Corpus 2014

Mons. Alfonso Carrasco          Queridos hermanos, En la festividad de Corpus Christi se expresa el culmen de nuestra fe.

De hecho, este día corona el camino por el que nuestro Señor Jesús llevó a cabo su obra de salvación, que, partiendo de Navidad, celebramos sobre todo a lo largo de la Semana Santa, en la Pascua de Resurrección, en la Ascensión y el envío del Espíritu Santo en Pentecostés. Así, gracias a Él, hemos podido creer de nuevo y verdaderamente en Dios, en la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, como celebramos el pasado domingo. Ahora, en la gran fiesta de Corpus, decimos como en una palabra abreviada nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor; profesamos firmemente que nuestro Dios y Señor sigue presente con nosotros todos los días, alimenta nuestras vidas y nos abre un camino nuevo en la historia.

Desde hace muchos siglos sabemos bien en Lugo, en la ciudad y en la Diócesis, e igualmente en Galicia, que así es nuestra fe, que Jesús Sacramentado está en su corazón, que Él es la fuente de donde mana vida y amor, esperanza y paz para los hombres, también pecadores o necesitados.

1. En este año 2014 la celebración de Corpus nos hace pensar especialmente en la caridad, en las obras e iniciativas en que ha de expresarse el amor verdadero y, por tanto, la fe cuando está viva. Porque celebramos el 50º aniversario de la erección de nuestra Caritas diocesana por Mons. Antonio Ona de Echave, entonces Obispo de Lugo. Fue un 4 de junio, en el contexto de las fiestas de Corpus de aquel año.

Aquel gesto sigue hablándonos a nosotros hoy con la misma claridad de entonces. Nos recuerda que no diríamos la verdad si honrásemos a Jesús con gestos y palabras, pero no hiciésemos caso de sus mandamientos y de sus obras, si no procurásemos seguirlo con la vida. Y su mandamiento es siempre una novedad para nosotros, aun cuando sea ya muy conocido por todos: camina en la luz de la fe quien ama a sus hermanos y permanece en la oscuridad quien los odia (cf. 1Jn 2,3-11).

Hemos de descubrir cada día que no podemos gozar de la comunión con Dios propia de los cristianos, si no vivimos en la verdad, si escondemos nuestras obras porque no son buenas, si mentimos sobre nosotros mismos y dejamos en el olvido a nuestro prójimo y sus necesidades.

En nuestra procesión de Corpus caminaremos profesando nuestra fe ante todos y a la luz del día. Pero este seguir al Señor y caminar a su luz significa también estar con los ojos abiertos en medio del mundo, viendo la necesidad del cambio, en la propia vida ante todo, pero igualmente cuando se dan relaciones injustas a nuestro alrededor o situaciones de necesidad a las que conviene atender e intentar resolver.

No podemos excusarnos con las dificultades y las circunstancias de nuestro mundo, con que todos hacen las cosas de una determinada manera. Menos aún podemos guiarnos por la soberbia o por la avaricia del dinero, que llevan a despreciar al prójimo, a excluirlo de participar en los bienes de nuestra sociedad. Ningún planteamiento que nos llevara a olvidar a Jesús Sacramentado o a abandonar a nuestro hermano daría frutos buenos en la vida.

Celebrar el misterio eucarístico es siempre recordar que nuestro Señor se sacrificó para perdonar nuestros pecados y unirnos a Él, haciéndonos a todos hijos de Dios y hermanos que viven según su nueva ley de caridad. La fiesta de Corpus Christi es la proclamación pública y solemne de que Dios nos ha amado el primero, que nos envió y nos dio a su Hijo, y de que estamos llamados a permanecer siempre en este amor.

Por eso, en este aniversario singular queremos celebrar la festividad de Corpus mirando hacia nuestra Caritas diocesana, para dar gracias a Dios por sus cincuenta años y para no olvidar que nuestra caridad debe ser concreta, atenta, actual, creativa. E igualmente para ser conscientes de que en este camino no estamos solos, que somos miembros del cuerpo de la Iglesia y que debemos guardar viva esta comunión, también a la hora de emprender alguna acción.

 

2. Nuestra Caritas Diocesana lleva ya medio siglo de vida, que son dos generaciones en el camino de la historia. En primer lugar, debemos agradecer muchísimo al Señor que existan personas capaces de mantener su fidelidad ininterrumpidamente durante 50 años. Es además un llamamiento para que también nosotros mantengamos la fidelidad en la acción caritativa durante toda la vida que el Señor nos conceda.

En estos 50 años hubo ciertamente fallos, que debemos reconocer, para intentar enmendarnos y mejorar, y sobre todo para no olvidar nunca que la caridad de Cristo es un «tesoro que llevamos en vasijas de barro» (cf. 2Cor. 4, 7).

Pero hoy, en este efeméride singular, me gustaría recordar cómo desde la sencillez de nuestra Iglesia y de nuestra Caritas Diocesana se iniciaron y se hicieron acciones muy valiosas, que trascendieron los límites de la Diócesis e incluso de Galicia. A modo de ejemplo podemos resaltar:

– El proyecto de los Montes en Mano Común, iniciado en 1975, por lo que supone de promoción y apoyo a la vida comunitaria y solidaria en nuestros pueblos. Fue como un anticipo de lo que especifica en 1981 S. Juan Pablo II cuando distingue estatalización y socialización (cf. Laborem exercens, 14)

– El proyecto Vivir en Casa para las personas mayores, que viene reconocer el protagonismo de la persona hasta el final de su vida. De Lugo pasó a Caritas Confederal y a crear una mentalidad en la sociedad española para bien de las personas mayores necesitadas.

– En nuestra Caritas Diocesana nació un programa de educación infantil en defensa de los niños más pobres, Preescolar en casa. Este programa buscaba hacer posible la educación y promoción de los niños en su casa y en su entorno, y así posibilitar la promoción conjunta de toda la familia. Este método fue alabado por la UNESCO e incluso fue propuesto como modelo para mejorar la labor educativa en países empobrecidos.

– Apoyo continuado para que las familias tengan vivienda, porque las personas necesitan tener una casa en la que constituir un hogar y vivir su existencia.

Podrían resaltarse aun otras acciones, pero estas bastan para ver como la fe verdadera genera cultura y liberación humana cuándo es vivida en la unidad y en la caridad, y acudiendo con sencillez en ayuda de los más pobres.

3.  La presencia de un pueblo cristiano, que lleva en su corazón a Jesús Sacramentado y sabe adorarlo, es la garantía verdadera de que los abandonados y excluidos encontrarán un lugar y una mano amiga. Esto significan también los cincuenta años de Caritas, que no habrían sido posibles sólo sobre la base de la buena voluntad de algunos individuos. Del mismo modo hoy día, con su tejido de obras parroquiales, más o menos conocidas, de voluntarios, de iniciativas y de programas, Caritas sigue siendo el símbolo de todo un Pueblo, de la Iglesia, que hace su obra de generación en generación, transmitiendo y comunicando la fe y también la caridad de padres a hijos, de hermanos a hermanos, de amigos a amigos.

Este es también un signo de los tiempos, indicado por el concilio Vaticano II, en cuyo contexto fue erigida nuestra Caritas diocesana: debemos estar presentes en medio de un mundo cada vez más unido y globalizado, en el que se han multiplicado las relaciones entre hombres, pueblos y culturas, y hemos de estar no sólo individualmente sino como “pueblo de Dios”; para que nuestra presencia haga posible el encuentro, el diálogo y la esperanza para todos los hombres, sin aceptar exclusiones, divisiones o marginaciones.

Celebramos la fiesta de Corpus de este año dando gracias de corazón al Señor que adoramos, por tanto amor en tantas personas, porque la gracia y el bien se hicieron presentes en nuestra tierra de muchas maneras, simbolizadas por Caritas; y, sin duda, dándole gracias cada uno también por la mucha misericordia y amor con que sostiene y anima nuestra vida.

Le pedimos además el don de la fidelidad, de la perseverancia en el amor y en las buenas obras, y ante todo de la permanencia en la comunión plena con Él, como miembros vivos de su Pueblo.

Y le pedimos igualmente que mantenga ardiente en toda la realidad de nuestra Caritas aquel amor suyo que se entrega sin límites, cargado de sensibilidad y de inteligencia, para comprender a las personas y las situaciones, para no vivir ignorantes de las necesidades del hermano, ni dejar de procurar responder a las causas de sus sufrimientos.

Como símbolo mismo de nuestra fe y de nuestra pertenencia a la Comunión de los discípulos del Señor, a su Iglesia, recibimos con alegría y acogemos de corazón el mensaje que nos ha hecho llegar nuestro Papa Francisco. Os invito a todos a hacerlo propio, como palabra que nos viene de aquel a quien el Señor Jesús hacerlo encomendado la misión de confirmarnos en la fe y de presidirnos en el amor.

Así celebraremos este Corpus singular de 2014, unidos en la fe en el Señor, siguiendo dócilmente al Sucesor de Pedro, y dejándonos interpelar por los ejemplos y las urgencias de la caridad.

Con mi afecto y bendición

Lugo, 10 de junio de 2014

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
Acerca de Mons. Alfonso Carrasco Rouco 26 Artículos
Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.