TÚ ERES PEDRO

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez         Conocemos bien estas palabras de Jesús: «Yo te digo, tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16, 18). La palabra clave de este texto es «iglesia», en griego ekklesía. Es una palabra antigua, se usaba antes del cristianismo. Significaba la asamblea del pueblo, pero no una asamblea de modo informal, sino una asamblea oficialmente convocada. El término hebreo fue usado, pues, en la traducción griega de la Biblia.

¿En qué momentos se reunía de modo oficial el pueblo de Israel? A los pies del Sinaí, después de que el pueblo salió de Egipto, se puede decir que Dios convocó al pueblo a través de Moisés, el representante que Él había designado. En aquella ocasión, el encuentro fue una verdadera asamblea nacional. Tenía una finalidad clara: Concluir la alianza con Dios, aceptar su ley con un sacrificio litúrgico. Dios da signos de su presencia en medio del pueblo y promete su constante protección. Los beduinos nómadas llegaron así a tener una unidad nacional y además una unidad sacra. Tales lazos se reforzaron todavía más después de la ocupación de la tierra de Canaán y después de la construcción del templo de Jerusalén por Salomón, signo de la presencia estable de Dios. Cuando más tarde la tierra fue ocupada por las potencias extranjeras y el templo destruido, se disolvió también la unidad nacional.

Leyendo de nuevo el texto de Mt. 16,18, parece claro el nexo de unión con el Antiguo Testamento. Mateo también habla de la destrucción de la ciudad vieja y del templo de Jerusalén (algo que sucedió el año 70 d.C.)Pero Jesús promete una nueva asamblea de Dios, esta vez fundada por Cristo, pero sobre Pedro. También san Pablo habla de la Iglesia como la asamblea de los fieles, convocada por Dios, pero esta vez por medio de Cristo y en Cristo. Él permanece con su pueblo inseparablemente unida, y así se puede comparar a la Iglesia como la esposa (2 Cor. 11,2-3), como su cuerpo, porque fue vivificada por su Espíritu (cfr. 1 Cor 12,13), el cual ahora abarca a todos, hebreos y paganos, uniéndoles. Es, pues, un dislate decir, por ejemplo, que Cristo predicó el Reino de Dios y más tarde apareció la Iglesia como si se tratara de una construcción humana de Pedro o de Pablo.

Esto está bien ilustrado en el icono que representa la venida del Espíritu Santo en la tradición oriental. Los apóstoles están sentados a los lados, como los obispos en un concilio. En el centro hay un puesto vacío pero misteriosamente iluminado, que significa la presencia invisible del mismo Cristo, mientras que la presencia de los apóstoles es totalmente visible. Si miramos a la Iglesia con una mirada puramente humana, vemos solo a los apóstoles y sus sucesores; pero con los ojos de la fe vemos a Cristo, que es su luz y su todo. El Espíritu de Dios desciende sobre la tierra a través del espíritu de los hombres.

¿Dónde puede encontrar el hombre a Dios? La respuesta más noble parecería ser la que puede dar el que levanta las manos diciendo: Dios está en el cielo, en lo alto, por encima de nosotros. Moisés, al contrario, encontró a Dios muy cerca, en una zarza ardiente y en la cima del Sinaí. Los hebreos sintieron la proximidad de Dios en el arca de la alianza y en el templo de Jerusalén. Sin embargo, Dios se identifica con el hombre Jesús de Nazaret a través del misterio de la encarnación. Hablar con Cristo significa hablar con el hombre y con Dios al mismo tiempo. Más tarde Cristo dice a los apóstoles: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20), identificándose con sus apóstoles por medio de su Espíritu. Por medio de los apóstoles rezamos con Cristo, y el apóstol Pedro es la roca sobre la que se sitúa la Iglesia.

Sin embargo, los hombres no se manifiestan demasiado dispuestos a aceptar esta feliz noticia del Evangelio, aun cuando reconocen la necesidad de que los hombres se unan. Buscan, por tanto, fundamentos que a ellos les parecen sólidos. Así la cosas, lo que parece cierto es que la última etapa de la revelación es la voluntad de Cristo: Él quiere hablar con nosotros a través de un contacto directo con los hombres con los que se ha identificado, que son como el fundamento y la roca de la Iglesia, signo y órgano de su presencia unificadora entre nosotros. Ahí está aquel en el que hoy vive Pedro: el Papa Francisco. ¿Acaso esperamos a otro?

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.