Las cuentas de la Iglesia

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín      Hace unos días, el vicesecretario para asuntos económicos de la Conferencia Episcopal Española ha dado a conocer, en diversos medios de comunicación, las cuentas de la Iglesia que peregrina en España. Ha sido muy interesante, porque así la opinión pública puede saber lo que la Iglesia aporta actualmente y cuáles son sus fuentes de financiación.

El primer dato que emerge del informe es que el Estado no está financiando a la Iglesia y que el sistema de asignación tampoco es la fuente principal de recursos de la Iglesia. En efecto, en la última declaración de la renta, nueve millones de contribuyentes decidieron destinar 248 millones de euros a favor de la Iglesia católica. Desde aquí quiero agradecérselo de corazón. Pero esta ayuda supone el 25% del total de los empleados por la Iglesia; el resto procede de aportaciones directas de los fieles y de fuentes propias. El sistema de asignación es importante, y absolutamente imprescindible para las diócesis rurales más pequeñas, pero no cubre todos los gastos.

Un dato aún más elocuente es el rostro humano que está detrás de los recursos económicos. Por ejemplo, impresiona que 48,5 millones de horas anuales dedican los sacerdotes, seglares y voluntarios a la atención pastoral, la celebración de los sacramentos, la catequesis con niños, jóvenes, novios y adultos, acompañamiento de personal, atención a los enfermos y otras actividades, como retiros espirituales o campamentos. Aunque soy obispo, me ha impactado la cifra relativa a la catequesis: cien mil catequistas prepararon a unos 245 mil niños y 110 mil jóvenes. Sin contar la labor catequética que realizan, a lo largo y ancho del mundo, nuestros 13 mil misioneros.

En el campo de la educación, los centros de la Iglesia están dando trabajo a 122.500 personas y formando a casi un millón de niños. Además, las plazas de sus 2.456 centros católicos suponen un ahorro al Estado de unos tres mil millones de euros, dado que su coste es sensiblemente inferior al de los centros públicos. Tampoco es despreciable su presencia en el ámbito de la cultura. Baste pensar en el patrimonio artístico que se encierra en nuestras catedrales, colegiatas, iglesias, santuarios, museos, archivos, etc.

Con todo, el capítulo más gratificante es el que se refiere a la presencia y actuación de la Iglesia en el campo de los pobres y necesitados. Ahora mismo estamos celebrando los cincuenta años de la fundación de Cáritas en Burgos y hemos tenido ocasión de ver -en la exposición de la sala “Valentín Palencia”, de la catedral- el cúmulo de acciones llevadas a cabo con los transeúntes, sin techo, emigrantes, pobres de solemnidad, mujeres en dificultad con su maternidad, etcétera. La Cáritas de Burgos no es una excepción sino una más en el conjunto de todas las Cáritas diocesanas, a las que hay que añadir las Cáritas parroquiales.

La atención a los necesitados se extiende a otros muchos campos. Por ejemplo, hay 192 capellanes y dos mil quinientos voluntarios para la atención de las cárceles; 752 centros y sesenta mil asistidos ancianos o discapacitados; 132 centros para atender a emigrantes, con sesenta y dos mil asistidos; 79 centros de reinserción de drogadictos y 17.800 beneficiarios.

Junto a estas cifras, Dios sabe que hay otras muchas cosas que no son cuantificables, pero que son incluso más importantes: las horas dedicadas a escuchar penas, disgustos, dificultades en el matrimonio y la familia, tiempo empleado en dar consejos y orientaciones, visitas que sólo conocen sus beneficiarios: los enfermos del cuerpo y del alma, oraciones y sacrificios ofrecidos por los que más lo necesitan. Y un largo etcétera.

De todos modos, Dios sabe también la tarea que la Iglesia tiene pendiente y la necesidad de su ayuda y la de todos para afrontarla. Nos acogemos a su amor misericordioso.

+ Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
Acerca de Mons. Francisco Gil Hellín 207 Artículos
Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.