El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José María Yanguas      Queridos diocesanos:

Proseguimos con la exposición de la visión cristiana del matrimonio y de la familia. En una intervención anterior ponía de relieve las características esenciales del amor matrimonial: se trata de un amor exclusivo entre un hombre y una mujer; por su propia naturaleza es una amor con intención de permanencia, un amor con la marca o sello “para siempre”;  un amor, en fin, que abraza la persona entera, cuerpo y alma.

Es conveniente que nos detengamos un momento en cada uno de estos aspectos propios del amor conyugal, con el fin de captar su riqueza de contenido. Pero antes se impone decir una palabra sobre lo que podríamos llamar la visión cristiana del hombre, o, como decía San Juan Pablo II, la “antropología adecuada”, es decir, los presupuestos básicos  que nos permiten situar la cuestión del matrimonio y del amor matrimonial en el contexto justo que facilita su exacta comprensión.

El primer presupuesto pone de manifiesto que la persona humana no es ni un ángel privado de cuerpo ni un animal privado de espíritu. La persona humana es espíritu encarnado o carne dotada de espíritu. El hombre, varón y mujer, es persona corporal o cuerpo personal. Se subraya así que el cuerpo humano es un componente esencial de la persona humana. Podemos distinguir en el hombre entre cuerpo y alma, pero no podemos separarlos. Es lo que se quiere decir cuando se afirma que el hombre, varón o mujer, no tiene cuerpo, sino que es cuerpo. El cuerpo pertenece a nuestro ser hombre o mujer, es parte esencial de cada uno. Cuerpo y alma no están en nosotros como dos sustancias unidas extrínsecamente o superpuestas; el alma no está en el cuerpo como en una cárcel, de la que habría que liberarse cuanto antes y a todo trance. No; el ideal del hombre no es convertirse en un ángel, es decir, dejar de ser hombre y por tanto desnaturalizarse, perder su propia naturaleza, su modo de existir. Por eso no se puede disponer caprichosamente del propio cuerpo, como de un objeto que se tiene o posee. No es algo que se puede usar o manipular “a voluntad”. El cuerpo humano no es simplemente materia altamente organizada y compleja: tiene dignidad personal. Es cuerpo, cuerpo vivo, cuerpo personal, cuerpo habitado por el alma, por el espíritu. Cada uno es quien es también gracias a su cuerpo. Si nuestro cuerpo fuera otro diferente del que es, también nosotros seríamos “otros”, no seríamos los mismos. No es nuestro cuerpo como un traje que se pone o se quita, sin que nosotros cambiemos. Es fundamental saber que el hombre, varón o mujer se identifica con su propio cuerpo, aunque, claro está, no se reduce a él.  No pertenecemos al mundo de los espíritus, sino al de las personas con cuerpo.

Por otro lado, la persona humana existe como hombre o como mujer. Ambos encarnan por igual la persona humana.  Varón y mujer son por igual persona. Pero lo son de manera diversa. Y lo son por la voluntad creadora de Dios. El libro del Génesis lo dice con claridad: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer lo creó” (1, 27). La diferencia de los sexos es, pues, algo, expresamente querido por Dios. La persona humana se realiza como varón o mujer. La dimensión sexual, por tanto, pertenece al ámbito de la persona: no es, en absoluto, un simple hecho biológico. La persona es esencialmente cuerpo y cuerpo sexuado. Esto es muy importante.

Pero, ¿qué sentido tiene, por qué ha creado Dios a la persona humana como varón y mujer? La respuesta es simple si escuchamos la palabra de la Escritura: Dios no quiere que el hombre esté sólo; por eso lo ha hecho varón y mujer. No somos sólo individuos de una especie, somos personas, seres relacionados con otros. La idea de un Robinson Crusoe no nos da la idea exacta de persona. Persona quiere decir un ser relacionado, en comunión con otros. Pero basta por hoy. Seguiremos la próxima semana

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).