Oramos por la santificación de los sacerdotes

martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell       Queridos hermanos en el Señor:  Os deseo gracia y paz.

La Jornada mundial de oración por la santificación de los sacerdotes, que se celebra en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, nos permite agradecer el don del ministerio sacerdotal y rezar para que los sacerdotes crezcan en santidad.

La santidad describe la naturaleza de Dios mismo, su singular y divino modo de ser y de actuar, su naturaleza más propia. Sólo Dios es el verdadero y auténtico Santo.

El sacerdote es llamado, es sustraído de los lazos mundanos para entregarse a Dios, quedando así disponible para todos. El sacerdote es elegido de entre el pueblo, es constituido para el servicio de Dios como servidor de los hombres.  La Jornada de oración por la santificación de los sacerdotes nos acerca al misterio de una vocación en la que el factor más importante es la iniciativa de Dios que llama con amor a un varón, lo convoca para una vida de amistad y lo envía para una misión de servicio.

Si en una vida sacerdotal se olvida la iniciativa divina y se pierde la centralidad de Dios, se vacía todo el fundamento de la actividad pastoral, y, con el exceso de activismo, se corre el peligro de perder el contenido y el sentido del servicio pastoral. El sacerdote experimenta su propia pequeñez, es consciente de sus limitaciones, percibe con humildad el contraste entre sus proyectos y sus logros, sufre las tentaciones características de nuestra sociedad, padece con la enfermedad y el deterioro físico, le faltan fuerzas en el otoño de la vida, pero, al mismo tiempo, siempre se siente acompañado, enviado, alentado. Su historia personal es una vida de servicio siguiendo al Señor.

La vocación adquiere diversas tonalidades a lo largo de su recorrido vital, pero hay una luz que no se extingue, un fulgor que no se desvanece, una experiencia que permanece incrustada en el hondón de cada sacerdote. Hubo un día en que sintió cómo el Señor le miró con amor, le llamó por su nombre y le envió a una misión. De esta manera se siente fortalecido cada día para anunciar el mensaje de la fe con impulso renovado y nueva alegría.

En el origen de la llamada al ministerio sacerdotal está el encuentro con Jesús y el ser atraído, conquistado, por sus palabras, por sus gestos, por su misma persona. Un encuentro que permite distinguir la voz del Señor en medio de numerosas voces. Un encuentro que propicia responder como san Pedro: “Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6,69).  El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús, según repetía el Santo Cura de Ars. En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús la Iglesia eleva la mirada de la fe al Corazón de Cristo. Lo hace intercediendo por los sacerdotes para que sean testigos auténticos del amor del Señor, discípulos misioneros, mensajeros de la alegría del evangelio, oblación viva.       Decía el Papa Francisco en la Misa crismal de este año: “El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas”.

Para que los sacerdotes no se apoyen en sus propias fuerzas, rezamos por ellos. Oramos por los sacerdotes jóvenes, por quienes llevan unos años de ministerio y por los sacerdotes ancianos, para que todos reciban ayuda de Dios y encuentren en nosotros aprecio, aliento y cercanía.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
Acerca de Mons. Julián Ruiz Martorell 335 Artículos
D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.