Heridas de Cristo, heridas de los pobres

Mons. Lluís Martínez SistachMons. Lluís Martínez Sistach        La fiesta del Corpus Christi, que celebramos este domingo, fue instituida hace siglos para testimoniar públicamente la fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía. Es la fiesta del cuerpo y de la sangre de Cristo, que él ha dejado para alimento de la vida nueva de los hijos de Dios. La Eucaristía es el misterio de nuestra fe. Cristo, en su presencia eucarística, permanece en medio de nosotros como quien nos ama y se entregó por nosotros. Por eso la Eucaristía es el sacramento del amor y de la comunión.

Entre el misterio de la encarnación y el de la Eucaristía hay continuidad: la Eucaristía es la prolongación de la encarnación. Jesús quiso que su memoria se perpetuara entre nosotros no a través de un simple recuerdo sino a través de un memorial, que es la celebración de la eucaristía.

La eucaristía compromete a favor de los pobres. A fin de recibir verdaderamente el cuerpo y la sangre de Cristo entregado por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos. Por eso, desde el comienzo de la Iglesia, junto con el pan y el vino de la eucaristía, los cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen necesidad. Así se entiende que se haya querido unir esta solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad, la jornada en que se hace una colecta destinada a Cáritas.

Nuestro Concilio Provincial Tarraconense pide «reavivar la tradición, tan intensamente vivida en los primeros siglos de la Iglesia, de vincular visiblemente la celebración de la eucaristía con la caridad fraterna, insistiendo de manera particular en la relación entre la fracción del pan y la comunión cristiana de bienes». Hay una relación profunda, real y misteriosa, que une a Cristo en la realidad del sufrimiento y la pobreza. En la larga historia de la Iglesia, el Evangelio y el amor a los pobres han estado siempre unidos.

Escuchando la homilía del Papa el pasado 27 de abril, en la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, pensé que eran muy adecuadas para esta celebración del Día de la Caridad unas palabras del papa Francisco: «Las heridas de Jesús -dijo- son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Juan XXIII y Juan Pablo II tuvieron la valentía de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano, porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía (audacia) del Espíritu Santo. Y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.»

Estos dos grandes pontífices nos enseñan a no escandalizarnos de las heridas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama. Y también nos invitan a tratar de aliviar las heridas de nuestros hermanos que más sufren en el mundo de hoy y en nuestra sociedad concreta. Esto es lo que busca hacer Cáritas y todos los que colaboramos con ella.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.