Antes Benedicto XVI y antes…

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Escribo estas palabras después de ver la entrevista al Papa Francisco en una de nuestras cadenas de televisión en España, y escribo para el domingo siguiente del «Día del Papa» y bajo la influencia de la respuesta que el Papa Francisco da al entrevistador que le pregunta sobre los cambios que piensa realizar en la Iglesia.

«Me vine a Roma con una valija chiquita pensando en volver». Símbolo claro de lo que dijo a continuación: «Lo que estoy haciendo es cumplir lo que los cardenales dijimos en lo que se llama Congregaciones Generales». Matizó el Papa que lo hace bajo su entera responsabilidad, pero ya nos habla de la confianza que tiene en los que saben en la Iglesia. Se niega el Papa a ser un iluminado que improvisa cada movimiento. Otro ejemplo es cuando el entrevistador le pregunta sobre el pasado y todavía pretendido por algunos «conflicto fe-ciencia». Es en este punto cuando le sale espontáneamente al Papa su pertenencia a la cadena apostólica como sucesor de san Pedro: «El Papa Benedicto ha escrito…, tiene un buen magisterio sobre la relación entre ciencia y fe…».

Son pequeñas muestras de algo muy profundo que va entrelazando la cadena apostólica a lo largo del tiempo. Podría recordar aquí continuas citas a documentos e intervenciones de los papas anteriores; y es aquí donde debemos poner nuestra atención en unos momentos en que los medios de comunicación, siguiendo su tendencia a subrayar la actualidad y las prisas por adelantarse a los demás en la publicación de cualquier noticia, sobre todo si con ello se logra más audiencia y se consigue más cartera de anuncios.
Más allá de las improntas personales que cada Papa pueda tener, sobre todo los estilos personales de los que hemos conocido, ante todo y sobre todo, en todo momento, son los sucesores de san Pedro, y, como tales, han de ser acogidos, aceptados y queridos. El Papa no es un producto que se puede escoger —a la carta— y quedarse con el que más nos gusta. Sería tanto como negar que la iniciativa la tiene Dios en el quehacer y la vida de la Iglesia, y sería negar también que la Iglesia vive hoy y para hoy en continuidad con el pasado sí y, por supuesto, adelantando y proyectando el avance hacia la vida eterna en la consumación de los siglos.

Por otra parte, vivimos en un momento privilegiado de la vida de la Iglesia siendo testigos de la dimisión por razones de salud del Papa Benedicto XVI, testigos de su humildad y sencillez al aceptar al que ha sido elegido y proclamado Papa en la persona del cardenal Bergoglio. El abrazo y las señas de comunión que hemos vivido personalmente los obispos españoles durante nuestra estancia en Roma con motivo de la Visita ad limina y ese momento de especial importancia histórica de la canonización de san Juan XXIII y san Juan Pablo II que realizó el papa Francisco con la presencia del papa emérito Benedicto XVI son datos y signos que nos ofrece el Espíritu Santo para caminar seguros en las certezas que nos proporciona nuestra fe. Motivos todos para dar gracias a Dios porque sigue bendiciendo a su Iglesia con la sucesión apostólica y hoy para pedir una docilidad total a los impulsos del mismo Espíritu Santo para seguir las indicaciones, testimonios y orientaciones que nos va proporcionando el Papa Francisco. Docilidad que hay que reclamar más fuertemente cuando nos ofrece algo que nos gusta menos o no coincide con nuestras personales maneras de pensar o de ser. No se nos pide a los católicos una mal entendida obediencia ciega, sino una afectuosa y efectiva comunión eclesial.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.