Reflexiones al final de un Curso Pastoral

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez      El 21 de junio se cumplieron cinco años de mi toma de posesión de esta bendita Iglesia de Toledo. Es ya un espacio de tiempo suficiente como para sentir que soy responsable de lo que acontece en la Diócesis, lo bueno y lo malo, los logros y las lagunas. Evidentemente no soy el único responsable, pero sí el máximo responsable. Así lo quiere el Señor, que dijo que al que más se le da más se le exigirá. Es un tema como para echarse a temblar, pero Jesucristo no nos abandona solos con nuestra carga: ha dicho que esa carga es ligera, si estamos con Él unidos por el yugo de la misión que el Padre de los cielos nos encomienda.

Siento, hermanos, que en estos años he avanzado en conocimiento de personas, parroquias, grupos apostólicos, movimientos y comunidades, asociaciones y otras muchas hermosas realidades de nuestra Diócesis. Es la vida de la Iglesia en la sociedad toledana. Me queda mucho por conocer y sobre todo por amar y servir. Seguro que muchos de vosotros tenéis muchas cosas que reprocharme con razón. Pero tengo la paz de haber dedicado todo mi tiempo a esta Iglesia, y no a buscarme a mí mismo. Confío en el Obispo auxiliar, Don Ángel Fernández Collado; confío en el Consejo episcopal, en esos sacerdotes concretos que me ayudan más de cerca. Pero confío y quiero a los demás sacerdotes, que trabajan y duro en tantos campos de la actividad de la Diócesis. Cada vez conozco y trabajo con más fieles laicos, lo cual es un gozo.

A veces me queda poco tiempo para compartir con los religiosos y otros consagrados, pero la vida a veces no da para más. Yo me siento cómodo en la sociedad toledana, pero tal vez soy un ciudadano atípico, porque como obispo soy de todas partes y me relaciono con tantas personas de tantos pueblos y ciudades; vivo los avatares de nuestro tiempo, con sus dificultades y problemas que tienen los hombres y mujeres concretos, que son católicos o no, creyentes o no, aunque sean los católicos mi preocupación más inmediata. Es cierto también que siento que vivimos demasiado deprisa, con muchas luchas, normales o un tanto extrañas; que tenemos a atender a muchas cosas y, por ello, estamos un tanto desenfrenados o sin mucha paz por tantas prisas.

Siento muy de cerca los problemas de España, variados y complejos, y la dificultad de la gobernabilidad y esa tendencia a disgregarnos porque no pensemos igual. Rezo por las autoridades en una patria nuestra compleja, pero bella y atractiva. Llevo bien la separación Iglesia/Estado, pero no entiendo por qué posturas de incomprensión un tanto rancias de lo que es la Iglesia, que busca también, ¡cómo no!, el bien de toda la sociedad y la participación en la solución de problemas y dificultades. Me duele la falta de trabajo, la injusticia, la falta de igualdad o el “descarte” en palabras del Papa Francisco.

Mirando la vida interior de la Iglesia, me preocupa la educación de las nuevas generaciones, la falta de vocación al matrimonio, la mala gestión en educar para el amor y una sexualidad menos reduccionista; también la falta de vocación al sacerdocio y a la vida religiosa. Y aquí me apenan mucho las pocas vocaciones a la vida contemplativa de clausura. Monasterios, comunidades de monjas, que son parte de la historia de nuestro pueblo y de nuestra Iglesia, se quedan vacíos con sufrimiento. No soy pesimista, porque sé que el Señor conduce a su Iglesia, pero no quiero ser ingenuo y luchar cada día por ese reino de Dios, que se hace visible en la Iglesia, pues Jesús nos invitó a cada día ir a la viña a trabajar. Lo más importante que tenemos en la vida de la Iglesia de Toledo es proporcionar a todos el encuentro con Cristo vivo y que no nos convirtamos en algo rígido, sin vida, sin la alegría de la fe.

¿Entendéis por qué debemos rezar unos por otros? ¿Comprendéis por qué oráis cada día en la Santa Misa por vuestro Obispo? No dejéis de hacerlo, hermanos. Yo lo hago también por vosotros. Hay muchos años que vivir en esta maravillosa aventura de ser discípulo de Jesús, el Señor, y la alegría de su Evangelio.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
Acerca de Mons. Braulio Rodríguez 314 Articles
Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.