El domingo, día primordial

Mons. Pérez GonzálezMons. Francisco Pérez       Desde los inicios del cristianismo el domingo es una realidad primordial para los fieles. Adquiere una relevancia absoluta. El mismo Jesucristo le da esta preeminencia entre todos los días de la semana al resucitar un domingo. Para reafirmarlo se aparece los domingos. El primer día de la semana al salir el sol se apareció a María Magdalena, el mismo día a los dos discípulos de Emaus y a Pedro (cfr. Lc 24, 13-35). También “la tarde del primer día de la semana, estando cerradas las puertas” se apareció a los discípulos reunidos en el cenáculo, faltando Tomás. “Pasados ocho días” de nuevo se hace presente estando Tomás. Con toda intención el Señor se manifestó el domingo para hacerlo el día primordial de los cristianos (cf. Lc 24, 36-43;  Jn 20, 19-20 y 26-29).

La preponderancia del domingo se descubre en las cartas de San Pablo y en los Hechos de los Apóstoles. Pablo estando en Tróade, antes de partir hacia Jerusalén, se despidió de la comunidad reunida “el primer día de la semana para partir el pan”. A los cristianos de Corinto les pide que “cada día primero de la semana”, es decir, el domingo, sea un día muy especial en el que entre otras cosas se hace una colecta para ayudar a los cristianos de Jerusalén (cfr. 1 Cor 16, 2). Esto lo escribe en torno al año 55, estando aún fresca la memoria de los que vieron al Señor Resucitado. Por lo tanto el domingo es ya una tradición apostólica (SC 106).
Históricamente el domingo ha mantenido un valor fundamental. En el período post-apostólico las primeras enseñanzas de los apologetas cristianos y de los santos padres de la Iglesia definen el domingo como algo originario y esencial en la vida. Dice San Justino -s.II- (Ap I, 66, 1-2): “En el día que se llama “del sol” (el domingo) se reúnen todos los cristianos del campo y de la ciudad”. “Reuníos cada día dominical del Señor” dice el libro de las enseñanzas de los Apóstoles  (cf. Didaché 9,1). San Ignacio de Antioquia recuerda que los cristianos no celebran el sábado sino el domingo. Por eso justamente nosotros celebramos el día octavo con regocijo, por ser el día en que Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos. Estas citas, seleccionadas entre muchas más, demuestran que hay una constante reiteración de la práctica dominical desde los orígenes hasta nuestros días. El domingo nace en la comunidad de Jerusalén como respuesta a una intención del Señor, deducida de sus apariciones, y que ha llegado hasta nuestros días.

A lo largo de los siglos se ha ido desarrollando y enriqueciendo la teología del domingo. La reunión dominical ante todo aparece como un momento imprescindible para la cohesión, la vitalidad y el testimonio de las comunidades. En ese día se mantienen vivos los valores originarios del ser cristiano. Hubo épocas en donde se perdió el fondo espiritual  y se cayó en la casuística y la moral en el ámbito del derecho eclesiástico.  A partir del Concilio Vaticano II se recuperan los valores de la primera tradición con una rica teología del domingo. La constitución sobre la Sagrada Liturgia y la repercusión positiva que ha tenido es una muestra del inicio de una reconquista del sentido auténtico del domingo que debe continuar cada vez con mayor empeño.

La definición e importancia teológica y pastoral del domingo se descubren en la multitud de nombres que ha recibido. Cada apelativo muestra una faceta de la riqueza del contenido y significado del domingo. Se llama: primer día de la semana, día primero, día señorial, el señor de los días, el día del sol, el octavo día, día de la resurrección. Estos nombres se refieren a Cristo. Para la Iglesia es el día de la asamblea, de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, día de la Resurrección. Estos nombres se refieren a las funciones que cumple ese día de congregar, instruir, alimentar y enviar a la comunidad. Con relación a los creyentes se le llama: fiesta de los cristianos, día de alegría y liberación, día del descanso,  día de la caridad, día de la familia…

Estas reflexiones y datos históricos sobre la importancia del domingo son necesarios para comprender qué celebramos, cómo celebramos, a qué compromete el domingo, qué función irrenunciable cumple en la vida cristiana. Hemos heredado el tesoro del domingo. Nuestro empeño es ante todo recuperar el sentido del domingo donde se haya perdido y mejorar la calidad de las celebraciones para ofrecer también en nuestros días la riqueza que contiene.

Hay pues motivos para decir que el “día del Señor” es el “señor de los días”. Quienes han recibido la gracia de creer en el Señor resucitado pueden descubrir el significado de este día semanal con la emoción vibrante que hacía decir a san Jerónimo: “El domingo es el día de la resurrección; es el día de los cristianos; es nuestro día. Ésta es efectivamente para los cristianos la ‘fiesta primordial’  instituida no sólo para medir la sucesión del tiempo, sino para poner de relieve su sentido más profundo” (SC 2).

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).