Finaliza agosto, vuelve la normalidad

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas         Pensando que la próxima semana comienza de nuevo para muchos  lo que llamamos “vida ordinaria y normal”,  he creído oportuno expresar con palabras algunas muestras de nuestro proceder, como signo expresivo del amor hacia los demás. El mandamiento del amor con frecuencia se manifiesta de una manera importante, pero de forma sencilla y humilde. He escogido algunas de las expresiones que no podemos olvidar o que debemos recuperar.

Muchas gracias. Es muy importante dar gracias porque demuestra que somos conscientes de lo que recibimos y de quien lo recibimos. Gracias por la vida, gracias por cada mañana, por las personas con las que me he encontrado y me han saludado. Gracias por quienes cuidan de mí o de quienes he recibido unos buenos días o unas palabras de afecto, de consuelo; por quienes me han ofrecido una sonrisa… No olvidemos dar gracias a Dios por sus “regalos” de cada día. Incluso en aquellos días un tanto oscuros… porque nos da fuerzas para afrontarlos. Y gracias  a las personas. Habéis pensado que sería de nosotros sin las personas que están a nuestro lado, que piensan en nosotros, en tantos profesionales, servidores…

Seamos agradecidos y recibiremos agradecimientos, ya que “caeremos en gracia”.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches. Los buenos deseos también se transmiten por medio de palabras sencillas. La salutación es reconocimiento, es deseo y compromiso de hacer todo lo que esté en nuestras manos para que en verdad sea un buen día o una buena noche para aquella persona.

La salutación,  si es sincera y va acompañada de una sonrisa, es esencial para la convivencia educada y pacífica. Esforzarse en conseguir una buena convivencia es una forma de amar. No olvidemos que el amor a Dios y a los demás resume el Evangelio, el nuevo mandamiento.

Por favor. Es la forma de expresar a la persona o personas la necesidad que tenemos los unos de los otros. Es un reconocimiento a nuestras limitaciones y necesidad de ayuda, que no sumisión. En cierta ocasión y mientras atendía a una persona en sus últimos momentos de vida, me dijo con toda lucidez: “He intentado ser un favor para quienes me han rodeado, pero quizás no siempre lo haya conseguido. Pido perdón por ello esperando que Dios me muestre su favor”. Que sea signo de humildad, nunca de humillación.

Te quiero. Con frecuencia cuesta decirlo sinceramente y con el verdadero sentido que tiene el amor, que es donación, servicio, interés, compromiso. Deseamos escucharlo de los demás o del otro,  pero cuesta decirlo cuando no se persigue obtener beneficio alguno.

No iremos diciendo a todos que les amamos, pero pensemos en los más próximos, en quienes hacen el camino de la vida junto a nosotros. Pensad en ello los esposos; también los padres e hijos, los abuelos y los hermanos. No demos por hecho que “ya lo saben…”.

Te felicito. Alegrarse sinceramente de cualquier hecho que afecta  a una persona y desearle felicidad es un reconocimiento que se agradece y valora. No en vano el deseo es compromiso de verdad.

Y ahora pensemos en la plegaria de la mañana o de la noche. Si aprendiéramos a dar gracias a Dios, a sentirnos amados por Él y a decirle que le amamos; si le pedimos un buen día y una buena noche, que nos de sus favores, especialmente la capacidad de amar, y descubrimos la verdadera felicidad que Jesús nos propone… el día a día del nuevo curso será una “buena noticia”.

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 403 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.