El Arzobispo de Toledo ordena a nueve sacerdotes y ocho diáconos

 2014 06 28 ordenacionesEste domingo 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Sr. Arzobispo ha ordenado en la catedral primada a nueve sacerdotes y ocho diáconos, “jóvenes que han seguido la llamada de Jesucristo reciben en su carne, en su persona, la participación en el sacerdocio de Cristo”, según indicó en la homilía.

Mons. Braulio Rodríguez Plaza ha dicho que los nuevos sacerdotes “se han preparado para no pertenecerse a sí mismos, sino a los demás fieles laicos y consagrados, en un servicio que no pueden hacer con sus solas fuerzas, sino con la gracia del Sacramento del Orden”.

Tras recordar que era “un día de una enorme alegría para sus padres, para su familia, para las parroquias que les vieron nacer o donde han vivido”, ha dicho que lo era también “para todo el Pueblo cristiano, que sabe de la importancia del sacerdocio y de buenos sacerdotes”. Por eso ha recordado que era también momento “de oración, de exigencia y cercanía a estos nuevos presbíteros y diáconos”.

“Orar por ellos –ha afirmado- es necesario y signo de que somos una familia, en la que a éstos Cristo les exige una vocación concreta que tiene que ver con todas las demás vocaciones cristiana”.

Seguidamente, Mons. Rodríguez Plaza  ha comentado el significado de la palabra “Iglesia”, “una palabra antigua, que se usaba antes del cristianismo y significaba la asamblea del pueblo de Israel, pero no una asamblea de modo informal, sino una asamblea oficialmente convocada”. Así, comentando el evangelio propio de la solemnidad, el Sr. Arzobispo ha explicado que “Jesús promete una nueva asamblea de Dios, esta vez fundada por Cristo, pero sobre Pedro”.

Don Braulio ha explicado después que “en la tradición de Oriente cristiano hay iconos que representan la venida del Espíritu Santo. En ellos los Apóstoles están sentados a los lados, en círculo u asamblea, como cuando celebran un concilio. En el centro hay un puesto vacío, pero misteriosamente iluminado, que significa la presencia invisible del mismo Cristo, mientras que la presencia de los Apóstoles es totalmente visible”.

Por eso “si miramos a la Iglesia con una mirada puramente humana –ha añadido–, vemos solo a los Apóstoles y sus sucesores; pero con los ojos de la fe vemos a Cristo, que es su luz y su todo. El Espíritu de Dios desciende sobre la tierra a través del espíritu de los hombres.”

“En la plenitud de los tiempos, cuando llega Jesús de Nazaret, Él se identifica con Dios Padre. Hablar con Cristo, encontrarse con Él, significa hablar con el hombre y con Dios al mismo tiempo”. Por eso “cuando más tarde Jesús afirma: ‘El que a vosotros escucha, a mí me escucha’, o ‘como el Padre me envió, así os envío yo’, entendemos que Pedro y los otros Apóstoles no son figuras decorativas, que no signifiquen nada en nuestra fe cristiana. Pedro es –como su nombre indica- la Roca sobre la que se sitúa la Iglesia”, ha dicho.

Mons. Braulio Rodríguez Plaza  ha recordado después que por eso “hay un hablar de Jesucristo con nosotros por contacto directo con los hombres con los que se ha identificado: los Doce, con Pedro a la cabeza. El Papa Francisco, en el que hoy vive Pedro, es parte fundamental de cada comunidad cristiana, como lo es el Obispo diocesano; es parte fundamental de mi fe”. Por eso se preguntó: “¿Puedo yo prescindir de Pedro porque no se adecúa a lo que yo pienso o espero del sucesor de san Pedro?”

“Para un sacerdote, como para un Obispo –ha dicho- sería peligroso pensar así, pues, ¿dónde fundamentar la autoridad de actuar en nombre de Cristo, Cabeza de la Iglesia en las comunidades cristianas? Sería buscar fundamentos poco sólidos y, en el fondo, no seguir al Señor como Él quiere”.

 Tras recordar que “vosotros, ordenandos, habéis sido llamados al orden de los presbíteros y de los diáconos”, el Sr. Arzobispo ha explicado que “entre sus discípulos, el Señor Jesús quiso escoger a algunos en particular, para que, ejercitando públicamente en la Iglesia y en su nombre el oficio sacerdotal en favor de todos los hombres, continúen su misión personal de maestro, sacerdote y pastor”. Y ha preguntado: “¿Acaso esta misión os coloca por encima de los demás cristianos? Yo creo que no”.

            Por eso ha dicho a los ordenandos que “no se os ocurra ejercitar el ministerio, o dispensar la palabra de Dios a todos, si no es como vosotros, gratuitamente, la habéis recibido de vuestras madres, de vuestros padres, de vuestros catequistas, de vuestros formadores, de vuestra Iglesia en definitiva”.

“No tenéis más méritos que otros –ha añadido-, recibiréis una gracia en la ordenación. Y no tendréis autoridad moral alguna, ni cariño de vuestros fieles, si no leéis y meditáis asiduamente la Palabra del Señor, para creer lo que habéis aprendido en la fe y si no vivís lo que ensañáis”.

 “Vuestra doctrina, que no es vuestra, sea alimento para el Pueblo de Dios. Es la doctrina del Señor, no son vuestras genialidades, que quiera Dios tengáis muchas pero a lo divino, la que ha de alimentar a vuestros fieles. Así será perfume de vuestra alegría y sostenimiento en la fe para los fieles de Cristo. Hay que edificar la casa, pero el albañil es Cristo, porque es la Casa de Dios. Quiera el Señor que reconozcáis lo que hacéis, imitéis lo que celebráis. Es la única forma de participar en el misterio de la muerte y resurrección del Señor, llevéis la muerte de Cristo en vosotros y caminéis con Él en una vida nueva”.

 De los nueve nuevos sacerdotes ocho son diocesanos: José María Bonilla Fraile, Miguel Ángel Catalán Arévalo, Rafael María Contreras de Saro, Eloy García Mejías, Juan Francisco Gutiérrez García, Raúl Medina Noguera, Francisco José Rodríguez González y José María Velázquez Muñoz. El otro sacerdote ordenado pertenece a la diócesis china de TianShui.

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