Peregrinación Anual de Nuestra Hospitalidad Diocesana a Lourdes

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña       Todos  los años, en los primeros días de julio, la Hospitalidad diocesana “Nuestra Señora de Lourdes” de Zaragoza emprende la peregrinación, atravesando los Pirineos aragoneses, hacia los santos lugares de la diócesis de Lourdes-Tarbes en donde la Santísima Virgen María se nos mostró a los hombres a mediados del siglo XIX.

En efecto, el 11 de febrero de 1858, tres niñas del pueblo de Lourdes, Bernardita, su hermana y una amiga, iban a recoger leña en unos prados situados en las inmediaciones del pueblo y se acercaron a la gruta de Massabielle. Por delante de aquella gruta pasaba un arroyo y el agua estaba muy fría. Las dos niñas más pequeñas, aunque llorando por el frío, cruzaron el arroyo. Pero Bernardita no se atrevió a causa del asma que sufría. De pronto, sintió una fuerte ráfaga de viento, observó que los árboles no se movían y acusó la presencia de un vivo resplandor en un hueco de la gruta. Entre aquel resplandor se divisaba a una jovencita muy hermosa, de su misma edad, que le sonreía. Era María Inmaculada. Pues bien, desde el 11 de febrero al 16 de julio de aquel año de 1858, se produjeron dieciocho apariciones de la Virgen Purísima. Y los gestos y las palabras que intercambiaron la Virgen y Bernardita durante aquellas apariciones en la gruta de Massabielle constituyen lo que se ha venido en llamar “Mensaje de Lourdes”.

La esencia de este mensaje puede sintetizarse así:

Todos los hombres aspiramos a la felicidad. La felicidad es el fin de la vida humana. El logro de la felicidad es la plenitud del hombre. El no llegar a la posesión de la felicidad supone la muerte, la pérdida del ser humano.

Pero el logro de la felicidad pasa necesariamente por el encuentro de la Verdad y del Amor, por el encuentro, en suma, con Dios. Y Dios, el Dios verdadero, es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, cuya palabra última y definitiva encontramos en el Evangelio y cuya persona divina encarnada en la naturaleza humana se nos hizo visible en Jesús de Nazareth. La presencia mística de éste hasta la consumación de su segunda venida en gloria se nos ofrece en los sacramentos de la Iglesia. De ahí que, como tan bien nos acaba de decir el papa Francisco, la fe en el Evangelio y el anuncio del Evangelio sean el mayor gozo que puede experimentar el alma humana. Este gozo, esta gran alegría, son el umbral mismo de la felicidad, pues son el gozo y la alegría del amor y de la verdad, dimensiones esenciales del ser de Cristo.

¿Qué hay, pues, que hacer? Sólo una cosa: convertir nuestras personas a Cristo, cambiar radicalmente de vida. Cargar cada uno con la cruz que Dios le ha dado y seguir al Señor, pues éste, que abraza y asume en su cruz las cruces de todos los hombres, es el único capaz de convertir la muerte en vida y de tornar cielo lo que era infierno. ¿No constituye esto, ya en este mundo, una anticipación de la felicidad?

Poco importa, pues, el estado concreto de nuestra vida. Porque, tanto si gozamos de buena salud como si sufrimos enfermedades del cuerpo o del espíritu, en el fondo todos estamos necesitados de la conversión a Cristo. Y tal conversión es lo único que traerá verdad, amor y paz a nuestros huesos quebrantados, a nuestra vida presa del miedo y de la angustia.

No otro es el mensaje que la Virgen concebida sin pecado dio a Bernadette en 1858. Y no otro es el mensaje que María Inmaculada da hoy a toda la peregrinación de la Hospitalidad diocesana de Nuestra Señora de Lourdes de Zaragoza, presente ya en los santos lugares de Francia desde el viernes, 4 de julio, por la tarde.

Resumiendo lo ya vivido, la peregrinación comenzó el viernes por la mañana con la ya tradicional misa en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar o misa de partida. Por la tarde, ya en Lourdes, celebramos el acto de bienvenida en la Basílica de la Inmaculada, edificada sobre la Cripta, mientras que los enfermos y los voluntarios realizaban este acto en el hospital para poder descansar tras el viaje.

Y, a partir de ayer sábado, día 5 de julio, se han venido celebrando la misa y unción, el paso por la gruta, el vía crucis en el Calvario y, hoy, domingo, celebraremos la misa internacional, que tiene lugar en la basílica subterránea de San Pio X. En esta liturgia eucarística vamos a participar todas las hospitalidades y personas de los diferentes países del mundo que estamos hoy en Lourdes. Emocionantes son también la procesión eucarística y la procesión de las antorchas.

Mañana, lunes, 7 de julio, concluiremos la peregrinación a Lourdes con la misa en la gruta, esto es, en la Gruta de Massabielle, lugar de las apariciones de la Virgen.

Oremos por los frutos espirituales de la peregrinación de Zaragoza a Lourdes. Pidamos por la Iglesia y por el mundo. Y, de un modo especial, pidamos por los pecadores y por los enfermos, para que en el encuentro con Cristo y con María, su madre, sean curados en Lourdes los primeros mediante su encuentro con el Señor en el sacramento de la confesión, y sanen los segundos con el alivio de la salud herida por la enfermedad.

¡Escucha, María, el clamor de los pecadores y de los enfermos!

Manuel Ureña Pastor,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.