La parábola del buen samaritano

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar      Queridos diocesanos:

Quiero compartir en este bello día del Corpus Christi algunas reflexiones en torno a la parábola del buen samaritano. Es de todos conocida: uno que cae en manos de unos bandidos y queda malherido; a su lado pasan un sacerdote de la Ley, un levita y un samaritano pero sólo el samaritano le cura sus heridas, lo monta en su cabalgadura y lo lleva a la posada para que lo cuiden.

En la parábola hay una situación de una persona necesitada: un malherido que necesita que otro le eche una mano porque le han dado una paliza. Vemos algunos personajes que encarnan unas actitudes muy determinadas:

  • Un sacerdote de la ley: da un rodeo, se hace el tonto, pasa de largo, no quiere complicarse la vida y sigue a sus cosas.
  • Un levita, que era un ayudante en el culto: tiene la misma actitud pues pasa por allí, da un rodeo, no quiere complicarse y lo deja allí tirado.
  • Un samaritano, que era enemigo del herido, no se hablaban estos dos pueblos (el herido era judío y los judíos no se hablaban con los samaritanos). Éste ve al herido, se acerca a él, lo trata con respeto, lo sube a su cabalgadura y lo lleva a la posada.

Nuestras actitudes ante las necesidades de los demás suelen identificarse con alguna de estas:

  • Estar a lo mío y sólo a lo mío de modo que, lo que les pase a los demás, no me interesa; es el egoísmo puro.
  • Darme cuenta de lo que sucede pero pasar de largo, no querer complicarme la vida:«es que si me meto; mejor lo dejo y alguien le ayudará».
  • Ser totalmente insensible a lo que a los demás les pasa: «no va conmigo, allá cada cual, ni me entero que me puede necesitar».
  • Echar la culpa al otro de lo que le pasa: «Si esto ya era de esperar, con la vida que llevaba. Él lo ha querido así que salga él de ello y si no quiere pues allá él»; «Pero si es un vago, lo que no quiere es trabajar»; «Que hubiera ahorrado como hacemos los demás; cuando tenía lo gastaba todo y ahora mira».
  • Justificar mi actitud: «No tengo tiempo para contemplar al triste o al que necesita desahogarse, la verdad es que a mí me gustaría ayudar, me gustaría pertenecer a una ONG, me gustaría que todos fueran felices, pero…».
  • Creer que la caridad es una cosa grandiosa, que lo que debo hacer debe ser algo extraordinario y no creer que la caridad hay que vivirla en detalles y traducirla a cosas pequeñas.
  • Saber que tengo posibilidades de dar, de solidarizarme ¿pero hasta dónde? «Yo algo doy pero no me quedo tranquilo»; «Es que a mí también me ha costado ganarlo».

La mayoría de las veces sabemos lo que tenemos que hacer pero no queremos hacerlo. Sabemos de sobra lo que supone el amor, el perdón, la solidaridad, pero no queremos complicarnos.

¿Qué deberíamos hacer?

  • Convertir nuestro egoísmo: si pensamos sólo en nosotros los demás no nos van a importar.
  • Ser sensibles a las necesidades de los otros y a los necesitados de nuestro entorno, saliendo de nosotros mismos y preguntarnos qué puedo hacer por éste que está pasando por esta situación.
  • Tomar en serio el mandamiento nuevo como señal de que somos cristianos; este mandato hemos de traducirlo en cosas y actitudes pequeñas sabiendo que los detalles son importantes. La caridad no es sólo tirarse al río para salvar a quien se ahoga ya que se compone de pequeñas cosas: comprensión, perdón, estar dispuesto a hacer algo por los necesitados, también por los de nuestra casa y nuestra familia.

«Vete y haz tu lo mismo» dijo Jesús. ¿Qué me dice esta indicación de Cristo para mi vida cristiana? ¡Feliz Domingo para todos!

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
Acerca de Mons. Gerardo Melgar 297 Artículos
Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.