Cultura de la carretera

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín        El próximo domingo varios millones de automovilistas tienen cita en las carreteras de España. ¡Han llegado las vacaciones de verano y es el primer fin de semana del mes de julio! Con todo, no son las vacaciones y el primer fin de semana del verano la causa de este éxodo de las ciudades hacia las playas y la montaña. De hecho, cada domingo de otoño y primavera se repite algo semejante, aunque un poco menos acentuado. Sin contar los puentes, los días de Semana Santa y las Navidades.

La presencia de tantos coches, autobuses, camiones y otros medios de transporte por carretera es un ingrediente inherente a nuestra cultura industrializada y del ocio. Cada día suben al coche, al camión y al autobús muchos miles de personas que tienen que desplazarse a su lugar de trabajo y, más tarde, volver a casa. Aunque los días festivos y vacacionales no hay tal desplazamiento, son muchos los que siguen considerando imprescindible ponerse al volante para ir a divertirse, de una u otra forma.

Necesitamos, por tanto, cultivar la cultura del coche, del camión y del autobús. Lo cual supone incorporar y eliminar determinadas actitudes y comportamientos cuando subimos al vehículo.

Ante todo, hemos de ser conscientes de que no subimos a un juguete para divertirnos con él. Es verdad que muchos sienten un verdadero placer al conducir. Pero es claro que ni un coche ni un camión son un juguete, sino una máquina que encierra siempre un cierto riesgo y exige que se le tome en serio, so pena de que nos cause serios disgustos a nosotros y los demás. De hecho, y por desgracia, los accidentes son el pan nuestro de cada día. Y, en no pocos casos, están causados por no asumir con responsabilidad que el coche y el camión son un instrumento que requiere competencia, profesionalidad y prudencia.

Un modo concreto de tomarse a broma el vehículo que conducimos es no respetar las señales de tráfico, especialmente las que indican curva, stop, cambio de rasante o prohibido. Otro tanto cabe decir cuando se consumen alcohol, drogas o estupefacientes. Y no digamos, cuando se entra en el juego del “pique” o la competitividad. No tomar en serio el cansancio acumulado o el sueño que nos tienta es, de alguna manera, tomarse a broma lo que llevamos entre manos.

Sin embargo, la cultura de la carretera va más allá de advertir el riesgo que asumimos para nosotros y los demás cuando tomamos el volante. Esa cultura implica, sobre todo, los buenos modos y maneras propios de un hombre responsable y educado. Lo que está mal en la oficina, en la fábrica, en la charla de café, sigue estando mal al volante. Los gritos, los insultos, la desconsideración, el egoísmo no se legitiman por el hecho de conducir un vehículo. Al contrario, al volante hay que extremar la buena educación, el espíritu humanitario, la ayuda gustosa, el gesto servicial y sonriente.

Los creyentes, especialmente  los cristianos, tenemos una obligación mayor. Porque el Señor así lo haría, si se encontrase en nuestra situación, porque él nos mandó que lo hagamos y porque se lo hacemos a él cuando se lo hacemos a los demás. En el Evangelio hay un caso en el que se nos exige especial humanidad: en caso de accidente. Allí se estigmatiza a ciertos personajes que pasaron de largo ante un accidentado, a la vez que la figura del que cambió sus planes de viaje para ayudar a aquel infeliz, se exalta y se pone como modelo de imitación: “Haz tú lo mismo”.

La celebración de la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico, que celebramos el domingo próximo, es una buena oportunidad para repensar esta cultura de la carretera. A mí me brinda la oportunidad de felicitar desde aquí a todos los camioneros, conductores de autobuses, taxis, ambulancias, policías de tráfico, etc. por la fiesta de su patrono San Cristóbal. Felicidades y gracias por vuestros servicios.

+ Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.