A los tres años de la Fundación de la Capilla de San Pascual Bailón para la Adoración Perpetua de la Eucaristía

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña        El pasado 30 de junio se cumplió el tercer aniversario de la bendición e inauguración de la capilla de San Pascual Bailón para la adoración perpetua de la Eucaristía.

Era necesario disponer en la diócesis de una capilla dedicada durante las 24 horas del día a la contemplación y adoración del Santísimo Sacramento. Así lo exigía la importancia del más santo y augusto de los siete signos eficaces de la gracia, a cuya esencia corresponde intrínsecamente la adoración; así lo pedían los fieles cristianos; y así lo recomendaba vivamente la Sede Apostólica.

Es claro que existe una relación intrínseca entre celebración y adoración de la Eucaristía. Tal relación quizá no se ha percibido siempre con nitidez (cf Sa Ca 66). Se ha llegado a decir, por ejemplo, que el pan eucarístico no nos habría sido dado para ser contemplado, sino para ser comido. Pero esta afirmación carece de fundamento, pues, como viene a decir San Agustín, nadie come de la carne de Cristo si antes no la adora. Más todavía: pecaríamos si la comiéramos sin adorarla. Realmente, el que viene a nosotros bajo las especies del pan y del vino consagrados, es una persona. Y no una persona cualquiera, sino la persona del mismo Hijo de Dios, con su naturaleza divina y su naturaleza humana, tan alto y tan poderoso como está en el cielo.

Pues bien, al ser una persona el que viene a nosotros en el sacramento eucarístico, es Él recibido por nuestra mente y por nuestro corazón antes de ser recibido por nuestros labios. Y, al ser esta persona el Rey de reyes y el Señor de los señores, nosotros le recibimos con la adoración. De ahí que la celebración eucarística sea ya en sí misma un acto de adoración. “Recibir la Eucaristía significa – dice el papa Benedicto XVI – adorar al que recibimos” (cf Sa Ca 66). Con lo cual, la adoración fuera de la Misa no hace más que prolongar e intensificar lo que ya se ha dado en la misma celebración de la Eucaristía. La importancia de la adoración eucarística salta, pues, fácilmente a la vista. ¿Acaso sin la adoración podría madurar una acogida profunda y verdadera del Cristo celebrado en la Eucaristía y convertido en alimento para mí? Sin la adoración de la Eucaristía se desemboca en el “cosismo” sacramental, tan acertada y duramente fustigado por la teología pastoral.

Y, en segundo lugar, la contemplación y la adoración de Cristo en el Espíritu son la fuerza motora de la evangelización y de nuestra entrega a Dios y a los pobres. Como tan realistamente ha señalado el papa Francisco en Evangelii Gaudium, ninguna motivación bastará para evangelizar si no arde en los corazones el fuego del Espíritu (cf EG 261). Los verdaderos evangelizadores son los que oran y trabajan. “Desde el punto de vista de la evangelización, – dice Francisco – no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón” (EG 262). “Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, – prosigue el Papa – las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga. La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración, y me alegra enormemente que se multipliquen en todas las instituciones eclesiales los grupos de oración, de intercesión, de lectura orante de la Palabra, las adoraciones perpetuas de la Eucaristía” (EG 262).

Se comprende así que, el 8 de diciembre de 2007, la Congregación para el Clero, queriendo favorecer la llamada del Santo Padre a la práctica de la adoración eucarística y tan pronta siempre a satisfacer la necesidad de presbíteros en las Iglesias particulares, enviara a todos los obispos del mundo una Nota explicativa para incrementar en las diócesis (parroquias, rectorías, capillas, monasterios, conventos, seminarios) la práctica de la adoración eucarística continua (perpetua y no perpetua, y de otras modalidades de adoración de la Eucaristía) en favor de todos los sacerdotes y de las vocaciones sacerdotales.

Respondiendo a esta llamada, poco a poco fueron surgiendo en las Iglesias particulares de todo el orbe capillas de adoración perpetua de la Eucaristía. Nosotros, inmersos también en este proceso, pudimos tener la nuestra en junio de 2011. Todos recordáis las dificultades que hubimos de vencer para conseguir la capilla, pues se necesitaba un espacio sagrado exento y éste no se encontraba. Consecuentemente, había que crearlo. Pero ¿dónde? Y entonces vino la iluminación. ¿Por qué no ubicar la capilla de la adoración perpetua en la planta baja de la Casa de la Iglesia, situada en la céntrica Plaza de la Seo, al lado mismo del Palacio Arzobispal? ¿Es que se podía encontrar un sitio mejor en la ciudad de Zaragoza? Y aquí se estableció.

Sólo quiero deciros que la Capilla ha venido conociendo un éxito rotundo desde el principio. Actualmente contamos con una base de más de 2.000 adoradores. Su celo por la Eucaristía es tal, que la cadena de la adoración no se ha roto nunca hasta ahora. Todos los adoradores han mostrado una abnegación digna del mayor encomio. Expreso mis más sinceras gracias a todos.

¡Adoremos al Santísimo! ¡Exhortemos a acudir a los templos para adorar al Señor! ¡Que cunda en todas partes la adoración eucarística! El fruto no será otro que el nacimiento de la pasión por el Evangelio y el surgimiento en todos del amor a Dios y a los hermanos, sobre todo a los más pobres y necesitados.

Manuel Ureña Pastor,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.