Balconear

atilanoRodriguezMartinezMons. Atilano Rodríguez      El Papa Francisco, desde el primer momento de su pontificado, no ha dejado de invitar a la Iglesia a salir al encuentro del hombre para mostrarle el rostro compasivo y misericordioso de Dios. La alegría del Evangelio y el gozo del encuentro con Cristo no están reservados a unos pocos. Son para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos en todos los lugares de la tierra.

Ahora bien, para ofrecer la Buena Noticia de la salvación de Dios a los demás y para ayudarles a entrar en comunión con Cristo, es preciso que los evangelizadores hayan experimentado previamente la alegría, el amor y la paz interior de haberse dejado encontrar por Él en el camino de la vida. Sin esta experiencia interior, los evangelizadores pueden comunicar palabras y conocimientos sobre Dios, pero no podrán ofrecer nunca el gozo de haber experimentado que el Señor es el mayor tesoro que el ser humano puede descubrir en la vida.

Por eso, si contemplamos el Evangelio como una obligación para nosotros y para los demás, en vez de verlo como una alegría y un tesoro, no podremos evangelizar. El Papa Francisco nos dice: “Los cristianos tienen el deber de anunciar el Evangelio sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo, sino por “atracción” (EG 14).

La experiencia gozosa del amor y de la salvación de Dios en lo más profundo del corazón nos permite a los cristianos superar los lamentos y los temores ante las dificultades que podemos encontrar para el anuncio del Evangelio. Es más, la experiencia amorosa de Dios nos ayuda a vivir con la profunda convicción de que los problemas e incomprensiones para la transmisión de la fe a los demás han existido en el pasado y existirán siempre pues, como nos recuerda el Maestro, no puede haber anuncio y testimonio del Evangelio sin cruz y sufrimiento.

Partiendo de estas premisas, el Santo Padre nos invita a los cristianos a “no balconear la vida y a meterse en ella, como Jesús”. En otros momentos dirá que, hoy, “no se puede balconear la fe”, sino que es necesario “callejear la fe”. Con la utilización del neologismo “balconear”, el Santo Padre nos está recordando que, ante la urgencia de la evangelización, no podemos permanecer como meros espectadores, sino que hemos de involucrarnos con decisión en el anuncio del Evangelio, mediante el testimonio de las obras y de las palabras, en las distintas ocupaciones y lugares en los que se desarrolla nuestra vida.

Quien ha descubierto a Jesucristo no puede quedarse tranquilo en el balcón de su casa o al borde del camino, contemplando la realidad de indiferencia, lamentándose por los efectos de la secularización y esperando que sean otros los que evangelicen. La experiencia de la comunión con Dios, que tiene su fundamento en el sacramento del bautismo y que se alimenta cada día en la celebración eucarística, ha de impulsarnos a todos a asumir con gozo el derecho y el deber de evangelizar, puesto que la comunión con Dios y con los hermanos es siempre para la misión.

Con mi sincero afecto, que el Señor nos bendiga.

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.