La Eucaristía fuente de esperanza

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano        Fiesta del Corpus Christi. La Iglesia nos recuerda con esta celebración que la Eucaristía es nuestro tesoro más valioso. En expresión del Concilio Vaticano II, la eucaristía es el sacramento por excelencia, nos introduce anticipadamente en la vida eterna, contiene todo el misterio de nuestra salvación y es la fuente y la cumbre de la acción y de la vida de la Iglesia. Con la fuerza que nos trasmite la Eucaristía nos vemos fortalecidos en la fe y, a la vez, mejor capacitados para llevar adelante nuestra misión en la Iglesia y el mundo. La Eucaristía se convierte para nosotros en una realidad transformante, fecunda nuestra vida personal y nos mueve a ser testigos auténticos del Resucitado ante el hombre de hoy.

La participación en la Eucaristía no nos aleja de nuestros contemporáneos de su vida y de sus problemas. Al contrario. Nos acerca cada vez más a ellos con un corazón abierto dado que es la expresión por excelencia del amor de Dios. Comulgar nos invita a comprometernos con todos nuestros hermanos para afrontar los muchos desafíos actuales que afectan a toda la humanidad que, en definitiva, va ser salvada por la entrega redentora de Cristo. Al celebrar la entrega sin límites del Señor Jesús, que se nos da totalmente en la Eucaristía, es fácil que nuestro corazón sienta la necesidad de compartir lo que tenemos y de vivir en una creciente actitud de servicio, especialmente hacia los más necesitados, los que menos tienen.

Por eso, la fiesta de Corpus está íntimamente unida con el día de Cáritas. El ejemplo de Jesús es muy elocuente: el Señor se da a sí mismo. Nos introduce en una nueva pedagogía del don: cuando Dios nos invita a dar algo a los demás nos pide que sea digno del que da y del que recibe. Dios nos da a su propio Hijo, nada más y nada menos. En este día en el que la Iglesia celebra el Día de la Caridad, Cáritas diocesana y las Cáritas parroquiales están llamadas a dar testimonio de la caridad, por amor a Jesucristo, a todos los seres humanos necesitados, especialmente a los más empobrecidos. Y nosotros con ellas.

A eso nos mueve la nueva campaña de Caritas para esta fiesta del Copus: “crear espacios de esperanza”. Los Obispos de la Comisión Episcopal de la Pastoral Social nos dicen a este propósito: “Ante el sufrimiento de los pobres y el clamor de los pueblos, no podemos quedar inactivos ni sumidos en la indiferencia y el desaliento. Las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía” (Lc,19) son una invitación a hacernos don, alimento, esperanza para los pobres. (…) Con esta campaña Cáritas quiere ayudarnos a tomar conciencia del gran papel que jugamos cada persona, cada familia, cada comunidad, en este momento de la historia. Es una invitación a construir espacios de vida, de novedad, de justicia, de fraternidad, para restaurar los derechos de todas aquellas personas que viven en situación de pobreza y vulnerabilidad. Por eso, con palabras de Francisco os decimos: «no os dejéis robar la esperanza». Desde el misterio de la Eucaristía, vida entregada para la vida del mundo, os animamos aquí y ahora, en este momento de nuestra historia, a mirar la realidad desde los pobres, a escuchar su clamor y a generar cada día pequeños espacios de esperanza”.

Queridos hermanos os animo, en la fiesta del Corpus de este año, a renovar el don de la Eucaristía como el centro de nuestra diócesis, de nuestras parroquias y comunidades. Centralidad de la Eucaristía que debe prolongarse en la oración y en el servicio. El cuidado en la celebración de las misas, las visitas que muchos hacéis a lo largo del día al Señor en el sagrario y los momentos de oración junto a Cristo expuesto en la custodia, se convierten en momentos privilegiados, para toda la comunidad, de actualizar el compromiso de nuestro servicio generoso a nuestros hermanos, especialmente a los más pobres, a semejanza de lo que Cristo hizo por nosotros.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.