Iglesia partida (IV)

AGUSTINCORTÉSMons. Agustí Cortés       Algunos pueden llegar a pensar que todo sufrimiento humano, incluida la enfermedad, tiene su origen en “una mala gestión de la vida humana social o personal” y que, por tanto, estaría en nuestras manos crear un mundo feliz. No entramos en esa cuestión. Nos basta aquí aceptar que ese sufrimiento, como la enfermedad, es un hecho y que la Iglesia llora y se pone a prueba en aquellos que lo padecen. Más allá de bellas ilusiones y teorías, la gran pregunta es cómo podemos vivir ese sufrimiento sin hundirnos.

Buscar el sufrimiento por él mismo, por el “placer del dolor”, o como ocasión de autoafirmación, o como un logro heroico, es algo enfermizo y sobre todo antievangélico. Pero lo que tenemos ahora delante es ese sufrimiento que llamamos “misterioso”, por ser vivido en el seno de la Iglesia de una manera consciente, integrada, con pleno sentido, casi como misión, a modo de “carisma”.

Un modelo de este sufrimiento fue Marta Robin (Châteauneuf-de-Galaure, 1902-1981). Su vida sería calificada por cualquiera como un no vivir absoluto. Una muerte continuada desde los dieciséis años, cuando tuvo los primeros síntomas de una encefalitis crónica y progresiva, que le fue paralizando todo el cuerpo e incapacitándole para ver la luz, con terribles dolores, durante cincuenta años. De una manera totalmente inexplicable desde el punto de vista científico, médico y psiquiátrico, permaneció cincuenta años sin comer, ni beber ni dormir, en una postración constante, sólo comulgando, orando y recibiendo a miles de personas, que iban a visitarle. Jean Guitton se acercó a ella con las prevenciones propias de un moderno racionalista; y al publicar su estudio era consciente de que resultaría desconcertante e irritante para cualquiera. Para él la existencia de Marta Robin transcurría en el límite mismo de esta vida y de la otra, manteniéndose en el umbral de la muerte y de la vida sobrenatural. Sus palabras traslucían transparencia, sencillez, clarividencia, inocencia, alegría y esperanza, a pesar de que sentía física y psicológicamente los dolores de la Pasión de Cristo.

El momento clave para entender el testimonio de Marta Robin fue cuando, transcurridos unos años desde los primeros síntomas de la enfermedad, en los que buscaba vivir cristianamente el sufrimiento sin encontrar respuesta clara, escucha a unos padres capuchinos en misión, que anunciaban el mensaje paulino de la participación por amor en los sufrimientos de Cristo. Desde entonces experimenta un progresivo adentrarse místico en la comunión de Cristo sufriente. Pero lo más importante es la fecundidad eclesial que de ello se derivaba. No sólo empezó a ver claro sobre su realidad personal, sino también sobre la vida de los demás y ante todo, sobre la vida de la Iglesia.

Y no sólo logró ver claro, sino que también se convirtió en motor creativo de obras pastorales y sociales. De ella salió la obra de los “Foyers de Charité” (más de 70 en todo el mundo) y dentro de la Renovación carismática inspiró la creación de las Comunidades de St. Jean, de Emmanuel, así como Comunidad deLes Béatitudes”. En 1930 dictó una carta donde decía:

“El fin de año finaliza en íntima unión de mi alma con Dios. Mi ser ha sufrido una transformación tan misteriosa como profunda. Mi felicidad sobre mi lecho de enferma es profunda, duradera, pues es divina. ¡Qué obra, qué elevación! Y ¡cuánta agonía de la voluntad he necesitado para morir a mí misma! Jesús se hacía tan tierno para un alma sangrante, tomando sobre Él todo lo penoso de la prueba, dejándome el mérito de seguirle sin resistencia. La enfermedad nos priva de nuestros medio de actuar, pero crea otros poco comprendidos… Dios es Señor de todas las almas y, para cada uno, Señor de todos los días”

He aquí la fecundidad misteriosa del amor atravesado por la Cruz.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.