “hacer fiesta”.

Una mentalidad que reduce el hombre a “economía” se puede preguntar: ¿Cuánto nos cuesta el domingo? La misma pregunta es ya el ataque decisivo al domingo. Pues el domingo es precisamente domingo, porque no cuesta nada y no aporta nada en sentido económico. Tiene el
valor de la gratuidad., que es fundamental en al vida. Lo que más vale siempre es gratuito. La pregunta de lo que cuesta mantener el domingo
como día sin trabajo, presupone en verdad que mentalmente ya hemos convertido al domingo en un día laborable.

El deber de santificar el domingo, sobre todo, con la participación en la Eucaristía y con un descanso lleno de alegría cristiana, de fraternidad y
de vida de familia, se comprende bien si se valora adecuadamente el domingo en todas sus dimensiones. El tiempo ofrecido a Dios nunca es un
tiempo perdido, sino más bien ganado para la humanización profunda de nuestras relaciones humanas y de nuestra vida.

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander

Mons. Vicente Jiménez Zamora
Acerca de Mons. Vicente Jiménez Zamora 247 Articles
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.