Orar por los contemplativos

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez       Estamos ante la Jornada “Pro orantibus”, es decir, en la Jornada en que se pide a toda la comunidad cristiana que rece y se preocupe de nuestras hermanas y hermanos que viven su vocación cristiana de un modo singular: la vida contemplativa. Ésta tiene modalidades diferentes: clausura papal y constitucional u otro tipo de vida escondida en Cristo. Es una vocación que necesita una entrega total de la persona, larga vida de oración y contemplación, lectura meditada de la Palabra de Dios, pobreza, vida en común, silencio y sobriedad. Para muchos cristianos, la vida contemplativa tiene que ver con “monjitas encerradas” que hacen de pararrayos de la ira de Dios, que están ahí en tal o cual calle o espacio de nuestras ciudades o pueblos, generalmente bien acogidas o, mejor, bien aceptadas en el aprecio de nuestros cristianos. Muchos las ayudan con sus limosnas o con otras dádivas, lo cual es de agradecer. Son “las que rezan”, ¿por los que no rezan? Tal vez. En cualquier caso, mucha es la gente que les hace llegar intenciones, preocupaciones y dificultades para que las Hermanas recen por ellas.

Yo, evidentemente no estoy de acuerdo con esta visión de la vida contemplativa en la Iglesia que, con algunos trazos, he descrito en el párrafo anterior. Pararrayos de la ira de Dios no es bueno considerar que son los 41 monasterios de clausura de nuestra Diócesis. Dios no es un Dios enfadado que necesite ser calmado. Su Hijo Jesucristo hizo oblación de su vida entregándose por nuestros pecados y, muerto en la Cruz, resucitó para nuestra justificación, y nosotros podemos y aún debemos participar de este “sentimiento de Cristo Jesús”. Por otro lado, ningún cristiano cumple con la llamada que Cristo le hace para vivir su vida cristiana, si él no sigue a Jesucristo libremente y acepta el contenido de la vida cristiana, por mucho que recen por él o ella. Sin duda que es muy bueno orar por los demás, pedir conversión, ofrecer la vida por el Evangelio y el Reino de Dios. Pero eso es otra cosa.

La vida contemplativa es una vocación personal, preciosa, de seguimiento de Jesucristo con una consagración al Señor con el corazón indiviso, que quiere estar escondida con Cristo Jesús, dedicada a la alabanza y la acción de gracias, a la vida litúrgica y, de un modo especial, a la oración de todo tipo, pero especialmente contemplativa de los misterios de Cristo que se realizan en la Iglesia. Nadie como las monjas y los monjes mantienen ese diálogo eterno entre Dios y su Pueblo, entre Cristo y su Esposa, en una vida entregada para siempre, no para un periodo de la vida, en diálogo de vida que llena el corazón. Y esa vida es eclesial, y muy necesaria para la comunidad cristiana. Ahora que el Papa Francisco nos insiste con toda su fuerza a salir, a evangelizar a “ir o salir”, sería un error pensar que estas Hermanas y Hermanos deben apartarse de su vocación o carisma para hacer, por ejemplo, una evangelización por nuestros pueblos y parroquias. Eso sería un dislate. Si todos evangelizamos más con nuestra vida que con nuestras pobres palabras, si todos necesitamos antes y después hablar más con Dios que de Dios, ellos, los contemplativos evangelizan sobre todo orando. Sin duda.

Pero, ¿qué hacemos nosotros por estos contemplativos? Sí hacemos, pero no lo más importante: ver que esa vida contemplativa es también para nuestros chicos y chicas, para nuestros jóvenes o menos jóvenes. ¿Considerad cuántos de nuestras comunidades parroquiales han entrado en un monasterio? La bajada en número de contemplativas españolas, por ejemplo, ha sido espectacular, un número irrisorio. Pero el Evangelio exige profundidad contemplativa, y cada vez son los contemplativos menos. Ciertamente el número no es decisivo. Pero os digo, hermanos, que es urgente orar en favor de los consagrados en la vida contemplativa, como expresión de que reconocemos, estimamos y agradecemos el patrimonio espiritual de los monasterios en nuestra Iglesia. Hemos de acercarnos de verdad a lo que significa la vida específicamente contemplativa, conocerla de cerca como realidad que muestra el amor gratuito y libre a Jesucristo, y siendo tan necesaria como es en la Iglesia y para el mundo. También sé que es necesario iniciativas dirigidas a incentivar la vida de oración y contemplativa, para que la Iglesia sea la Iglesia que ora y responde a su Señor con la totalidad de la vida entregada, que trae la felicidad a los hombres. Os pido que oréis por estas intenciones, por estos hermanos y hermanas contemplativos en el día de la Trinidad Santa.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.