Practicar los ejercicios espirituales de la mano de San Ignacio de Loyola, su más genial autor

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña      El próximo jueves, día 31 de julio, celebramos en la Iglesia la memoria de San Ignacio de Loyola.

Todos conocemos el perfil humano y espiritual de este gigante de la santidad y las grandes obras de salvación que Dios nuestro Señor realizó a través de su persona.

El fundador de la Compañía de Jesús fue un español que nació en la casa-torre de Loyola (Azpeitia) el año de gracia de 1491. Como tan hermosamente escribe acerca de él su biógrafo y hermano jesuita el P. Ricardo García Villoslada, “en el valle que baña el río Urola, entre Azcoitia y Azpeitia, corrieron los primeros pasos de aquel niño de cara redonda y sonrosada, último vástago – el décimo tercero concretamente – de una familia rica y poderosa en el país”.

La educación que el niño recibió en su hogar fue profundamente religiosa. Parece que su padre quería orientarle hacia la carrera eclesiástica, pero al niño le fascinaba mucho más la vida caballeresca y aventurera de sus hermanos mayores. Poco antes de morir su padre, el caballero don Juan Velázquez de Cuéllar pidió a éste le enviase al más joven de sus hijos para educarlo en palacio y abrirle las puertas de la corte. Y así se hizo. Don Juan recibió a Iñigo entre sus hijos y le dio una educación exquisitamente cortesana y caballeresca, lo mejor y más heredable de la cual habrían de admirar después en el fundador de la Compañía todos cuantos se acercaban a él: distinción en el porte, en la conversación, en el trato y hasta en el comer.

Muerto Don Juan Velázquez en 1517, Ignacio o Iñigo se acogió a otro pariente suyo, Don Antonio Manrique, duque de Nájera y virrey de Navarra. Y, sirviendo al duque, participó en sosegar los tumultos ocurridos durante la revolución de los comuneros. De este modo, hubo de pelear animosamente en la defensa del castillo de Pamplona contra los franceses, hasta que el 20 de mayo de 1521 cayó herido en las piernas por una bala de cañón.

Pues bien, durante el tiempo en que estuvo convaleciente, no encontrando las novelas de caballería que él habría deseado, se puso a leer las Vidas de los Santos del dominico Giacomo da Varazze, y la Vida de Cristo, de Ludolfo de Sajonia, lo que le encendió en deseos de imitar las hazañas de aquellos héroes y de militar al servicio no de un “rey temporal”, sino del “Rey eterno y universal, que es Cristo Nuestro Señor”.

Por causa de aquellas lecturas comenzaron a sucederse en el espíritu de Ignacio pensamientos dispares y opuestos, pues unas veces se sentía contento y entusiasta, y otras veces, sobre todo cuando le venían a la mente los avatares de su vida anterior, triste y replegado sobre sí.

Y fue entonces cuando se obró el milagro. Como nos dice Luis Gonçalves de Cámara de labios del mismo santo, Ignacio aprendió a discernir el buen espíritu del mal espíritu, a distinguir entre el espíritu que viene de Dios, y que da paz y alegría al alma, y el espíritu que procede del demonio, y que sume a la persona en las tristezas y en las soledades y angustias más profundas.

Obrada así su conversión, Ignacio de Loyola emprende en 1522 una larga peregrinación a Jerusalén. Pero se detiene unos días en el santuario de Montserrat. Cambia allí sus ropas lujosas por las de un pobre; se consagra a la Santísima Virgen, hace confesión general y recibe de un monje benedictino las primeras instrucciones espirituales. A continuación, pasa un año en Manresa, llevando al principio vida de continua oración y penitencia; luego, de apostolado y de asistencia a los hospitales; y en una cueva de los alrededores de Manresa escribe, iluminado por Dios, sus primeras experiencias en las vías del espíritu, normas y meditaciones que, perfeccionadas ulteriormente, constituirán el contenido del inmortal librito de los Ejercicios Espirituales, “el código más sabio y universal de la dirección espiritual de las almas”, como dijo un día el papa Pio XI.

Al comienzo del librito, en las “Anotaciones”, encontramos indicaciones concisas y claras sobre el método y sobre la naturaleza de los Ejercicios espirituales (=EE), que consisten en una serie de “actividades del espíritu” guiadas por un fin (EE 1). El ejercitante que, en colaboración activa, consiente en dejarse “pilotar” sobre todo por el Espíritu de Dios, llegará a “vencerse a sí mismo y a ordenar su vida sin determinarse por ningún afecto desordenado” (EE 21); y, de este modo, a través de una serie de ejercicios, madurará su apertura y su aceptación del plan divino.

Pero ¿cuál es ese plan divino? Ese plan consiste en que el hombre llegue a realizarse de acuerdo con su ser, con lo que exige su ser creado. Y esto lo explica maravillosamente san Ignacio al comienzo de la primera semana de los EE en el así conocido como “Principio y Fundamento”, el núcleo del cual reza así: “El hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor y, mediante esto salvar su alma. Y las otras cosas que existen sobre la faz de la tierra han sido creadas para el hombre, y, concretamente, para que le ayuden en la prosecución del fin para el cual él fue creado. De donde se sigue que el hombre ha de usar de ellas sólo en cuanto que le ayudan a alcanzar su fin, y debe desprenderse de ellas en todo cuanto le impiden la obtención de ese fin…” (EE 23).

Pero vivir así sólo es posible por la ascesis del ejercicio del espíritu y por la acción positiva de Cristo en nosotros. Por eso, los EE de san Ignacio, que se dividen en cuatro semanas, se dedican en tres de sus cuartas partes a la contemplación de la vida de Cristo.

Dediquemos parte de nuestro tiempo de descanso en el mes de agosto a enfrentarnos con nuestro ser de la mano de san Ignacio, siguiendo el espíritu de sus Ejercicios Espirituales.

Manuel Ureña Pastor,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.