SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI. DÍA Y COLECTA DE LA CARIDAD

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña      La obra de la salvación de los hombres llevada a cabo por Dios a lo largo de los tiempos encuentra su centro en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre por nosotros en la fe y en el seno de María Inmaculada por la acción virginal del Espíritu Santo. De modo inmejorable lo proclama la Carta a los Hebreos: “En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por medio de los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos” (1, 1-2).

Cristo es así el mediador entre Dios y los hombres, la causa instrumental de nuestra redención y de nuestra plenificación. Pero Cristo no sólo es el mediador entre Dios y el hombre. Él es también la mediación salvífica misma. Pues el Señor Jesús no nos reconcilia con el Padre y nos salva por una acción extrínseca a sí mismo, sino por una acción inmanente que brota de su persona divina y que se expresa y manifiesta a través de su naturaleza humana asumida.

¿Cuál es esa acción redentora? Tal acción salvífica comprende todos los hechos y dichos de Jesús, todas sus obras y palabras, desde el momento mismo de su concepción virginal hasta su ascensión a los cielos y la venida del Espíritu Santo.

Ahora bien, el núcleo de su acción salvadora lo constituye, sin duda, su misterio pascual de muerte y de resurrección, vivido por Él en la ciudad de Jerusalén cuando tenía 33 años, en tiempos del emperador Tiberio y siendo procurador romano en Palestina Poncio Pilato. Aquel viernes santo de la muerte en cruz del Señor Jesús cambió el destino de los hombres.

Pero, como tan magistralmente comenta Santo Tomás de Aquino, “a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, Cristo dejó a los fieles, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida”. Y, en efecto, así fue. Porque Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que le traicionaban, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y a confiar así a su esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y de su resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera (cf SC 47).

Pues bien, la santa Madre Iglesia, habiendo recibido del mismo Jesús el valiosísimo tesoro de la Eucaristía, que contiene todo el bien espiritual encerrado en ella, celebra este sacramento cada domingo e incluso todos los días, así como también durante la solemnidad de la Pascua, concretamente el jueves santo al atardecer.

Con el paso del tiempo, la Iglesia creyó oportuno instituir otra fiesta eucarística en el Año litúrgico, además de la “missa in coena Domini” del jueves santo. Profundas razones asistían a la Iglesia, particularmente la necesidad de reivindicar teológicamente la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía, discutida e incluso negada por algunos teólogos durante la Edad Media, como, por ejemplo, Berengario de Tours. De este modo, el 8 de septiembre de 1264, el papa Urbano IV emitía la bula Transiturus, por la que ordenaba la celebración anual de la fiesta de Corpus Christi, que es justo la solemnidad que hoy estamos celebrando. Precisamente este año de 2014 conmemoramos el 750 aniversario de la institución oficial de la fiesta de Corpus para toda la Iglesia.

Mucho contribuyeron al establecimiento oficial de la fiesta de Corpus una serie de milagros eucarísticos ocurridos a lo largo del siglo XIII. Permitid que cite el tan conocido caso de la monja Juliana de Monte Cornillón, en Belgica; el milagro eucarístico acaecido en la población italiana de Bolsena; y el caso del milagro de los sagrados corporales del pueblo valenciano de Luchente cuya reliquia conserva nuestra parroquia de Daroca, ciudad eucarística que recibió los sagrados corporales en 1239 y que celebra este año el 775 aniversario de su entrega.

La Eucaristía, a la que asistimos cada domingo, por Pascua y hoy, solemnidad de Corpus Christi, es el mayor y más sabroso fruto de la redención obrada por Dios en la historia de los hombres. La participación digna en ella nos asimila a Cristo, nos cristifica, nos hace ser una sola cosa con el Señor. Pues, como advierte san Agustín y nos recuerda el papa Benedicto XVI, no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Con razón leemos en la exhortación apostólica post-sinodal Sacramentum Caritatis que la vida cristiana tiene una estructura eucarística.

¡Qué grandes consecuencias tiene esto para nuestras vidas! Pues, si Cristo murió por nosotros y si la memoria de este morir por nosotros es la Eucaristía, entonces, cuando participamos en este augusto sacramento, nos identificamos con Cristo y, por tanto, con su muerte por los hombres, por todos los hombres, particularmente por los más pobres y necesitados.

Ello nos debe llevar a la conclusión de que cuanto más nos unimos a Cristo por medio de la Eucaristía tanto más crece nuestra unión con el prójimo, tan necesitado de Evangelio y del pan de cada día.

Recordemos que hoy, solemnidad del Cuerpo y de la sangre de Cristo, es el día de la Caridad. Seamos generosos en nuestra limosna, que se destinará íntegramente a Cáritas, y, siguiendo la voz del papa Francisco, toquemos las llagas de Cristo en las llagas de los pobres.

Manuel Ureña Pastor,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.