La celebración de la Eucaristía dominical

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez         Entre todos los nombres que se dan al domingo destaca “el día de la Eucaristía”. La Eucaristía está ligada al domingo desde los orígenes. El domingo y la Eucaristía son inseparables. Es el día reservado para la Eucaristía. La Iglesia no puede vivir sin la Eucaristía dominical.

Esta afirmación la ratificaron con su sangre en el siglo IV los famosos mártires del Norte de África en  Abitinas. El emperador Diocleciano les prohibió reunirse. Un día fueron sorprendidos en la reunión de la Eucaristía dominical casi cincuenta cristianos entre los que había personas importantes de la sociedad y también jóvenes y niños. Las actas del proceso judicial que se han conservado transcriben minuciosamente el diálogo, la condena y las torturas. Todos murieron, uno tras otro para amedrentar a los siguientes, en medio de tormentos inenarrables. Con valentía, esperanza y paz fueron dando testimonio de su fe que ha quedado plasmado en una frase lapidaria:  “Sin la celebración dominical no podemos vivir”. El presbítero Saturnino dijo: “Hemos celebrado tranquilamente el día del Señor, porque la celebración del día del Señor no puede omitirse”. Hasta un niño, llamado Hilariano, sin miedo a los tormentos dijo: “Yo soy cristiano, y espontáneamente y por propia voluntad asistí a la reunión, junto a mi padre y a mis hermanos…” (Actas de los Mártires, BAC 75, pp 975-994 extracto). Al compararnos con estos héroes fervorosos nos viene tal vez algo de vergüenza y envidia por nuestras actitudes a veces tibias y cómodas.

Esta narración demuestra qué bien entendieron los primeros cristianos la trascendencia de la celebración de la Eucaristía dominical. A ella nos remite el documento conciliar sobre la reforma de la liturgia. “La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón día del Señor o domingo” (SC 106).

El Señor Resucitado se manifiesta especialmente en la reunión de los creyentes en la Eucaristía del domingo. Recordamos cómo el Apóstol Tomas no estuvo un domingo en la reunión de los discípulos y se perdió la dicha de ver al Señor Resucitado. Cuando a los ocho días acudió pudo verle. Los discípulos de Emaús lo reconocieron “al partir el pan” ya que este gesto les recordó la Última Cena, que fue la primera Eucaristía. De la Eucaristía depende la vida de la Iglesia. Cuando nos reunimos nos reconocemos, nos saludamos, nos unimos, cantamos y rezamos juntos. Nos animamos. Crece la fe la esperanza, la caridad, la fortaleza y la alegría de ser cristianos. Nos llenamos de gozo y paz. Salimos de la Eucaristía a la vida felices, renovados, misioneros hacia el mundo.

La Iglesia hace a la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia. Los fieles cristianos han podido caminar a través de la historia fortalecidos por el más preciado alimento espiritual que es el mismo Señor. La Eucaristía es el don por excelencia porque se da en alimento el mismo Señor. Lo más precioso que tiene la Iglesia en su caminar por la historia es la presencia salvadora de  Jesús en la Eucaristía. La celebración eucarística es el centro del proceso de crecimiento de la Iglesia. Hay un influjo causal de la Eucaristía en los orígenes mismos de la Iglesia y en su desarrollo. Mientras haya Eucaristía habrá Iglesia.

En el Sínodo de los Obispos de Europa (28 de junio de 2003) San Juan Pablo II constató de primera mano con pena cómo se había enfriado la fe en sociedades antiguamente claramente cristianas y misioneras por abandonar la Eucaristía del domingo. A este hecho le llama “pérdida de la memoria cristiana” que sucede cuando se sigue una antropología sin Dios, pero al mismo tiempo con sed de verdad. Como resumen de lo tratado publicó una Exhortación Apostólica post-sinodal titulada: “La Iglesia en Europa” que trata sobre Jesucristo vivo en su Iglesia motivo de esperanza. En resumen afirma que la Eucaristía es el antídoto para la indiferencia, la secularización y el abandono de la fe. El resucitado se hace presente entre nosotros y nos acompaña. Mientras se siga celebrando la Eucaristía habrá comunidades cristianas fervorosas. Por eso animó a recuperar el domingo con la celebración reiterada de la Eucaristía  que  seguirá atrayendo a los que no creen y ayudando a volver a los que abandonaron la práctica religiosa.

Para recuperar el sentido religioso en la Europa de hoy, dice, “renuevo, por tanto, la invitación a recuperar el sentido más profundo del día del Señor, para que sea santificado con la participación en la Eucaristía y con un descanso lleno de fraternidad y regocijo cristiano. Que se celebre como centro de todo el culto, preanuncio incesante de la vida sin fin, que reanima la esperanza y alienta en el camino” (EdE. 82).

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 316 Artículos
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).