Cáritas Diocesana: Frente a la cultura del descarte

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano        Hace pocas fechas, Caritas diocesana de Teruel y Albarracín presentó su memoria anual. Las cifras que se nos desvelan en el informe son elocuentes y muestran la tarea de esta institución eclesial a favor de los últimos de nuestra sociedad. No estamos ante una memoria que nos ofrece datos y números sin más. Las cifras que leemos nos hablan de la vida de muchas personas con rostro, con nombres y apellidos, hermanos nuestros, a los que tenemos la obligación de acercarnos y de limpiarles las heridas, y de hacerlo conforme a los valores del Evangelio. Acompañarles, preocuparnos por ellas y ayudarles es una responsabilidad de todos.

El Papa Francisco describe con crudeza la actual situación de crisis, en un horizonte que trasciende fronteras, cuando habla de la existencia de una “economía de exclusión y una cultura del descarte”: “Hemos dado inicio a la cultura del «descarte » que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenó meno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes». (Evangelii Gaudium n.53).

Son muchas las situaciones de necesidad que están en nuestro entorno y muchas las personas que, a través de Caritas y otras instituciones caritativas de la Iglesia, se les está acompañando y sirviendo. El Papa Benedicto XVI, en la primera encíclica de su pontificado proponía un modo de actuar que sigue teniendo hoy plena validez: “Las organizaciones caritativas de la Iglesia, comenzando por Cáritas, han de hacer lo posible para poner a disposición los medios necesarios y, sobre todo, los hombres y mujeres que desempeñan estos cometidos. Por lo que se refiere al servicio que se ofrece a los que sufren, es preciso que sean competentes profesionalmente: quienes prestan ayuda han de ser formados de manera que sepan hacer lo más apropiado y de la manera más adecuada, asumiendo el compromiso de que se continúe después las atenciones necesarias. Un primer requisito fundamental es la competencia profesional, pero por sí sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, y los seres humanos necesitan siempre algo más que una atención sólo técnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atención cordial. Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo más conveniente en cada momento, sino por su dedicación al otro con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad. Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una « formación del corazón »: se les ha de guiar hacia ese encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad (cf. Ga 5, 6)”. (Deus caritas est n.31 a)

Gracias a los 442 voluntarios de Caritas que actúan en las 25 Caritas parroquiales y en la diocesana, gracias a todos los socios (casi 400) y benefactores y a los trabajadores de Caritas. Gracias a los que ejercéis de buenos samaritanos del tercer milenio junto a nuestros hermanos más necesitados. La tarea es mucha, pero con la ayuda y la disposición de todos, seguro que somos capaces de crear muchos espacios de esperanza. Y de hacerlo con corazón.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

 

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.