Compañía y protección de Nuestra Señora

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     A lo largo del verano se suceden las fiestas marianas que nuestros pueblos y ciudades celebran con especial ruido y ferias sin fin, añadidas a las celebraciones consabidas de las procesiones y de la Santa Misa, ya menos masiva, aunque los templos de parroquias, ermitas o santuarios se queden pequeños en estas ocasiones.

La primera del verano de más relieve y penetración social es la fiesta de la Virgen del Carmen, protectora y acompañante en los peligros más grandes. Es entre los pescadores donde tiene más arraigo esta devoción a la Virgen María y se va perdiendo en el tiempo la imagen de Nuestra Señora del Carmen sacando a las almas del Purgatorio y ayudándonos a superar las tentaciones para no caer en pecado evitando de este modo la necesaria purificación de los pecados después de la muerte.

Mi invitación hoy es que nos vayamos por lo derecho al conocimiento de quién es la Virgen María y qué lugar ocupa en la salvación que nos viene de Dios. Un resumen apretado pero bien iluminador es la alusión que hace el Papa a la Virgen María cuando nos habla de la Iglesia y su papel en la sociedad de nuestro tiempo en la exhortación Evangelii gaudium, documento de referencia que no debemos enterrar con el paso del tiempo. Os ofrezco íntegro el n.º 285:

«En la cruz, cuando Cristo sufría en su carne el dramático encuentro entre el pecado del mundo y la misericordia divina, pudo ver a sus pies la consoladora presencia de la Madre y del amigo. En ese crucial instante, antes de dar por consumada la obra que el Padre le había encargado, Jesús le dijo a María: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego le dijo al amigo amado: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26 – 27). Estas palabras de Jesús al borde de la muerte no expresan primeramente una preocupación piadosa hacia su madre, sino que son más bien una fórmula de revelación que manifiesta el misterio de una especial misión salvífica. Jesús nos dejaba a su madre como madre nuestra. Sólo después de hacer esto Jesús pudo sentir que “todo está cumplido” (Jn 19, 28). Al pie de la cruz, en la hora suprema de la nueva creación, Cristo nos lleva a María. Él nos lleva a ella, porque no quiere que caminemos sin una madre, y el pueblo lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio. Al Señor no le agrada que falte a su Iglesia el icono femenino. Ella, que lo engendró con tanta fe, también acompaña “al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap 12, 17). La íntima conexión entre María, la Iglesia y cada fiel, en cuanto que, de diversas maneras, engendran a Cristo, ha sido bellamente expresada por el beato Isaac de Stella: “En las Escrituras divinamente inspiradas, lo que se entiende en general de la Iglesia, virgen y madre, se entiende en particular de la Virgen María […] También se puede decir que cada alma fiel es esposa del Verbo de Dios, madre de Cristo, hija y hermana, virgen y madre fecunda […] Cristo permaneció nueve meses en el seno de María; permanecerá en el tabernáculo de la fe de la Iglesia hasta la consumación de los siglos; y en el conocimiento y en el amor del alma fiel por los siglos de los siglos”».

Sepamos pues a quién nos encomendamos en los peligros de la vida y sepamos cuáles son los que nos acosan hoy. El verano es un espacio vital importante en el transcurrir de nuestros días para parar, buscar caminos si hemos perdido el sendero de lo fundamental en nuestra historia personal, y encontrar a “quien”, además de estar en nuestro favor, es modelo atractivo para desarrollar una existencia llena de amor y felicidad. La Virgen del Carmen nos lleva al mejor puerto.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.